30 ago 2015

El drama de los desesperados

Una ola de decenas de miles de migrantes y refugiados —Naciones Unidas estimó que serán 3.000 por día en un flujo sostenido en los próximos meses— muchos huyendo de las guerras en Irak, Siria y Afganistán ha logrado avanzar a lo largo de los Balcanes.





TISZIGET (HUNGRÍA)THE NEW YORK TIMES 30 ago 2015

La masa de personas abruma a las autoridades en una escala tras otra del viaje, desde la pequeña isla de Kos, en Grecia, hasta la empobrecida Macedonia, que declaró el estado de emergencia, la semana pasada, así como en las estaciones de trenes y ómnibus de Serbia, a medida que los migrantes se dirigen al norte a sus destinos en las naciones más ricas de la Unión Europea (UE).

Otra vía de arribo es en una peligrosa travesía por el Mar Mediterráneo, como ya lo hicieron más de 250.000 personas este año, con destino en Italia y Grecia.

Los migrantes que optaron por la ruta de los Balcanes, encuentran uno de sus enlaces en ciudades como Tiszasziget, en la frontera de Hungría y Serbia. Pero, funcionarios húngaros dicen que tienen una respuesta firme y no deseada ante la marea humana: una cerca. Todavía en vías de constrrucción, partes de la cerca son extendidas a lo largo de campos y riberas o siguen el trazado de las viejas vías del ferrocarril. En algunos lugares llegará a una altura de cuatro metros, y tiene por finalidad enviar un mensaje claro a los migrantes de que no deben esperar moverse libremente.

Pero, la cerca también se erige como una muy criticada y física manifestación del dilema de la crisis migratoria y de la falta de cooperación entre las naciones de la UE a medida que luchan para abordarla.

Mientras el flujo caótico a través de los Balcanes demuestra la falta de políticas coordinadas, cada nación a lo largo del camino de los migrantes tiene todos los incentivos para que sigan viaje. Los migrantes son registrados o se les entregan documentos de tránsito temporarios, pero no son admitidos como solicitantes de asilo, en definitiva, pasándole el problema a otro.

Alemania es el país que ha recibido más migrantes que cualquier otro miembro de la UE, pero donde también se está desgastando la alfombra de bienvenida. Después de un fin de semana de manifestaciones en las afueras de Dresden —tanto a favor como en contra de los migrantes— la canciller Angela Merkel y el presidente de Francia, François Hollande, se reunieron el lunes pasado para discutir el tema nuevamente, y exhortaron a que haya una respuesta unificada europea, así como subrayaron la necesidad de actuar con la mayor celeridad posible.

Aún antes de la reunión del lunes, los principales ministros del gobierno de Alemania han expresado de manera infrecuente en público sus quejas respecto de sus colegas europeos, argumentando que todos deben aplicar los acuerdos que garantizan la protección humanitaria y ayudar a países como Grecia e Italia a abordar el flujo.

El ministro del Interior de Alemania, Thomas de Maizière, evitó criticar la cerca que levanta Hungría. Sostuvo que si los páises observaran las normas, quizás Hungría no tendría necesidad de construirla.

Sin embargo, lejos de frenar a los migrantes, la cerca de Hungría puede estar alentándolos. En una docena de entrevistas, varios sirios, afganos y personas procedentes de otros países dijeron que la palabra cerca había acelerado la carrera para acceder al norte de Europa antes de que la totalidad de la frontera húngara con Serbia —son unos 181 kilómetros— quede acordonada.

Analistas con experiencia señalan que la cerca no detendrá a los migrantes, quienes viajan en pequeños grupos de muy pocas personas o hasta por docenas, con frecuencia guiándose con Google Maps y grupos de Facebook en teléfonos inteligentes que son vitales en este movimiento moderno.
Superados.

"Es solo otro obstáculo", dijo el voluntario, Tibor Varga, quien trabaja con migrantes en el norte de Serbia, desde hace cuatro años. "Encontrarán la manera de eludirla o pasando por encima o por debajo de la cerca".

En los últimos dos meses, 43.651 refugiados pasaron por Macedonia, de acuerdo con cifras oficiales del Ministerio de Asuntos Internos. En el fin de semana pasado, más de 7.000 cruzaron Serbia desde Macedonia, informó la agencia de refugiados de Naciones Unidas.

La vasta mayoría entró a Macedonia desde Grecia, después que varios centenares corrieron a través de la frontera, eludiendo una línea de funcionarios policiales y soldados, que usaron granadas que aturden y la fuerza para intentar frenarlos. Después de ese episodio, las autoridades de Macedonia, un país empobrecido, que tiene 2:100.000 habitantes y un Producto Interno Bruto (PIB) de US$ 11.000 millones anuales, pareció abandonar la idea de que podía controlar el flujo.

"Intentamos asegurar un cruce más fácil, primero, para los más vulnerables, pero obviamente no hubo ánimo de cooperación de parte de los migrantes", dijo el ministro del Interior de Macedonia, Mitko Chavkov.

Las autoridades macedonias intentan que pasen por su país con rapidez, y para ello establecieron un centro de recepción y refugio cerca de la ciudad fronteriza de Gevgelija, donde los refugiados y migrantes tienen la posibilidad de obtener documentos que legalizan su tránsito.

Grupos de militantes señalan que después de los choques ocurridos, los migrantes y refugiados ahora pasan indemnes, viajando en número creciente de ómnibus y trenes hacia Serbia. Otros toman taxis o camionetas que transportan pasajeros.

El alcalde de Tiszasziget, Ferenc Ferenczi, llevó a algunos visitantes a un segmento de la cerca que está desplegada donde en otros tiempos los campos minados por los comunistas separaron al bloque soviético de la renegada Yugoslavia, también regida por el comunismo. Dos grandes rollos de alambre de púas eran colocados para que quedaran sostenidos por postes metálicos resistentes, en una estructura construida por soldados y húngaros desempleados que están en un programa de asistencia social que incluye el trabajo.

Ferenczi reconoció que su ciudad vio pasar solo 700 migrantes en seis meses —una fracción en comparación con la multitud que es reunida todos los días en la vecina aldea de Asotthalom, a la que es aún más fácil de acceder desde Serbia y cuyo alcalde fue el primero en difundir la idea de hacer una cerca. De cualquier manera, Ferenczi pareció tener empatía con las preocupaciones sobre los migrantes, particularmente los musulmanes. Hace dos semanas, la vecina Eslovaquia dijo que no ofrecería asilo a musulmanes, pero luego se retractó de esa declaración.

"Si uno mira la situación con más detalle, puede ver un peligro adicional: el potencial de que se infiltren terroristas", dijo Ferenczi, haciéndose eco del tono del gobierno nacional conservador de Hungría y evocando la larga historia del país de combatir la invasión turca, entre los siglos 14 y 17.


Posturas.

Las dudas actuales surgen en contraste con el papel que Hungría jugó hace 26 años, cuando eliminó su Cortina de Hierro con Austria y permitió una emigración masiva hacia el oeste de habitantes de Alemania Oriental, precipitando la caída del Muro de Berlín.

Pero, ahora hasta Alemania señala que no puede abordar el flujo, estimando que espera que este año lleguen hasta 800.000 migrantes y solicitantes de asilo. Ahora reclama un esfuerzo europeo para aplicar las normas. Los dos principales dirigentes social demócratas en el gobierno de coalición alemán, el ministro de Relaciones Exteriores, Frank-Walter Steinmeier y el subsecretario Sigmar Gabriel, dieron el paso inusual de publicar un programa de acción de diez puntos para Europa, con el propósito de evitar una división en materia de política migratoria.

La migración masiva suscita respuestas divididas, que quedan en evidencia en el sur de Hungría y el norte de Serbia.

La Policía de Serbia, a veces, guía a los refugiados en su cruce hacia Hungría, y en ocasiones hace un despliegue para que no puedan pasar.

Las autoridades de Hungría reúnen a los refugiados, los registran y los trasladan en ómnibus hasta la estación de trenes en Szeged, que es la ciudad más grande del sur de Hungría.
Sin freno.

En muchas zonas donde las autoridades han fracasado, actúan los ciudadanos de manera indiviual o en grupos cívicos.

Akos Toth, de 37 años, profesor universitario de literatura, es uno de los voluntarios que ayuda a los migrantes a bañarse, afeitarse, comer, beber y, por sobre todo, cargar los teléfonos celulares que usan como GPS para guiarse y mantener informadas a sus familias de su avance. Toth dijo que pasó varias horas en un centro policial húngaro, cuando la lluvia torrencial dejó a los refugiados casi sin protección, mientras otros buscaban asistencia médica. "Fue la noche más horrible de mi vida", afirmó.

Robert Lesmajster, un veterano con 32 años de trabajo en organizaciones internacionales que ayudan a refugiados, observó a migrantes estoicos y desconfiados llegar a la instalación que él tiene en Kanjiza, poblado situado en el norte de Serbia. En menos de una hora arribaron tres ómnibus con 40 personas cada uno.

"Todos quieren ir a Alemania", dijo Lesmajster. "Es su tierra prometida. Nada se los impedirá". Agregó que "si no pueden pasar a través de Hungría, lo harán por Croacia. La cerca húngara no puede pararlos".

El incesante flujo de migrantes y refugiados por los Balcanes, genera innumerables historias de vida.

Sello salvador.

"¿Se puede viajar sin un papel sellado?", pregunta Ahmed Hamed, de 24 años, refugiado proveniente de Latakia, Siria. Es la misma pregunta que hacen muchos en la ciudad fronteriza serbia de Presevo. La oficina que realiza los trámites de migrantes y es dirigida por el Comisariado para Refugiados y Migración, tiene un cartel que anuncia que es "un centro de una sola parada". Sin embargo, para muchos migrantes no es así, debido a que deben hacer más de un trámite para obtener los papeles de tránsito. Les entregan una solicitud preliminar, escrita a mano que muestra sus nombres, aunque no tiene ningún sello oficial. En los países de los Balcanes, los sellos son la marca de autenticidad. Los migrantes dicen que deben volver y traer la versión con el sello. Pero, las filas son largas y algunos solicitantes dijeron que debieron esperar varios días. Muchos sienten que están en una carrera para llegar a Hungría antes de que se cierre su frontera y no quieren perder tiempo precioso esperando que le sellen los papeles.

Trabajadores de ONG aconsejan a los migrantes que tomen los ómnibus con destino a Belgrado con el papel preliminar. "No los detendrán", les dijo un funcionario de Naciones Unidas. Sin embargo, los migrantes consideran que la sugerencia es solo una apuesta. ¿Deben seguir viaje y correr el riesgo de tener problemas o quedarse y estar en riesgo de no entrar a Hungría? En realidad, no saben qué hacer en su intento por acceder a una vida digna en la UE.
Italia y grecia suman 235.000.

Las cifras estremecen. Más de 300.000 migrantes y refugiados llegaron a la Unión Europea este año. Italia y Grecia sobrellevan la mayor carga. El Ministerio del Interior de Italia prevé la llegada de 20.000 migrantes por el Mediterráneo en septiembre que se sumarán a los 111.000 que ya desembarcaron desde comienzos del año. En Grecia, este año, ya desembarcaron más de 124.000.
Temor e incertidumbre a cada paso.

Walid Saloumy, de 25 años, oriundo de Siria, quien huyó como consecuencia de la guerra que desgarra a su país, está preocupado en la frontera con Macedonia, a raíz de las noticias que llegan desde Hungría, vía YouTube y por comentarios de que los migrantes encuentran dificultades allí para seguir viaje. "A un amigo mío, antes de que pasaran cuatro días, lo detuvieron y le tomaron las huellas digitales", dijo Saloumy, quien habla bien en inglés, debido a que fue recepcionista en un hotel de cuatro estrellas en Damasco, la capital de Siria. "Si toman nuestras huellas, no podremos llegar a Alemania o Suecia". Los migrantes deben presentar su solicitud de asilo en el primer país al que ingresen, según las regulaciones de la Unión Europea. Temen que si les toman las huellas en Hungría, deberán quedarse allí. "Tengo un tío en Suecia", dijo Saloumy, para explicar porqué eligió ese país como destino. Podría optar por buscar a un traficante de personas para seguir viaje, pero sabe, al igual que otros, que eso es riesgoso porque los traficantes pueden robarlos. Saloumy y otros piden consejos a los periodistas de medios internacionales.