1 ene 2016

POR LA VUELTA. ¿Qué termina? ¿Qué comienza?

Argentina

Artepolítica

Hay muchas formas de verlo. Cada uno tendrá la suya. Quien produzca la mejor forma de ver e interpretar qué es lo que termina y qué es lo que comienza el 10 de diciembre -y también por qué llegamos a este punto- podrá navegar mejor los próximos años. Si el navegante es un dirigente político, quizás logre ser más importante dentro de dos y cuatro y seis y ocho años en términos de votos, que es lo único que al final termina ordenando la política -mucho más aún en el peronismo-.

Entonces, la pregunta: ¿Qué termina el jueves 10 de diciembre de 2015?


Termina el 2001 político. Sobre todo el derrumbe parcial del sistema de partidos que se empieza a cristalizar en las elecciones legislativas de aquel año, donde la sociedad comienza a barrer con el no peronismo mucho más que al peronismo. Se consolida a partir de aquel momento un sistema político desequilibrado, donde el peronismo conserva centralidad y el no peronismo se divide, se atomiza, cambia de siglas y de liderazgos. Estamos ahora ante una situación de mayores (aunque inestables) equilibrios. Hay un importante liderazgo nacional no peronista en cabeza del presidente electo, Mauricio Macri.


Termina con los gobiernos kirchneristas el único período de los últimos 40 años, desde la dictadura militar hasta aquí, en que el endeudamiento público y privado no ha sido en cuanto al funcionamiento y las expectativas de los actores económicos “the only game in town”. Hay otros juegos más vinculados a la economía “real” y menos peligrosos para la estabilidad de la economía. No ha habido entonces conjunciones de crisis bancaria, cambiaria, monetaria, política y social.


Termina un gobierno que no implementó -quizás con la excepción de la ley de Riesgos de Trabajo- normativas laborales regresivas para la situación de los trabajadores.


Termina un período de engorde de partidos y de sindicatos y enflaquecimiento de los “movimientos sociales”.


Termina una etapa que, como ocurre con los gobiernos que se comportan como peronistas, finaliza con restricción externa y merma de reservas pero que no te deja la cuenta por pagar. Las cosas están ahí, como cuando se rinde un ticket de viáticos: en satélites, universidades, escuelas, agua y cloacas, centrales nucleares, hospitales, trenes, primeras generaciones de universitarios y gente que ha dejado de ser pobre. También en fábricas y maquinaria y equipo y electrodomésticos y autos. La tarjeta de crédito del Estado y de los privados, mientras tanto, sigue “en cero”.

Con el de Cristina en particular termina un gobierno que piensa el rol del Presidente como alguien que puede decir y hacer muchas cosas pero que, como le susurró la mandataria a un periodista el día que iba anunciar que enviaba la Resolución 125 al Congreso en forma de proyecto de ley, en 2008, hay un solo concepto que es aquí tabú para un jefe de Estado democrático (y popular): “No voy a decir que la casa está en orden y Felices Pascuas”. Detrás de esa idea, de ese concepto, hay otra línea de razonamiento que viene de Juan Perón cuando el general paraguayo solía indicar que para él hubiera sido muy fácil ser alguien aplaudido y aplaudible desde los círculos de poder económico de la Argentina y desde el Noroeste del mundo. Pero que su intención, minimalista y muy poco revolucionaria, era “no dejarse robar”.

Termina un período de mayor centralidad del Estado. Si hasta la mayoría accionaria de la que era la mayor empresa privada del país hoy está en manos del Estado.

Finaliza, con ese “fin del 2001”, un período en el que los gobiernos nacionales le temen a la represión de la protesta social y sus consecuencias políticas.

Termina una etapa en la que “reparación” mata “modernización”. En la que “derechos” mata “procedimientos”. En la que “la verdad” son muchas verdades, que pueden venir de adentro para afuera y no siempre al revés.
De más está aclarar que cuando ocurren cosas como estas que enumero se producen desequilibrios y conflictos que hacen síntoma en cuestiones como la inflación, algún impuesto bien cobrado y otro mal cobrado, alguna regulación que parece justa y otra no, sobre todo para el sector que es objeto de ella.
Así, el gobierno que lleva adelante un “programa” como este se debe ir acostumbrando al roce, al choque, a los golpes y las heridas. Un gobierno con una impronta de ese tipo se parece, entonces, tras doce años, más a un pilar de Rugby, retacón, con la nariz rota y las orejas sin forma, a lo que habría que agregar -a diferencia de los admirados Pumas- sin sponsors, que se come las eses, con una novia pobre y medio fulera, con un creciente olora pata y a chivo y morocho. Nuestro protagonista, sudado y sangrante, aparece entonces muy diferente a un esbelto, carilindo y perfumado tenista, como puede ser el designado embajador en los Estados Unidos.

Sigo con la pobre metáfora para afirmar que el rugbier retacón y negrito, cuando va sumando golpes, roturas de tabique, y se le planchan los cartílagos de la oreja puede ser -y es- que se vuelve menos atractivo para un sector de los votantes. Y para un sector de los aliados. Y puede entrar en una dinámica de quedarse lamiendo sus heridas (y hasta enamorándose de ellas) más que en otra que vuelva a ir en búsqueda de aquellos esquivos votantes. A veces es simplemente que no sale otra cosa cuando se está empujando y empujando y empujando en el scrum. Y empujar cansa. Al que empuja, al que es empujado y a varios que se sienten empujados.

La responsabilidad del tanteador, sin embargo, no es de otro que del que juega. De los que jugamos. Decisiones son decisiones…

¿Y qué es lo que comienza? Del discurso de Macri, de su historia, de sus designaciones, de sus aliados, podemos pensar que:


Algo que parece claro es que resurge en la Historia argentina una nueva promesa de modernización (Civilización o Barbarie no existe, pero que la hay la hay), lo que implica adaptar las acciones del gobierno a aquello que proviene de los países desarrollados, a “estar al día” con “lo nuevo” y no a una forma de ser propia.


Más allá de eso, no sabemos tanto: ¿viene un aumento del desempleo con merma en las afiliaciones de los sindicatos, más pelea en la calle y vuelta al reclamo por parte de movimientos “sociales”? ¿cambia la legislación laboral? ¿el endeudamiento vuelve a ser parte del circuito que termina en la fuga? ¿se viene otro reviente de la tarjeta de crédito pública y privada que más temprano que tarde pagaremos todos? ¿se terminan algunos desequilibrios económicos como la alta inflación a cambio de otros como el alto desempleo o el alto endeudamiento -pienso, ya queno ha habido hasta acá otro esquema conocido en los últimos 30, 40 años-?


¿Será más pragmático que eso el gobierno? ¿O, falto de todo tipo de imaginación política, nos dejará abandonados a un estéril debate sobre un supuesto cambio de formas para dedicarse a pleno a una modificación del fondo?


¿Tendrá tantos dilemas el gobierno, o se dedicará al no tan complicado juego de sentarse sobre algún 40 por ciento de los votantes y a tratar de dividir al resto y desde allí desplegar su agenda?


¿Quién es el presidente Macri? ¿Un cruzado o un pragmático? ¿Un dirigente con imaginación política -para ser pragmático hay que imaginar escenarios que se quieran poner en práctica- o alguien que se deja escribir y reescibir según manuales -abundantes- que ya existen?

Ya termina. Ya comienza. Una vez más.