29 oct 2017

RAPIDO Y DE CUALQUIER MANERA

Unión Europea y Mercosur apuran las negociaciones para cerrar el acuerdo de libre comercio antes de fin de año. Una región en oferta

Por Raúl Dellatorre
29 de octubre de 2017



Macri y Temer, presidentes de Argentina y Brasil. La urgencia de mostrar su “voluntad de entrar al mundo”. Imagen: Joaquín Salguero
El apuro de los gobiernos de Macri y Temer por firmar el acuerdo los llevó a resignar en la mesa de negociación cláusulas que significarán un elevado costo para la producción y el trabajo nacional. Los términos que se acordaron en conversaciones secretas.
Varias señales, en los últimos días, reflejan que los gobiernos de la Unión Europea y el Mercosur están acelerando las negociaciones secretas para arribar a un acuerdo de libre comercio antes de fin de año. Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, y Aloysio Nunes, canciller de Brasil, con diferencia de un par de días, manifestaron coincidentemente la intención de firmar el acuerdo antes del cierre de 2017. La próxima ronda de negociaciones confidenciales, que podría ser la definitiva, tendrá lugar entre el 6 y 10 de noviembre. 

Otra vez, serán los representantes oficiales los que resuelvan, a puertas cerradas, un acuerdo que condicionará el futuro de muchos sectores que no sólo no tienen participación en las discusiones, sino que se enterarán de los compromisos consensuados entre los gobiernos cuando éstos ya hayan sido firmados. Pese a la falta de información oficial, algunos estudios y papeles de trabajo a los que pudo acceder PáginaI12 indican que en ninguno de los temas en los que se habían expresado “diferencias entre las partes” hasta la ronda anterior, será resuelto a favor de la postura del Mercosur.

“El acuerdo final apunta a ser peor para Mercosur que la propuesta original hecha unilateralmente por Europa al inicio de las negociaciones”, describió, con amargura, un experto que tuvo participación en las negociaciones. No es extraño si se tienen en cuenta las condiciones políticas: gobiernos europeos “corridos por derecha” (Alemania, Francia, Italia) que debieron acentuar su “nacionalismo” para no perder terreno, y gobiernos sudamericanos apurados por llegar a un acuerdo “como sea” (Temer, Macri), cediendo en la negociación a costa de los intereses de los sectores manufactureros más atomizados.


Diferencias previas

La Unión Europea y el Mercosur llegan a la actual ronda de negociaciones (6 al 10 de noviembre) con diferencias entre las partes pendientes de resolución. Mercosur reclamó mayores cuotas de exportación a Europa para sus carnes y biocombustibles. En ambos casos, la respuesta sería negativa. Pero en el caso de la carne, pese a las quejas públicas del presidente de la Sociedad Rural, Luis Miguel Etchevehere, la negativa tuvo una vuelta de tuerca adicional. Esta última semana, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, coincidió con el primer ministro de Irlanda, Leo Varadkar, en su respaldo a un acuerdo de la UE con el Mercosur, pero exigiendo al mismo tiempo “mayores controles sanitarios a las importaciones de carne”. Cabe recordar que, a lo largo del período de negociaciones, Irlanda y Francia han sido los países que mayor recelo expresaron en la defensa de su sector agrícola.

Pero el tema más irritante quizás sea el de las “normas de origen” que son exigibles en las operaciones entre zonas favorecidas por acuerdos de preferencia. En particular, con respecto a las importaciones sudamericanas de productos europeos. ¿En qué consisten estas exigencias? Como muchas de las empresas exportadoras de Europa son multinacionales que producen, por ejemplo, en naciones del sudeste asiático a un costo laboral ínfimo, no resulta lógico que esos productos ingresen al Mercosur bajo regímenes de preferencia arancelaria. Al menos, debía exigirse que una porción alta del valor agregado (procesos manufactureros, sueldos, etc) fuera europeo, y que el exportador lo demostrase. Pero la UE habría logrado que el Mercosur acepte relajar esas exigencias, lo cual le abriría las puertas al ingreso masivo de productos manufacturados de origen asiático con marca europea. Para la industria local del calzado y de indumentaria en general, podría ser un golpe desvastador.

También estaría avanzado el acuerdo en torno al “comercio electrónico”, un capítulo de reciente inclusión en el acuerdo y que, a nivel local, viene generando creciente preocupación para la industria argentina por la incidencia que poco a poco va adquiriendo en el mercado. Los “avances” en este plano, al igual que los otros ya mencionados, se caracterizan por acentuar las “asimetrías” entre las partes, en vez de proteger al más débil por vía de compensaciones. Dicho de otro modo: el Mercosur le abre su mercado a productos manufacturados europeos que pueden aplastar a la industria local, mientras que las chances de expandir “negocios para la producción local con una mayor participación en mercados europeos, quedan circunscriptas a muy escasos rubros.


Negociadores condicionados

El acuerdo Unión Europea-Mercosur tiene su origen en la firma del Marco de Cooperación entre ambas partes en 1995, que dio lugar al posterior Foro Biorregional de Negociaciones. El proceso pasó por varias etapas, en algunas de las cuales quedó absolutamente frenado. Hubo avances parciales, incluso en temas sensibles, que a veces encontraron a Argentina y Brasil en posiciones enfrentadas. Pero la velocidad o lentitud de los acuerdos tuvo una vinculación muy estrecha, también, con los cambios en las condiciones políticas y económicas en cada región. El canciller brasileño, recientemente, manifestó que los denominados “gobiernos progresistas” en Sudamérica habían “demorado” los acuerdos y que la reciente salida de Venezuela del Mercosur había tenido un “efecto dinamizador” que posibilitó llegar a este fin de 2017 con la expectativa de suscribir el acuerdo en diciembre. Es una verdad a medias, que oculta los aspectos más determinantes.

Si Europa tenía dudas sobre la conveniencia del acuerdo con el Mercosur, la llegada de Donald Trump al universo de mandatarios de países dominantes apuró el paso. El Viejo Continente vio la necesidad de no descuidar América del Sur y le dio dinámica a las negociaciones. Con Alemania dando el mayor impulso, España, Italia y Francia no dudaron en sumar el suyo. Pero las condiciones políticas internas, sobre todo en los casos de Francia, Italia y Alemania, hicieron que se le prestara especial atención a los cuestionamientos de las emergentes “derechas nacionalistas” en cada país, criticando acuerdos –al modo de Trump– que pudieran “afectar a los trabajadores nacionales”. La consecuencia fue un endurecimiento de las posiciones de estos gobiernos centrales en la mesa de negociación con el Mercosur.

Ello podría haber actuado como un freno o demora, si no fuera porque los gobiernos de este lado del Atlántico, con Mauricio Macri y Michel Temer en los asientos principales, demostraron su especial interés para llegar a un rápido acuerdo que evidenciara su “voluntad de estar en el mundo”. Para ello, no dudaron en resignar posiciones en la mesa de negociación para facilitar el acuerdo. En ese punto estamos.