29 abr 2019

VIENTOS DE CAMBIO

ESPAÑA
Qué significa el triunfo de Pedro Sánchez

Por Sergio Pascual, Héctor Barbotta y Alfredo Serrano Mancilla
29 de abril de 2019






No pasaron



La España de Lorca y Machado respira aliviada. Las urnas sepultaron ayer la posibilidad de un gobierno reaccionario condicionado por una extrema derecha en ascenso que en diciembre del año pasado ya propició el cambio político en Andalucía, la región más poblada del país, y que ahora amenazaba con hacerlo en el conjunto de España.

Las urnas sepultaron el bipartidismo y la posibilidad de un gobierno reaccionario. Se abre un período de negociaciones.

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Para ello fue necesaria una movilización electoral con escasos precedentes –más de un 75 por ciento de participación– y la concentración mayoritaria del voto progresista en los candidatos del PSOE. Las elecciones de ayer volvieron a confirmar la tesis que sostiene que una alta participación en España beneficia invariablemente a la izquierda.

El sistema parlamentario español y su ley electoral castigan la dispersión del voto. La derecha, dividida en tres opciones –los conservadores del Partido Popular, los liberales de Ciudadanos y los ultras de Vox– sumaron el 42,81 por ciento de los sufragios y solamente 147 escaños; a su izquierda, el PSOE y Podemos, con el 43 por ciento, consiguieron 165, a sólo 11 de los 176 que dan la mayoría absoluta que permite investir al presidente en primera votación y gobernar sin sobresaltos. Los nacionalistas y los partidos regionales tienen, como casi siempre, la llave, pero cualquier posibilidad que no pase por la reelección del socialista Pedro Sánchez para los próximos cuatro años está descartada.

El secretario general del PSOE ha sido el gran vencedor de la noche. Tras acceder al Gobierno el 1 de junio del año pasado con una moción de censura a Mariano Rajoy que salió adelante después de que la corrupción estructural del PP quedara reflejada en una sentencia judicial, supo capitalizar en las urnas el fuerte perfil social imprimido a su gestión durante estos diez meses con medidas como la subida del salario mínimo a 900 euros, la ampliación de los permisos de paternidad o la bajada del IVA que se aplica al pan, aprobada en el último Consejo de Ministros apenas 48 horas antes de las elecciones.

La movilización electoral que ha dado la victoria al PSOE, la mayor desde 2004, no se explica sin embargo tanto en el perfil social del gobierno de Sánchez como en el temor que despertó en la España progresista la irrupción de la extrema derecha de Vox y la mimetización que de su discurso hizo Pablo Casado, el joven cachorro conservador que se hizo con los mandos del Partido Popular desde la salida de Mariano Rajoy.

Encaramada sobre el conflicto territorial en Cataluña, que azuza el sentimiento nacionalista y exacerba los ánimos de la España más conservadora, los ultras de Vox consiguieron ganar su espacio con un discurso extremista sin complejos que además de proponer una respuesta autoritaria al desafío catalán pone sobre la mesa otras cuestiones como su enfrentamiento al movimiento feminista o la defensa de tradiciones cuestionadas como la caza o las corridas de toros.

El Partido Popular, lejos de marcar distancias con la extrema derecha en la línea de los partidos conservadores europeos, se sumó a este discurso, una estrategia que resultó ser catastrófica para sus intereses. Perdió más de la mitad de los escaños y cosechó el peor resultado de su historia.

Los ultras de Vox, aunque entran con fuerza en el Congreso al sumar 24 diputados, quedan muy lejos de las expectativas que el resultado en Andalucía les había despertado.

Entre las fuerzas de la derecha el más beneficiado es Ciudadanos, una formación que se reivindica liberal aunque también propicia una solución drástica frente al secesionismo catalán, que pasa de 32 a 57 escaños.

Podemos, por su parte, paga cara la crisis interna que se saldó con la salida de sus estrategas más brillantes, hastiados del personalismo de Pablo Iglesias, pero puede jugar un papel relevante pese a pasar de 71 a 42 diputados. Todo dependerá de si Sánchez mira a su izquierda para conseguir los apoyos que le faltan o lo hace a su derecha, como ya lo intentó hace cuatro años, cuando firmó un pacto que no prosperó con el líder de Ciudadanos, Albert Rivera. La suma de PSOE y Ciudadanos sería suficiente para no necesitar ningún otro apoyo. Anoche, sin embargo, los simpatizantes socialistas coreaban dos consignas frente a la sede madrileña del PSOE: “¡No pasarán!” y “¡Con Rivera no!”

Los partidos nacionalistas, tanto vascos como catalanes, también se beneficiaron del temor a la extrema derecha. Algunos resultados fueron espectaculares. Esquerra Republicana de Cataluña (separatistas de izquierda), con su principal líder, Oriol Junquera, encarcelado desde hace un año y enjuiciado en la causa por el proceso independentista, fue la fuerza más votada y estará en el Congreso con 15 diputados. Su respaldo puede ser fundamental si Sánchez decide pactar a izquierda. En esta comunidad, la representación del Partido Popular cayó de seis diputados a uno. Sólo irá al Congreso la marquesa Cayetana Álvarez de Toledo, nacida en Madrid pero educada en Argentina y emparentada con la familia Peralta Ramos.

También en el País Vasco hubo un fuerte ascenso de las fuerzas nacionalistas, tanto conservadoras como de izquierdas. Allí el Partido Popular perdió los dos escaños que tenía.

* Máster en comunicación política.
Más de izquierda que de derecha

Por Alfredo Serrano Mancilla y Sergio Pascual *

Se acabó la demoscopia. Tiempo de analizar los votos. La lectura del resultado electoral en España tiene muchas aristas:

1. Estaba dicho, pero ahora es definitivo, se acabó el bipartidismo. Pasamos de 2 a 5 partidos con dimensión estatal. Los dos grandes partidos, PSOE y PP, suman ahora el 46% de los votos (53,7% del congreso) mientras que en 2008 tenían el 85,25% (92,3%).

2. Muere el bipartidismo pero no acaba el clivaje ideológico derecha/izquierda. Sin contar los partidos regionales y nacionalistas, la suma de las tres derechas, PP, Ciudadanos y Vox, (42,8%) no supera a lo que suma el progresismo, PSOE y Unidas Podemos (42,99), ni en votos ni diputados.

3. El PSOE vuelve a ser la primera fuerza política e insufla aire a una socialdemocracia muy golpeada en Europa. Casi duplica al segundo partido en escaños. Crece mucho en votos (6%) y diputados. Sacó rédito a la moción de censura y a los meses de gobierno; sacó su lado más progresista y eso siempre es valorado por su potencial electorado. Lo normal es que Sánchez sea el próximo Presidente.

4. Batacazo del PP que compromete su futuro como partido alfa de la derecha. A poco más de 200.000 votos de Ciudadanos, su propia continuidad está comprometida. Obtiene la mitad del porcentaje de votos del 2016: pasan de tener 33% en la anterior cita electoral (año 2016) al actual 16,6%. Se equivocaron en pretender arrebatarle a la ultraderecha su discurso. Y en elecciones es mejor no olvidar que “siempre se elige el original y no la copia”.

5. El discurso duro programático de derechas “sin complejos” lo representó Vox y le arrebató dos millones y medio de votos (10%) al PP. Irrumpe en el parlamento con 24 escaños. Y son lo que son: los restos del franquismo sociológico que todavía perduran en la sociedad española. Pero tampoco debemos sobrevalorarlo porque representa a 1 de cada 10 españoles.

6. Ciudadanos sale bien parado de esta cita electoral, como tercera fuerza en votos (15,85%) y escaños, muy cerca del segundo (PP). Se sitúan con éxito como una derecha-liberal más moderna y claramente muy españolista. Con su crecimiento, cada día está más próximo a disputar la hegemonía de la derecha.

7. Podemos aguanta. Se deja algo más de 320.000 votos y algunos escaños de lo que logró en 2016. Sufre una fuerte penalización de la ley electoral en la España vaciada. En el juego de las expectativas sale mejor parado de lo que le pronosticaban y esta vez puede ser que con “menos sea más”, porque es la fuerza clave para conformar gobierno.

8. La plurinacionalidad es una realidad que no se puede obviar. Las fuerzas nacionalistas, catalanas y vascas, salen muy reforzadas electoralmente.

Todo parece indicar que se asoma algo de estabilidad a la política española. Será difícil, incluso para el poderoso establishment político-mediático español evitar un gobierno a la portuguesa, con un PSOE que tendrá que contar con Unidas Podemos y alianzas puntuales con fuerzas autonomistas. Se abre un ciclo largo de negociación en el que el PSOE cuenta con la mejor mano de cartas, pero en política, como en el póker, eso no siempre es suficiente.

* Celag.