20 may 2013

VIDELA, EL CONDOR Y LA PUNTA DEL ICEBERG

Como era de esperar, no pocas voces se han alzado con beneplacito
por la muerte de otro genocida y torturador, cuya memoria eriza la piel
y la dignidad de miles de torturados, desaparecidos, emigrados o simples
ciudadanos que se han sorprendido con estas practicas aberrantes.
Sin embargo, con el transcurso del tiempo y a partir de las nuevas
historias que han ido apareciendo en base a testimonios y archivos
desclasificados, se puede apreciar en todo su aspecto las verdaderas
intenciones que llevaron a las fuerzas armadas a perpetrar el quiebre
institucional por las que se consideraron amos y señores de la vida
y gestores economicos e ideologicos de la sociedad.
Es evidente sin embargo, que un proyecto de tal envergadura debia
contar con multiples apoyos, tanto internos como externos, sin lo cual,
por mas loables que fueran sus fines, hubiera fracasado irremediablemente.
Y es aqui precisamente donde menos se ha avanzado en el esclarecimiento
de las responsabilidades que han tenido los diferentes actores economicos,
sociales, politicos , juridicos, eclesiasticos y diplomaticos en la gestacion y
fortalecimiento de un gobierno de facto amparado por la prensa "libre" y
llamado a ser el estandarte de la creacion de una sociedad occidental y
cristiana basada en las modernas teorias neoliberales de los chicago boys.
Si se repasa la historia de los ultimos cien años de America Latina, la
repeticion de hechos de esta caracteristica es el comun denominador,
sin que por ello haya mejorado en algo la vida de sus habitantes.
Los multiples movimientos sociales que han surgido a partir de esta
realidad incontrastable, ya sean pacificos o armados, han tenido siempre
la misma respuesta de parte de los que ostentaban el poder de turno
en beneficio de un sector economico y financiero que no reconoce
ideologias al momento de defender sus intereses, para lo cual, la tortura
el asesinato de opositores y la corrupcion desmedida, nunca fueron un
motivo de alarma de aquellos actores que con la complicidad del silencio
han mirado para otro lado mientras se pisoteaban derechos y garantias.
Ese orden juridico creado -al que se aferraron asesinos y torturadores
clamando leyes finales, obediencias debidas e interpretaciones falaces-
por aquellos que al amparo de los poderosos y las corporaciones, han
"legislado" y estatizado deudas privadas fraudulentas y empobrecedoras
hipotecando el futuro de varias generaciones, son precisamente los que
no aparecen en las cronicas y que sin dudas han sido el sosten intelectual
y material de regimenes aberrantes, con la complicidad y ayuda de las agencias
norteamericanas, expertas en desestabilizar democracias mas o menos
contrarias a sus intereses o cuya ideologia no compartieran.
Son en definitiva los grandes responsables del vaciamiento institucional
cuyas consecuencias mas visibles son la marginalidad y pobreza que rodea
las grandes ciudades y de cuya "inseguridad" y falta de valores se horrorizan
pidiendo penas mas altas y presos mas jovenes...
Con el advenimiento del Plan Condor, y el arribo del neoliberalismo depredador
a favor de las potencias industriales, estos procesos se agudizaron, al tiempo
que las pocas industrias desaparecian y el desempleo record impulsaba la
precarizacion laboral al amparo de los sindicatos, el silencio impune rodeo
a eclesiasticos, fiscales y jueces en su mayoria y la gran prensa libre se
nutria de apologistas liberales que saturaban los medios de comunicacion
con las bondades de la competencia y la libre empresa y el achicamiento
del Estado en perjuicio de las politicas sociales consideradas causantes de
los deficits.
Estas recetas, aplicadas a sangre y fuego, no se podrian haber llevado a cabo
sin el uso de la fuerza militar, para lo cual la Academia de las Americas habia
preparado cuadros para toda latinoamerica, entre cuyos exponentes mas visibles
han sido Videla, Pinochet,Stroessner y el Goyo y cuyo sosten economico eran
el fondo monetario y el banco mundial.
Lo que vino despues es harto despreciable y conocido.
Los desaparecidos, torturados, exiliados, los nietos sin identidad y los pobres
de pobreza, nos recuerdan que la mayoria de los culpables aun siguen impunes
y el hecho de haber muerto el simbolo, no nos debe quitar la vision de los que
con tanta o mayor responsabilidad hoy nos dan clases de democracia o de
interpretacion de leyes sentados en sus bancas o desde los monopolios mediaticos.



24 abr 2013

Para cortarle alas al golpismo hay que salir del extractivismo

Para cortarle alas al golpismo hay que salir del extractivismo






RAUL ZIBECHI 19/4/13 La Jornada México



Esta semana quedó en evidencia la estrategia de la tensión y el caos que promueven las agencias estadunidenses para desestabilizar gobiernos



. Si tomamos en cuenta las experiencias más recientes, incluyendo la primavera árabe, podemos concluir que los golpes de Estado son apenas uno de varios caminos posibles para desalojar gobiernos molestos.



Ni el Pentágono ni la Casa Blanca apuestan por una sola estrategia para conseguir sus fines, sino que ponen en marcha un abanico de acciones convergentes y complementarias.



La crisis económica global y la necesaria contención de los gastos militares (al parecer el Comando Sur vio su presupuesto reducido en 26 por ciento, pero puede haber partidas ocultas) otorgan prioridad al poder suave, o sea mecanismos no tan ostensibles como los tanques y los bombardeos de palacios de gobierno.



Los medios de comunicación, la acción legal y la semi ilegal, incluyendo las masas en las calles, que siempre sirven para legitimar proyectos innombrables, son algunas de las herramientas en uso.



En el caso de Venezuela y la escalada de sestabilizadora que se escenificó horas después de la publicación de los resultados electorales, emergen un conjunto de mensajes que el tiempo permitirá develar completamente, pero que muestran la aparición de nuevas y más refinadas estrategias.



Para mostrar no sólo los aspectos negativos de la coyuntura, habría que mencionar que la casi unanimidad de los miembros de la UNASUR mostraron su apoyo a Nicolás Maduro, incluyendo un rápido reconocimiento por parte del presidente de Colombia, Juan Manuel Santos.



Sólo el Paraguay de Federico Franco, a quien le queda poco tiempo en el cargo, se alineó con Estados Unidos en la región sudamericana.



Esto es relevante porque muestra el aislamiento de Washington y la creciente autonomización de gobiernos como el de Colombia.

Parece evidente que la estrategia desestabilizadora no conviene a nadie en esta parte del mundo, muy en particular a un gobierno que busca la paz con la guerrilla con la oposición del mejor aliado del guerrerista George W. Bush, el ex presidente Álvaro Uribe.



La consolidación de las instituciones y alianzas regionales, tanto la UNASUR como el Mercosur, está mostrando ser una eficaz barrera contra la injerencia del norte en la región sudamericana.



Sin embargo, así como constatamos que algunos gobiernos no siguen mecánicamente la política de Estados Unidos (Ollanta Humala y Sebastián Piñera tampoco se sumaron a Washington), es muy probable que estemos ante una relativa autonomización de las derechas de esos mismos centros de poder.



Quiero decir que las derechas hacen sus propias lecturas de la realidad global y hacen también su propio juego. Sobre todo cuando las tendencias hacia un mundo multipolar se intensifican. Cinco de las 10 principales economías del mundo ya no utilizan el dólar en sus intercambios con China (Russia Today, 14 de abril de 2013).



Entre ellas, Rusia, India y Brasil, pero también Japón, importante aliado de Estados Unidos. Australia, otra aliada de Washington, es el último país en dejar de lado el dólar en su comercio con China. India y Japón también comenzaron a efectuar transacciones en sus respectivas monedas nacionales.



La nueva realidad global golpea de tal modo al centro imperial que hasta sus gastos militares cayeron, por primera vez en 20 años.

Estados Unidos tiene una participación menor a 40 por ciento de los gastos militares glo bales, que sólo en 2012 cayeron 6 por ciento, en tanto el gasto militar de los miembros de la OTAN en Europa se contrajo 10 por ciento (SIPRI, 15 de abril de 2013).

En contraste, los gastos militares de los emergentes crecen de modo continuo, aunque están muy lejos del presupuesto de defensa del Pentágono.



Sin embargo, operan otras fuerzas menos visibles pero tanto o más desesta bilizadoras que las que conocemos de larga data. Me refiero al modelo extractivo o extractivismo.

Con el modelo extractivo de megaminería y agronegocios no se puede profundizar la democracia, asegura Diego Montón, miembro de la Unión de Trabajadores Rurales Sin Tierra de Mendoza (Argentina) y nuevo coordinador continental de la CLOC-Vía Campesina (Página 12, 17 de abril de 2013).



El extractivismo es mucho más que un modelo productivo y de acumulación de capital. En rigor, forma parte del complejo especulativo-financiero que hoy domina el mundo. En nuestros países tiene efectos depredadores: está creando un nuevo bloque de poder, corruptor políticamente, polarizador y excluyente socialmente y depredador del medio ambiente.



En lo político, el modelo extractivo necesita un conjunto de gestores que alimenta con sus inmensas ganancias (soya, minería a cielo abierto y varios monocultivos), que velan por sus intereses (universidades, gobiernos nacionales o locales, medios e intelectuales).



Exagerando apenas, el extractivismo juega un papel desintegrador similar al del narcotráfico, porque destruye el tejido social, expulsa a los campesinos de sus tierras, infla ciudades hasta límites insoportables y mata a la gente, en p articular a los más pobres, que no tienen acceso a un sistema sanitario de calidad.



En todos los países de nuestra región, paraísos extractivos del capital especulativo global o de los intereses expansionistas de países emergentes como China, una larga década de extractivismo no ha hecho sino fortalecer a las derechas.



No me refiero sólo a los partidos o políticos conservadores, sino a una derecha difusa, social y cultural, que promueve el individualismo, un consumismo atroz y depredador de los vínculos sociales, comportamientos casi fascistas hacia los pobres, o sea contra los jóvenes de las barriadas populares, en particular las gentes del color de la tierra.



Denunciar el golpismo es imprescindible. Defenderse del Pentágono es urgente. Incrementar la militancia es clave (no sólo las declaraciones y los desplegados).



Pero el modelo extractivo sigue criando y creando camadas de jóvenes conservadores que buscan líderes ultraderechistas.



19/4/2013



9 abr 2013

Noticia de Rebelion SOJIZACION DE URUGUAY

La sojización de Uruguay


La tierrita de los orientales





Angela Garofali Patrón

Rebelión









Durante los últimos diez años el precio internacional de la soja viene siendo favorable para aquellos países productores del grano, debido principalmente a la demanda de China por materias primas. Existieron también otros factores como la preparación de raciones para ganadería intensiva (en el caso europeo, debido al virus de la vaca loca se sustituyó la proteína animal por la vegetal, proveniente de la soja) y la producción de agro-combustibles.



El precio de la oleaginosa ha crecido 2,5 veces en 10 años. En marzo de 2003 era de 210 U$S/ton (en promedio) y en febrero de 2013 se ubicó en 536 U$S/ton (en promedio). Esta realidad no escapa al Uruguay, donde los productores apuestan cada vez más a la soja y, consecuentemente, le asignan más hectáreas a su cultivo, el cual pasó de ocupar 10.000 ha en la zafra 2002/03 a 865.000 ha en la zafra 2010/11.



Las exportaciones uruguayas de soja en el 2001 eran insignificantes: representaban apenas un 0,1% del total. Posteriormente se van tornando más importantes: en 2005 significan el 3% del total de las exportaciones, en 2008 el 5,5% y en 2010 el 10,5%. Ya para 2012 las exportaciones de soja representaron el 16% del total, alcanzando en ese año a las tradicionales exportaciones de carne bovina (y aquí se considera la suma de carne bovina congelada y carne bovina fresca o refrigerada), que también representó un 16%.



Podemos alegar entonces que la soja se afirma como principal producto de exportación, desplazando a la carne bovina a un segundo lugar. En 2005 la suma de las exportaciones de carne bovina (congelada y fresca) representó un 21,8% del total, en 2008 cayó para un 20% y en 2012 para un 16%. Es decir, la producción de carne cae -relativamente- en detrimento de la soja.



El principal destino de estos dos productos “uruguayos” de exportación es China, que representa el 42% de las compras de soja y el 47% de las de carne bovina. Y pongo uruguayos entre comillas porque si bien son producidos en territorio nacional, sabemos en ambos casos que la propiedad de las empresas productoras no son necesariamente orientales (lo cual implica la consecuente remesa de lucros a las casas matrices). En el caso de las carnes es evidente la propiedad de algunos frigoríficos en manos de brasileros y en el caso de la soja la presencia de varios productores argentinos, que utilizan nuestro territorio como extensión de los suyos.



También existen otros datos que incomodan. Veamos.



En 2012 se importaron U$S 12.5 millones de soja para siembra, U$S 31.2 millones en herbicida a base de glifosato (entiéndase agrotóxico), U$S 25.8 millones de otros herbicidas, U$S 21.1 millones de urea y U$S 14.8 millones de otros abonos minerales nitrogenados. Pues bien, acá sumamos unos U$S 105.4 millones... Un número relevante para una economía como la uruguaya.



Pero eso no es lo más sorprendente. Lo que sí es sorprendente son los valores de las importaciones de aceite de soja, sea en bruto o refinado. En 2012 se importaron U$S 11 millones de aceite de soja en bruto (en 2011 fue de U$S 13.3 millones y en 2010 de U$S 8.9 millones), sumado a U$S 12 millones de aceite de soja refinado (que en 2011 sumaron U$S 13.6 millones, y en 2010 U$S 10.7 millones).



A que quiero llegar con todo esto? A que da la impresión de que se está apostando a un modelo de re-primarización de la economía, donde el peso de los productos primarios como la soja, la carne y el arroz es considerable. Evidentemente la semejante producción de soja no está abasteciendo al mercado interno, ya que se gastan varios millones de divisas en comprar el aceite de soja desde los países vecinos, en particular Brasil (que también es gran productor sojero). Y para colmo, importamos además la semilla de la oleaginosa, porque como es bien conocido, de las cosechas no se “recicla” nada, a excepción de algunas veces que son destinadas a la “investigación” a centros de pesquisa norteamericanos. Queda claro que un modelo como el sojero solo genera dependencia de casi todos los insumos para el proceso productivo (semillas, herbicidas, maquinaria), además de provocar daños irreversibles sobre la sociedad y el medio ambiente.



Entre los 10 primeros



El ISAAA (Servicio Internacional para la Adquisición de Aplicaciones Agro-Biotecnológicas) es una organización internacional sin fines de lucro creada en la década de los 90 que promueve el uso de transgénicos, principalmente en países pobres. Esta organización publicó un relatorio que recoge datos sobre la evolución del área sembrada con cultivos genéticamente modificados durante el año 2012.



Ese informe destaca que de 28 países que plantaron cultivos transgénicos, 20 son periféricos. En la lista de países con mayor cantidad de hectáreas sembradas con cultivos transgénicos, Uruguay se ubicó en el décimo puesto, con una superficie total de 1,4 millones de hectáreas de soja y maíz. Pensemos sobre la magnitud del problema, teniendo en cuenta el pequeño territorio agrícola del Uruguay...



Pues bien, esa lista del top ten incluye también a países como Brasil, Argentina, Paraguay y Bolivia. Estos datos son un tanto alarmantes, porque al estudiarlos junto a otras variables podrían reflejar la cara de los tradicionales problemas de nuestro continente. Por ejemplo: concentración y extranjerización de la tierra, concentración de la producción, mal uso del recurso tierra, escaso aporte tributario, deterioro de suelos, contaminación del agua por abuso de agrotóxicos, pérdida de soberanía sobre los recursos naturales, expulsión de productores familiares y el consecuente desempleo en el campo, la dependencia de precios de commodities, penetración del capital en la agricultura, reprimarización de la economía, entre otros.



Concentración y extranjerización de la tierra



Es considerable la concentración de la tierra en los países del Cono Sur. Las empresas transnacionales dedicadas al cultivo de commodities, producción forestal y explotación de recursos minerales son las grandes compradoras de superficies de tierras.



En Uruguay el 9% de las explotaciones agropecuarias acumulan más de 60% de la superficie, mientras que 56% de las explotaciones ocupan 5% del territorio.



Un estudio presentado por Gabriel Oyhantçabal e Ignacio Narbondo demuestra varios datos interesantes. Veamos apenas dos: 1) El aumento del precio promedio de la tierra en operaciones de compraventa entre los años 2000 y 2010, pasó de US$ 450/ha a US$ 2600/ha respectivamente; y 2) El surgimiento del “rentista”, productor que, atraído por los altos precios, decide colocar sus tierras en arrendamiento para que sean explotadas por las grandes empresas sojeras.



Este nuevo modelo económico de producción no provoca apenas concentración y extranjerización de la tierra, sino que provoca ese fenómeno en las tres fases productivas. En la primer fase de provisión de insumos, se observa la creciente concentración de producción de semillas y biocidas por empresas como Monsanto, BASF y Syngenta. En la segunda fase, la etapa productiva, vemos el proceso de concentración y transnacionalización de los grupos empresariales. Y en la tercer fase, la industrial, se percibe la concentración de la capacidad instalada de plantas industrializadoras, como ADM, Cargill y Bunge.



Hace un tiempo que el INIA firmó un convenio con la Monsanto para desarrollar un evento transgénico adaptado a las condiciones climáticas de Uruguay, dado que el rendimiento por hectárea es estable y no se observan mejoras. Mario García, ex vicepresidente del INIA, que participó en la firma del convenio explicó “Partiendo de la base de que la tecnología de transgénicos está impuesta, nos guste o no nos guste, se buscó poner a disposición de los productores uruguayos materiales adaptados a las condiciones de Uruguay”. Es decir, en lugar de combatir un modelo impuesto por las transnacionales, asumimos la lógica “porque está dada”, sin considerar los impactos que se tienen en el mediano plazo sobre el resto de los productores rurales que sí se ven afectados por la contaminación que sus vecinos generan por el uso de estos “paquetes” de transgénicos y agrotóxicos.



Además, hay que tener coraje para firmar un convenio con la Monsanto, empresa que se encargó de la fabricación del famoso agente naranja, aquel herbicida utilizado durante la Guerra de Vietnam, que además de dejar serios problemas de salud en los propios soldados, destrozó parte del territorio de los Vietcong. Pues bien, esa empresa está ahora al servicio de los productores rurales uruguayos... Congratulations!



¿Y el papel del Estado?



Con el debate puesto en la mesa, en diciembre de 2011 se votó la ley 18.876, que regula el Impuesto a la Concentración de Inmuebles Rurales (ICIR), ley que recibió oposición de los partidos de derecha y de las patronales rurales. Esa ley contiene un nuevo impuesto y la modificación de otros ya vigentes.



El ICIR obligaba a los propietarios de más de 2000 hectáreas CONEAT 100 (índice que mide la productividad media de los suelos del Uruguay) a pagar una tasa progresiva por hectárea. Dos observaciones al respecto: primero, que es un impuesto que pagarán los terratenientes, y segundo, que afecta a menos del 3% de los casi 45 mil productores agropecuarios que registró el último censo (2011). Se buscó entonces, mediante esta tributación a los grandes propietarios de tierra, financiar una mejora en la caminería rural, lo cual no dio cierto.



El ICIR fue declarado en febrero de 2013 inconstitucional por la Suprema Corte de (in) Justicia, por entender que no se puede gravar dos veces el mismo bien (dado que ya existe la Contribución Rural). Por otro lado, se restableció el impuesto al Patrimonio, eliminado en los tiempos del ex-presidente colorado Jorge Batlle. Si bien se pretende compensar la recaudación tributaria, no se están ejecutando medidas que desestimulen la concentración de la tierra.



El gobierno debería priorizar aquel proyecto de distribución de la riqueza que alguna vez prometió, y lo más viable por el momento es vía impuesto. Se debe romper con el continuismo de gobiernos anteriores y combatir el modelo concentrador y excluyente que reina en el campo (el cual arrastra Uruguay prácticamente desde que se constituyó como nación y más profundamente desde la década del 60).



El Impuesto al Patrimonio se propone gravar a los 1.200 propietarios de tierras con más de 2.000 hectáreas. La recaudación del nuevo tributo será parecida a la del ICIR, que rondaría los US$ 60 millones por año. El destino sería el mismo: invertir en obra vial en el interior del país. Los productores rurales que tengan un patrimonio anual equivalente a U$S 1,57 millones o superior deberán pagar este impuesto. Quienes tengan un patrimonio como el estipulado deberán abonar apenas el 1,5% al año. Posteriormente, pagarán la tasa que le corresponda según la franja en la cual se ubican sus modestas propiedades, donde el tope también es pequeño: 1,5%. Es decir, lo máximo que podrán pagar los grandes señores de tierras del Uruguay es un 3% anual de su patrimonio. Es decir, nada.



Contaminación



Han sido muchas las denuncias por contaminación del agua y del aire por el uso de agrotóxicos. Algunos casos han sido reflejo de las consecuencias del modelo, como el que ocurrió hace varios años en el arroyo Guaviyú, donde miles de peces aparecieron muertos, luego de haber lavado maquinaria aplicadora con el insecticida endosulfán a orillas del arroyo. Más recientemente, está el caso de contaminación en la Cuenca del Río Santa Lucía con residuos de herbicidas. También son frecuentes las denuncias de las escuelas rurales ya que las avionetas fumigadoras no respetan el área de fumigación, poniendo en riesgo la vida de niños y maestros.



El uso irresponsable de agrotóxicos es evidente y pareciera ser cada vez mayor. Sin embargo, gran parte de las denuncias son sordas ante la elite gobernante que ha promovido durante los últimos diez años las inversiones en el país para la producción de soja (que por ser uno de los cultivos con mayor grado de industrialización dentro de la agricultura resulta atractivo al capital extranjero).



Aunque resulte obvia la siguiente afirmación no debemos dejar de hacerla: es incompatible un modo de organización de producción familiar con el modelo sojero. Y en ese sentido también han sido varias las denuncias de pequeños productores que están rodeados por los cultivos de soja, por ejemplo apicultores que encuentran la miel contaminada y las abejas muertas, arrojando pérdidas que para la pequeña escala significan y mucho.



Esquema tributario



El esquema tributario de un país es el modo de reflejar cómo se distribuye la riqueza en una sociedad. Quién paga qué, cuánto y porqué.



El ICIR seguramente iba a obtener menos fondos de lo que se recauda por concepto de Contribución Rural, pero no se trata apenas de eso, es una decisión de carácter político, de determinar las líneas de tributación, en este caso al latifundio. Por su parte, el Impuesto al Patrimonio resulta, con esas tasas ridículas, más simbólico que otra cosa.



La tierra es una de las principales riquezas de nuestro país y como tal debe cumplir una función social, además de la necesidad y casi que obligación de que sea protegida por el Estado. Es necesario repensar la matriz productiva, combatir el latifundio y el monocultivo. Debemos pensar y alcanzar una tierra productiva que responda a las necesidades de la mayoría de los orientales (los de acá) y no volcada a la demanda de commodities de los otros orientales (los de allá).



Angela Garofali Patrón, Estudiante de Economía, Integración y Desarrollo de UNILA (Universidad Federal de Integración Latinoamericana, Foz do Iguazú, Brasil)



Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.





18 mar 2013

EMILIO CAFASSI DIARIO LA REPUBLICA

reflexiones y puntualizaciones




Habemus papam: surdum, caecus et mutus

Emilio Cafassi

Profesor titular e investigador de la Universidad de Buenos Aires

escritor

ex decano

La repercusión mundial por la designación del Sr. Bergoglio como nuevo Papa de la Iglesia católica, al punto de eclipsar toda otra noticia política y social en América latina (y especialmente en Argentina), no sólo trasciende el fanatismo localista cuasi deportivo, sino que parece reflejar expectativas de cambios institucionales que muy difícilmente se verán –aún parcialmente- satisfechas. La mera ruptura del eurocentrismo papal histórico o la emergencia de un representante de una nueva congregación en la interna eclesiástica, no podrá disimular el continuismo que supone la sucesión entre un antiguo miembro de las juventudes hitlerianas, como el Sr. Ratzinger, hacia un (en el mejor de los casos) sigiloso y equilibrado espectador del último genocidio de la historia moderna de su país.



O peor aún, podría tratarse de un ajuste fino en la dirección de entronizar personajes oscuros en la máxima conducción. Del alemán podría decirse que fue sólo un desliz juvenil, pero el argentino permanecía indiferente incluso frente al secuestro de bebés que aún hoy desconocen su identidad y para cuya aparición no colaboró un ápice, hasta antes de viajar al concilio que lo ungió. Es decir hasta ayer. Y para los que también venimos del “fin del mundo”, como él mismo definió su procedencia, el solo recuerdo de la trayectoria reciente de la Iglesia nos trae escalofríos.



El criminal Videla, que presidió la primera junta militar argentina, se ha decidido últimamente a revelar algunos detalles de su gestión en reportajes al periodista español Ricardo Angoso o a Hernán Vaca Narvaja en la revista cordobesa “Sur”, además de las extensas entrevistas que mantuvo con Ceferino Reato y que fueron editadas como libro. En todas sus declaraciones, el genocida reconoce la colaboración de la Iglesia a niveles que no se contentan con solo callar. Llega a sugerir el asesoramiento institucionalizado tanto a nivel del Episcopado como del propio Vaticano. No quisiera ofender posibles sentimientos religiosos de algunos lectores, ni menos aún suponerlos mecánicamente vinculados a la burocracia eclesial o a sus gestiones y complicidades. No soy teólogo, ni mucho menos especialista en la política interna del Vaticano.



Sólo un simple luchador por los derechos humanos y las libertades cívicas que como tal no puede dejar de señalar el carácter execrable de la iglesia argentina (no necesariamente atribuible, al menos en idéntico grado, al resto de las iglesias latinoamericanas) como institución político-diplomática y su ominoso papel no sólo durante el Terrorismo de Estado, sino en las décadas sucesivas en las que se fue construyendo socialmente el imaginario de su condena y repulsa al que no solo no contribuyó, sino que intentó evitar o diluir.



Algunos autores de izquierdas y progresistas atribuyen la elección de un latinoamericano como consecuencia de la desviación de la mirada hacia la que constituye hoy la región más dinámica y progresista del mundo (y con más fieles), aunque difieren en las consecuencias que tendrá y su valoración. Personalmente tengo dudas de que decisiones colegiadas (por más estrecha y tutelada que resulta la cúpula de 115 cardenales) puedan ceñirse a una estrategia tan delimitada en materia política como elegir una región en particular. Pero no creo que resulte lo esencial. Sin embargo sí considero que abrigar esperanzas de un posible apoyo o morigeración de la oposición al giro progresista es absolutamente frustrante. Son estos mismos electores, incluyendo a los latinoamericanos, los que combatieron con todas sus fuerzas la teología de la liberación y la –aún tímida- renovación de la iglesia. A la vez son los que suelen alentar reagrupamientos de las derechas (Bergoglio incluido) para confrontar con los gobiernos progresistas o limitar sus reformas. Por de pronto en Córdoba, los criminales de lesa humanidad que están siendo juzgados por sus acciones en el centro clandestino de represión “La Perla” (entre ellos el recordado General Menéndez) asistieron al juicio con escarapelas del vaticano en apoyo a Bergoglio.



Si bien el divorcio entre el discurso y la acción es una característica sobresaliente de la discursividad política reaccionaria, en la Iglesia ésta adquiere un status prácticamente institucional. El ahora autonominado (qui sibi nomen imposuit) Francisco pidió paz en su primer discurso, sin sentirse en la necesidad de explicar o disculparse por el involucramiento de su institución en casi todas las violaciones a la paz de la historia. No lo esperaría desde las cruzadas o la inquisición, pero aunque sea en mínima referencia por hechos más recientes como el régimen franquista, el fascismo, el nazismo, los estados terroristas sudamericanos, entre otras monstruosidades históricas recientes.



No fijaré posición sobre la divergencia suscitada en el progresismo argentino acerca de la posible “entrega” de dos sacerdotes secuestrados y torturados o la más genérica complicidad con la dictadura. Carezco de pruebas al respecto, tanto como parece carecer la justicia ya que no lo ha procesado sino que sólo lo requirió como testigo. Al respecto, la sorprendente declaración del –también argentino- premio Nobel de la paz Pérez Esquivel (y el posterior acompañamiento del teólogo Leonardo Boff) que hasta fue utilizada por el Vaticano para “limpiar” la proyección internacional de estas hipótesis o denuncias, no deja de ser esclarecedora de la estatura cívica del actual “santo padre”. Si bien Esquivel afirma que “no hay ningún vínculo que lo relacione con la dictadura”, luego reconoce que “podría haber habido omisiones”. Como si no bastaran tales omisiones para condenar enfáticamente esa actitud. Obviamente son pocos los sacerdotes que -como el condenado a perpetua Von Wernick- participaron directamente en sesiones de tortura o bendiciendo lo que Videla reconoce como “disposición final”, momento previo a los vuelos de la muerte u otras metodologías de exterminio.



Sin embargo Bergoglio no fue un omisor consecuente. Bajo su presidencia, la Conferencia Episcopal Argentina encomendó a un jurista la redacción de un libro (de dos tomos) que se repartió entre los jueces de la Corte provincial que juzgaba los abusos sexuales del cura Grassi contra niños amparados en la fundación “Felices los niños”. El propósito era refutar las pruebas en contra del abusador. La posible razón es que Grassi pertenecía a la diócesis de Bergoglio, que a su vez -según reconoce el procesado- era su confesor. A pesar de este esfuerzo jurídico-intelectual desusado, Grassi fue condenado a 15 años de prisión. En una entrevista al diario Perfil en 2009, el mismo Grassi aseguraba que Bergoglio “jamás le había soltado la mano”. “Hablo con él, me apoya mucho espiritualmente y me cree”, dijo Grassi sobre el hoy papa poco antes de su condena.



En lo personal, cuando comienzo a entablar una relación con alguien sudamericano –ahora mayor de 50 años- suelo preguntarle dos cuestiones que me resultan imprescindibles para comenzar a conocerlo: cómo se gana la vida y qué hizo durante la dictadura. Del mismo modo que a los españoles mayores les suelo preguntar por el franquismo o a los franceses por el mayo del ´68, si sus edades lo autorizan, aunque mi vida profesional me vincula más con los jóvenes. Sospecho que esas dos inquietudes están vedadas en la jerarquía católica.



El pensador alemán de origen checoslovaco Karl Kautsky en un libro excepcional sobre los orígenes del cristianismo se formula diversas hipótesis (de lamentable confirmación empírica) de gran utilidad para las izquierdas, comparando la burocratización de la Iglesia con la del movimiento revolucionario. Pero en lo que a este artículo refiere, sitúa su esclerosamiento burocrático en el siglo cuarto, cuando la Iglesia católica llegó a ser Iglesia de Estado bajo Constantino el Grande. Esto le permitió adaptarse a las características del Estado romano ya en decadencia transformando lo que era un movimiento de base subversivo en una casta burocrática conservadora y aliada al poder. Los sucesivos y enormes cambios históricos, no parecen haber afectado hasta ahora esta estructura.



En su primera misa, el nuevo Papa sostuvo que “si la Iglesia no proclama a Jesús, se convertirá en una ONG piadosa, pero no en la esposa del Señor”. La advertencia es tardía. Hoy no es otra cosa que el cascarón de una gran ONG, piramidalmente burocratizada, cuyo exclusivo eje discursivo es la intervención en cuestiones mundanas como la sexualidad y el placer en general, pero sin la menor repercusión y eficacia en sus prédicas. Sobre el resto hará silencio o discursos de ocasión. Hoy sus fieles utilizan técnicas anticonceptivas, viven una sexualidad por fuera del matrimonio y/o con personas de su mismo sexo o se realizan abortos cuando tienen embarazos no deseados. Cualquier ONG ecologista exitosa, por ejemplo, logra influir masivamente en conductas como el reciclado de la basura, los hábitos alimentarios o el ahorro de energía. Sin disfraces ni ritos. Con sólo apelar a la información y a la razón.



La famosa escultura japonesa del 1600 “Tres monos místicos” que tapan sus ojos, boca y oídos, aún en su vasta polisemia, podría reflejar lo que considero esperable de la actitud con la que don Francisco afrontará las grandes tragedias que vive la humanidad. Por eso me permití titular en la lengua muerta de sus conciliábulos la hipótesis del carácter del próximo período. Tenemos Papa: sordo, ciego y mudo.

7 mar 2013

CHAVEZ POR GARCIA MARQUEZ

ARTICULO REPRODUCIDO POR CUBADEBATE

García Márquez: “El enigma de los dos Chávez”


6 marzo 2013 10

Carlos Andrés Pérez descendió al atardecer del avión que lo llevó de Davos, Suiza, y se sorprendió de ver en la plataforma al general Fernando Ochoa Antich, su ministro de Defensa. “¿Qué pasa?”, le preguntó intrigado. El ministro lo tranquilizó, con razones tan confiables, que el Presidente no fue al Palacio de Miraflores sino a la residencia presidencial de La Casona. Empezaba a dormirse cuando el mismo ministro de Defensa lo despertó por teléfono para informarle de un levantamientio militar en Maracay. Había entrado apenas en Miraflores cuando estallaron las primeras cargas de artillería.



Era el 4 de febrero de 1992. El coronel Hugo Chávez Frías, con su culto sacramental de las fechas históricas, comandaba el asalto desde su puesto de mando improvisado en el Museo Histórico de La Planicie. El Presidente comprendió entonces que su único recurso estaba en el apoyo popular, y se fue a los estudios de Venevisión para hablarle al país. Doce horas después el golpe militar estaba fracasado. Chávez se rindió, con la condición de que también a él le permitieran dirigirse al pueblo por la televisión. El joven coronel criollo, con la boina de paracaidista y su admirable facilidad de palabra, asumió la responsabilidad del movimiento. Pero su alocución fue un triunfo político. Cumplió dos años de cárcel hasta que fue amnistiado por el presidente Rafael Caldera. Sin embargo, muchos partidarios como no pocos enemigos han creído que el discurso de la derrota fue el primero de la campaña electoral que lo llevó a la presidencia de la República menos de nueve años después.



El presidente Hugo Chávez Frías me contaba esta historia en el avión de la Fuerza Aérea Venezolana que nos llevaba de La Habana a Caracas, hace dos semanas, a menos de quince días de su posesión como presidente constitucional de Venezuela por elección popular. Nos habíamos conocido tres días antes en La Habana, durante su reunión con los presidentes Castro y Pastrana, y lo primero que me impresionó fue el poder de su cuerpo de cemento armado. Tenía la cordialidad inmediata, y la gracia criolla de un venezolano puro. Ambos tratamos de vernos otra vez, pero no nos fue posible por culpa de ambos, así que nos fuimos juntos a Caracas para conversar de su vida y milagros en el avión.



Fue una buena experiencia de reportero en reposo. A medida que me contaba su vida iba yo descubriendo una personalidad que no correspondía para nada con la imagen de déspota que teníamos formada a través de los medios. Era otro Chávez. ¿Cuál de los dos era el real?



El argumento duro en su contra durante la campaña había sido su pasado reciente de conspirador y golpista. Pero la historia de Venezuela ha digerido a más de cuatro. Empezando por Rómulo Betancourt, recordado con razón o sin ella como el padre de la democracia venezolana, que derribó a Isaías Medina Angarita, un antiguo militar demócrata que trataba de purgar a su país de los treintiséis años de Juan Vicente Gómez. A su sucesor, el novelista Rómulo Gallegos, lo derribó el general Marcos Pérez Jiménez, que se quedaría casi once años con todo el poder. Éste, a su vez, fue derribado por toda una generación de jóvenes demócratas que inauguró el período más largo de presidentes elegidos.



El golpe de febrero parece ser lo único que le ha salido mal al coronel Hugo Chávez Frías. Sin embargo, él lo ha visto por el lado positivo como un revés providencial. Es su manera de entender la buena suerte, o la inteligencia, o la intuición, o la astucia, o cualquiera cosa que sea el soplo mágico que ha regido sus actos desde que vino al mundo en Sabaneta, estado Barinas, el 28 de julio de 1954, bajo el signo del poder: Leo. Chávez, católico convencido, atribuye sus hados benéficos al escapulario de más de cien años que lleva desde niño, heredado de un bisabuelo materno, el coronel Pedro Pérez Delgado, que es uno de sus héroes tutelares.



Sus padres sobrevivían a duras penas con sueldos de maestros primarios, y él tuvo que ayudarlos desde los nueve años vendiendo dulces y frutas en una carretilla. A veces iba en burro a visitar a su abuela materna en Los Rastrojos, un pueblo vecino que les parecía una ciudad porque tenía una plantita eléctrica con dos horas de luz a prima noche, y una partera que lo recibió a él y a sus cuatro hermanos. Su madre quería que fuera cura, pero sólo llegó a monaguillo y tocaba las campanas con tanta gracia que todo el mundo lo reconocía por su repique. “Ese que toca es Hugo”, decían. Entre los libros de su madre encontró una enciclopedia providencial, cuyo primer capítulo lo sedujo de inmediato: Cómo triunfar en la vida.



Era en realidad un recetario de opciones, y él las intentó casi todas. Como pintor asombrado ante las láminas de Miguel Angel y David, se ganó el primer premio a los doce años en una exposición regional. Como músico se hizo indispensable en cumpleaños y serenatas con su maestría del cuatro y su buena voz. Como beisbolista llegó a ser un catcher de primera. La opción militar no estaba en la lista, ni a él se le habría ocurrido por su cuenta, hasta que le contaron que el mejor modo de llegar a las grandes ligas era ingresar en la academia militar de Barinas. Debió ser otro milagro del escapulario, porque aquel día empezaba el plan Andrés Bello, que permitía a los bachilleres de las escuelas militares ascender hasta el más alto nivel académico.



Estudiaba ciencias políticas, historia y marxismo al leninismo. Se apasionó por el estudio de la vida y la obra de Bolívar, su Leo mayor, cuyas proclamas aprendió de memoria. Pero su primer conflicto consciente con la política real fue la muerte de Allende en septiembre de 1973. Chávez no entendía. ¿Y por qué si los chilenos eligieron a Allende, ahora los militares chilenos van a darle un golpe? Poco después, el capitán de su compañía le asignó la tarea de vigilar a un hijo de José Vicente Rangel, a quien se creía comunista. “Fíjate las vueltas que da la vida”, me dice Chávez con una explosión de risa. “Ahora su papá es mi canciller”. Más irónico aún es que cuando se graduó recibió el sable de manos del presidente que veinte años después trataría de tumbar: Carlos Andrés Pérez.



“Además”, le dije, “usted estuvo a punto de matarlo”. “De ninguna manera”, protestó Chávez. “La idea era instalar una asamblea constituyente y volver a los cuarteles”. Desde el primer momento me había dado cuenta de que era un narrador natural. Un producto íntegro de la cultura popular venezolana, que es creativa y alborazada. Tiene un gran sentido del manejo del tiempo y una memoria con algo de sobrenatural, que le permite recitar de memoria poemas de Neruda o Whitman, y páginas enteras de Rómulo Gallegos.



Desde muy joven, por casualidad, descubrió que su bisabuelo no era un asesino de siete leguas, como decía su madre, sino un guerrero legendario de los tiempos de Juan Vicente Gómez. Fue tal el entusiasmo de Chávez, que decidió escribir un libro para purificar su memoria. Escudriñó archivos históricos y bibliotecas militares, y recorrió la región de pueblo en pueblo con un morral de historiador para reconstruir los itinerarios del bisabuelo por los testimonios de sus sobrevivientes. Desde entonces lo incorporó al altar de sus héroes y empezó a llevar el escapulario protector que había sido suyo.



Uno de aquellos días atravesó la frontera sin darse cuenta por el puente de Arauca, y el capitán colombiano que le registró el morral encontró motivos materiales para acusarlo de espía: llevaba una cámara fotográfica, una grabadora, papeles secretos, fotos de la región, un mapa militar con gráficos y dos pistolas de reglamento. Los documentos de identidad, como corresponde a un espía, podían ser falsos. La discusión se prolongó por varias horas en una oficina donde el único cuadro era un retrato de Bolívar a caballo. “Yo estaba ya casi rendido, -me dijo Chávez-, pues mientras más le explicaba menos me entendía”. Hasta que se le ocurrió la frase salvadora: “Mire mi capitán lo que es la vida: hace apenas un siglo éramos un mismo ejército, y ése que nos está mirando desde el cuadro era el jefe de nosotros dos. ¿Cómo puedo ser un espía?”. El capitán, conmovido, empezó a hablar maravillas de la Gran Colombia, y los dos terminaron esa noche bebiendo cerveza de ambos países en una cantina de Arauca. A la mañana siguiente, con un dolor de cabeza compartido, el capitán le devolvió a Chávez sus enseres de historiador y lo despidió con un abrazo en la mitad del puente internacional.



“De esa época me vino la idea concreta de que algo andaba mal en Venezuela”, dice Chávez. Lo habían designado en Oriente como comandante de un pelotón de trece soldados y un equipo de comunicaciones para liquidar los últimos reductos guerrilleros. Una noche de grandes lluvias le pidió refugio en el campamento un coronel de inteligencia con una patrulla de soldados y unos supuestos guerrilleros acabados de capturar, verdosos y en los puros huesos. Como a las diez de la noche, cuando Chávez empezaba a dormirse, oyó en el cuarto contiguo unos gritos desgarradores. “Era que los soldados estaban golpeando a los presos con bates de béisbol envueltos en trapos para que no les quedaran marcas”, contó Chávez. Indignado, le exigió al coronel que le entregara los presos o se fuera de allí, pues no podía aceptar que torturara a nadie en su comando. “Al día siguiente me amenazaron con un juicio militar por desobediencia, -contó Chávez- pero sólo me mantuvieron por un tiempo en observación”.



Pocos días después tuvo otra experiencia que rebasó las anteriores. Estaba comprando carne para su tropa cuando un helicóptero militar aterrizó en el patio del cuartel con un cargamento de soldados mal heridos en una emboscada guerrillera. Chávez cargó en brazos a un soldado que tenía varios balazos en el cuerpo. “No me deje morir, mi teniente”… le dijo aterrorizado. Apenas alcanzó a meterlo dentro de un carro. Otros siete murieron. Esa noche, desvelado en la hamaca, Chávez se preguntaba: “¿Para qué estoy yo aquí? Por un lado campesinos vestidos de militares torturaban a campesinos guerrilleros, y por el otro lado campesinos guerrilleros mataban a campesinos vestidos de verde. A estas alturas, cuando la guerra había terminado, ya no tenía sentido disparar un tiro contra nadie”. Y concluyó en el avión que nos llevaba a Caracas: “Ahí caí en mi primer conflicto existencial”.



Al día siguiente despertó convencido de que su destino era fundar un movimiento. Y lo hizo a los veintitrés años, con un nombre evidente: Ejército bolivariano del pueblo de Venezuela. Sus miembros fundadores: cinco soldados y él, con su grado de subteniente. “¿Con qué finalidad?” le pregunté. Muy sencillo, dijo él: “con la finalidad de prepararnos por si pasa algo”. Un año después, ya como oficial paracaidista en un batallón blindado de Maracay, empezó a conspirar en grande. Pero me aclaró que usaba la palabra conspiración sólo en su sentido figurado de convocar voluntades para una tarea común.



Esa era la situación el 17 de diciembre de 1982 cuando ocurrió un episodio inesperado que Chávez considera decisivo en su vida. Era ya capitán en el segundo regimiento de paracaidistas, y ayudante de oficial de inteligencia. Cuando menos lo esperaba, el comandante del regimiento, Ángel Manrique, lo comisionó para pronunciar un discurso ante mil doscientos hombres entre oficiales y tropa.



A la una de la tarde, reunido ya el batallón en el patio de fútbol, el maestro de ceremonias lo anunció. “¿Y el discurso?”, le preguntó el comandante del regimiento al verlo subir a la tribuna sin papel. “Yo no tengo discurso escrito”, le dijo Chávez. Y empezó a improvisar. Fue un discurso breve, inspirado en Bolívar y Martí, pero con una cosecha personal sobre la situación de presión e injusticia de América Latina transcurridos doscientos años de su independencia. Los oficiales, los suyos y los que no lo eran, lo oyeron impasibles. Entre ellos los capitanes Felipe Acosta Carle y Jesús Urdaneta Hernández, simpatizantes de su movimiento. El comandante de la guarnición, muy disgustado, lo recibió con un reproche para ser oído por todos:



“Chávez, usted parece un político”. “Entendido”, le replicó Chávez.



Felipe Acosta, que medía dos metros y no habían logrado someterlo diez contendores, se paró de frente al comandante, y le dijo: “Usted está equivocado, mi comandante. Chávez no es ningún político. Es un capitán de los de ahora, y cuando ustedes oyen lo que él dijo en su discurso se mean en los pantalones”.



Entonces el coronel Manrique puso firmes a la tropa, y dijo: “Quiero que sepan que lo dicho por el capitán Chávez estaba autorizado por mí. Yo le di la orden de que dijera ese discurso, y todo lo que dijo, aunque no lo trajo escrito, me lo había contado ayer”. Hizo una pausa efectista, y concluyó con una orden terminante: “¡Que eso no salga de aquí!”.



Al final del acto, Chávez se fue a trotar con los capitanes Felipe Acosta y Jesús Urdaneta hacia el Samán del Guere, a diez kilómetros de distancia, y allí repitieron el juramento solemne de Simón Bolívar en el monte Aventino. “Al final, claro, le hice un cambio”, me dijo Chávez. En lugar de “cuando hayamos roto las cadenas que nos oprimen por voluntad del poder español”, dijeron: “Hasta que no rompamos las cadenas que nos oprimen y oprimen al pueblo por voluntad de los poderosos”.



Desde entonces, todos los oficiales que se incorporaban al movimiento secreto tenían que hacer ese juramento. La última vez fue durante la campaña electoral ante cien mil personas. Durante años hicieron congresos clandestinos cada vez más numerosos, con representantes militares de todo el país. “Durante dos días hacíamos reuniones en lugares escondidos, estudiando la situación del país, haciendo análisis, contactos con grupos civiles, amigos. “En diez años -me dijo Chávez- llegamos a hacer cinco congresos sin ser descubiertos”.



A estas alturas del diálogo, el Presidente rió con malicia, y reveló con una sonrisa de malicia: “Bueno, siempre hemos dicho que los primeros éramos tres. Pero ya podemos decir que en realidad había un cuarto hombre, cuya identidad ocultamos siempre para protegerlo, pues no fue descubierto el 4 de febrero y quedó activo en el Ejército y alcanzó el grado de coronel. Pero estamos en 1999 y ya podemos revelar que ese cuarto hombre está aquí con nosotros en este avión”. Señaló con el índice al cuarto hombre en un sillón apartado, y dijo: “¡El coronel Badull!”.



De acuerdo con la idea que el comandante Chávez tiene de su vida, el acontecimiento culminante fue El Caracazo, la sublevación popular que devastó a Caracas. Solía repetir: “Napoleón dijo que una batalla se decide en un segundo de inspiración del estratega”. A partir de ese pensamiento, Chávez desarrolló tres conceptos: uno, la hora histórica. El otro, el minuto estratégico. Y por fin, el segundo táctico. “Estábamos inquietos porque no queríamos irnos del Ejército”, decía Chávez. “Habíamos formado un movimiento, pero no teníamos claro para qué”. Sin embargo, el drama tremendo fue que lo que iba a ocurrir ocurrió y no estaban preparados. “Es decir -concluyó Chávez- que nos sorprendió el minuto estratégico”.



Se refería, desde luego, a la asonada popular del 27 de febrero de 1989: El Caracazo. Uno de los más sorprendidos fue él mismo. Carlos Andrés Pérez acababa de asumir la presidencia con una votación caudalosa y era inconcebible que en veinte días sucediera algo tan grave. “Yo iba a la universidad a un postgrado, la noche del 27, y entro en el fuerte Tiuna en busca de un amigo que me echara un poco de gasolina para llegar a la casa”, me contó Chávez minutos antes de aterrizar en Caracas. “Entonces veo que están sacando las tropas, y le pregunto a un coronel: ¿Para dónde van todos esos soldados? Porque que sacaban los de Logística que no están entrenados para el combate, ni menos para el combate en localidades. Eran reclutas asustados por el mismo fusil que llevaban. Así que le pregunto al coronel: ¿Para dónde va ese pocotón de gente? Y el coronel me dice: A la calle, a la calle. La orden que dieron fue esa: hay que parar la vaina como sea, y aquí vamos. Dios mío, ¿pero qué orden les dieron? Bueno Chávez, me contesta el coronel: la orden es que hay que parar esta vaina como sea. Y yo le digo: Pero mi coronel, usted se imagina lo que puede pasar. Y él me dice: Bueno, Chávez, es una orden y ya no hay nada qué hacer. Que sea lo que Dios quiera”.



Chávez dice que también él iba con mucha fiebre por un ataque de rubéola, y cuando encendió su carro vio un soldadito que venía corriendo con el casco caído, el fusil guindando y la munición desparramada. “Y entonces me paro y lo llamo”, dijo Chávez. “Y él se monta, todo nervioso, sudado, un muchachito de 18 años. Y yo le pregunto: Ajá, ¿y para dónde vas tú corriendo así? No, dijo él, es que me dejó el pelotón, y allí va mi teniente en el camión. Lléveme, mi mayor, lléveme. Y yo alcanzo el camión y le pregunto al que los lleva: ¿Para dónde van? Y él me dice: Yo no sé nada. Quién va a saber, imagínese”. Chávez toma aire y casi grita ahogándose en la angustia de aquella noche terrible: “Tú sabes, a los soldados tú los mandas para la calle, asustados, con un fusil, y quinientos cartuchos, y se los gastan todos. Barrían las calles a bala, barrían los cerros, los barrios populares. ¡Fue un desastre! Así fue: miles, y entre ellos Felipe Acosta”. “Y el instinto me dice que lo mandaron a matar”, dice Chávez. “Fue el minuto que esperábamos para actuar”. Dicho y hecho: desde aquel momento empezó a fraguarse el golpe que fracasó tres años después.



El avión aterrizó en Caracas a las tres de la mañana. Vi por la ventanilla la ciénaga de luces de aquella ciudad inolvidable donde viví tres años cruciales de Venezuela que lo fueron también para mi vida. El presidente se despidió con su abrazo caribe y una invitación implícita: “Nos vemos aquí el 2 de febrero”. Mientras se alejaba entre sus escoltas de militares condecorados y amigos de la primera hora, me estremeció la inspiración de que había viajado y conversado a gusto con dos hombres opuestos. Uno a quien la suerte empedernida le ofrecía la oportunidad de salvar a su país. Y el otro, un ilusionista, que podía pasar a la historia como un déspota más.



(Tomado de Revista Temas en Facebook)