25 nov 2013

Misiones de "paz": Uruguay prueba en Rusia el lanzacohetes RPG-7V2

Defensa: Uruguay prueba en Rusia el lanzacohetes RPG-7V2


Continuando con el proceso de selección del nuevo lanzacohetes antitanque para el Ejército Nacional del Uruguay, una delegación oficial de esa fuerza viajó a Rusia para probar el sistema RPG-7V2 in situ. La delegación, compuesta por el coronel José González, el teniente coronel Alfredo Larramendi y el mayor Claudio Suárez, viajó en fecha reciente para realizar ensayos de tiro real con el sistema, pruebas que fueron totalmente satisfactorias para la Fuerza.

Entre los contendientes finales se encuentran el lanzacohetes RPG-7V2 y el alemán Panzerfaust 3, los cuales compiten por una compra de varios millones de dólares que equiparía al Ejército con más de cien lanzadores y centenas de municiones para ellos.

Sustituto para antiguos equipos españoles y norteamericanos

Actualmente y luego de la desprogramación de sistemas antitanque antiguos de origen español y norteamericano, el Ejército adquirió una pequeña partida de lanzadores RPG-7 con munición antitanque y termobarica, que fueron desplegados directamente en la Republica Democrática del Congo, donde son utilizados como apoyo de fuegos para las patrullas que se realizan en esa Misión de Paz. El sistema, ampliamente utilizado en el mundo, combina la practicidad y dureza de un arma fácil de utilizar y mantener (además de ser más económica comparada con otros equipos similares) con una gran capacidad destructiva y una variada disponibilidad de municiones, que lo hacen apto tanto para batir blindados como personal.

INFODEFENSA.COM

CINCUENTENARIO DEL ASESINATO DE KENNEDY:Operación 40: los sospechosos

CINCUENTENARIO DEL ASESINATO DE KENNEDY
Operación 40: los sospechosos

GABRIEL MOLINA FRANCHOSSI

Los sospechosos del asesinato de JFK, grupos de la CIA y la mafia según el Comité investigador de la Cámara de Estados Unidos (HSCA), participaron antes del magnicidio en la Operación 40 (Op.40) contra Cuba y en los intentos de asesinar a Fidel.



A 50 años del magnicidio ocurrido el 22 de noviembre de 1963, se han venido conociendo confesiones y otros indicios. Las principales sospechas recaen sobre cuatro de esos miembros de la Op.40. Se destacan como autores de los disparos Herminio Díaz y Eladio del Valle. En tanto que Luis Posada y Orlando Bosch, que se presume estaban presentes en la Plaza Dealey el 22-11-1963, están también implicados en las investigaciones oficiales y privadas.

Allen Dulles creó la Op.40 y los oficiales CIA los adiestraron y entrenaron para poner bombas, ametrallar y asesinar dondequiera que se les ordenase. Desde 1959 protagonizaron siniestros planes de sabotajes y terrorismo como la voladura del avión de Cubana en octubre de 1976, que provocó 73 muertos. Robert Kennedy sospechó que ese grupo participó en el asesinato de su hermano desde que John E. Hoover, director del FBI, le informó del crimen.

El único sobreviviente de ellos, Posada, chantajea al gobierno de Estados Unidos con su amenaza de decir todo lo que sabe. Ha confiado a alguien secretos que destaparía si lo procesan o asesinan, como insinuó su abogado.

El investigador Anthony Summers ha actualizado en estos días las acusaciones sobre Herminio Díaz, autentificando la confesión que Díaz hizo a Tony Cuesta y a Reinaldo Martínez, dos personajes que lo acompañaron en sus planes terroristas. La conferencia había sido convocada por Wayne Smith, jefe del Centre for International Policy in Washington y, entre otros investigadores, asistieron Summers, Gaeton Fonzi, Dick Russell, Peter Dale Scott y Peter Kornbluh.


Díaz, Cuesta y Martínez intentaron desembarcar el 29 de mayo de 1966 desde Miami, para realizar atentados contra Fidel u otros dirigentes cubanos, en Monte Barreto, Miramar. Díaz halló la muerte allí, en un intercambio de disparos con la policía. Cuesta y Martínez fueron apresados durante el enfrentamiento.

Tras salir de la cárcel, Martínez se radicó en Miami; y en 2007 se puso en contacto con Robert Blakey, quien fuera el asesor jefe del HSCA. Dijo que iba a morir y quería dejar las cosas claras. Según declaró Blakey a Summers, Martínez decía la verdad. Se trataba de un complot y Herminio Díaz fue el segundo tirador contra Kennedy. Summers se entrevistó también con Martínez durante dos días en Miami.

En la filmación de un aficionado llamado Abraham Zapruder desde la puerta del almacén de libros escolares, se muestra a JFK en la Plaza Dealey alcanzado por los disparos primero por detrás, desde el mismo almacén de libros según se estableció. Después, herido por la parte frontal en un ángulo que indicaría la presencia de otro tirador, situado en la "lomita cubierta de hierba". Esas investigaciones no dejan ya dudas de que hubo una conspiración y más de un tirador. Incluso el Comité financiado por el gobierno federal así lo considera.

Herminio Díaz nació en Cuba en 1923 y pertenecía a grupos gangsteriles desde fines de los años 40; fue guardaespaldas de Santos Trafficante y mantuvo otros contactos criminales con la mafia siciliana. En círculos cubanoamericanos de Miami se decía que la suicida encomienda en Miramar se le confió para que fuese cazado, y evitar así que hablase sobre la conspiración contra JFK.

Juan Restoy, Félix Rodríguez Mendigutía, Guillermo Novo, Carlos Bringuier, Eugenio Martínez, Antonio Veciana, Juan Manuel Salvat, Ricardo Morales Navarrete, Isidro Borjas, Virgilio Paz, José Dionisio Suárez, Felipe Rivero, Gaspar Jiménez Escobedo, Nazario Sargent, Pedro Luis Díaz Lanz, y José Basulto, miembros de la Op.40, han sido investigados por el Comité Especial de la Cámara y los del Senado, el Comité de Church y el de Kerry, pues muchos también han traficado con drogas junto a sus mentores de la CIA. Restoy, antiguo compinche de Batista, fue arrestado con otros miembros de Op. 40, en la Operación Águila, masiva red de tráfico de drogas descubierta en 1970. El 70% de los acusados eran miembros de la brigada 2506 de Playa Girón.

Gaeton Fonzi, uno de los investigadores del Comité HSCA, alega que oficiales CIA como David Atlee Phillips, David Morales, Tom Clines, Tracey Barnes, E. Howard Hunt y Rip Robertson tomaron parte en la Operación 40 desde la secreta estación JM/WAVE, que dirigía Ted Schackley y después organizaron el magnicidio. Otros famosos acusados son los convictos del Watergate ordenado por Nixon, además de Hunt, Walter McCord, Frank Sturgis, Bernard Baker, Eugenio Rolando Martínez "musculito", y Virgilio González, participantes también en lo que Nixon llamaba la maldita cosa de Girón, para referirse verdaderamente al magnicidio. Las sospechas apuntan más hacia Hunt y Sturgis, también como francotiradores en Dallas, desde la lomita o montículo de hierba. Se les identificó como los "vagabundos" arrestados y fotografiados, que fueron vistos por 15 testigos. Pero se han esfumado. David Morales —jefe de operaciones en la enorme estación de la CIA en Miami, quien fue investigado por Gaeton Fonzi, cuando trabajó para el HSCA, para saber si estaba en el edificio desde donde se supone partieron los disparos—, estaba citado para testificar, pero murió de "un ataque al corazón" el 8 de mayo de 1978.

HERMINIO DÍAZ.

Su amigo Rubén Carbajal está convencido de que lo asesinó la CIA, pues Morales le dijo que quien pudiese representar una amenaza para las operaciones encubiertas, la CIA lo eliminaría. Bob Walton, asociado en negocios con Morales, le confirmó que este temía iba a ser asesinado por la CIA porque sabía demasiado. En una ocasión dijo a Walton y Carbajal que "JFK traicionó a los cubanos en Bahía de Cochinos. Bueno, nosotros nos encargamos del hijo de p...". (1) Otras teorías calificadas de disparatadas apuntan hacia el chofer del auto presidencial, miembro del Servicio Secreto, y a James Files, que cumple condenas por otros delitos.

Respecto a la conocida reunión en Dallas la víspera del crimen, el investigador Oglesby los marca comprometidos con el complot, "todos personajes que odiaban o se oponían a los Kennedy". (2)

Sobre J. Edgar Hoover y su vecino Johnson, señala: se respetaban y se temían. El FBI poseía información de los sucios negocios del Vicepresidente y este de las preferencias sexuales de Edgar, quien sin embargo perseguía a los gays y sostenía que la Cosa Nostra no existía. El Padrino Frank Costello le proporcionaba diversión y ganancias, dándole tips (propinas) en el hipódromo, sobre los ganadores.

Clint Murchinson, racista y barón texano del petróleo, era socio en negocios del también millonario H.L. Hunt. Integraban el consorcio petrolero que reaccionó iracundo ante algunas leyes aprobadas por Kennedy. La medida amenazaba las altas ganancias del sector de hidrocarburos, obtenidas con la combinación de bajos impuestos y la reinversión de los beneficios en el exterior, para reducirlos aún más al Fisco, al mantenerlas repatriando ganancias.

Allen Dulles, exdirector de la CIA y su segundo, el general Charles Cabell, fueron los primeros a quienes JFK les pasó la cuenta por Playa Girón. Earle Cabell, hermano del general, era alcalde de Dallas y también enemigo de los Kennedy. Fue él quien desvió la fatal caravana, forzándola a hacer una maniobra en Z, so pretexto de ver de cerca a Kennedy para revertir el rechazo de esa población a las medidas sociales del gobierno federal. En la práctica facilitó la tarea de los asesinos con esa marcha a 17 km por hora. El hombre de la sombrilla en la filmación de Zapruder se supone era Bosch, quien avisaba, levantándola, que venía JFK.



Otro importante asistente a la reunión calificada de "celebración anticipada", fue Richard Nixon, quien perdió con JFK la posibilidad de ser presidente de Estados Unidos en 1960. Dirty Dick dijo al FBI que no recordaba dónde estaba ese día. (3) Pero tuvo que admitir lo contrario cuando le mostraron el diario Dallas Morning News de la fatídica fecha, donde Nixon retaba a Kennedy, lo inducía a recorrer la peligrosa Dallas en un auto descapotado, diciendo que él, Nixon, estaba allí solo y no necesitaba ninguna protección como la que tenía JFK. George Bush (padre), también clama que no puede recordar dónde estaba el 22 de noviembre, pero Jack Anderson dice tener pruebas de que estaba detrás del "montículo de hierba" desde donde provino uno de los disparos. Además, Hoover envió un memo a George Bush en la CIA, donde le pide que controle los festejos de los cubanos de Miami por la muerte de Kennedy.

No es ocioso recordar que el diario Dallas Morning News, es el que culminó su campaña de odio el 22 de noviembre de 1963 con una incitación al crimen: la foto a toda plana de Kennedy como las de los delincuentes, con la leyenda "Buscado por traición".

La CIA, el Servicio Secreto, el FBI, organismos de seguridad de la nación, cuya protección del Presidente fue criticada por el Comité de la Cámara, debían tener en cuenta estos "descuidos" culposos para al cabo de 50 años, dejar de continuar oponiéndose a desclasificar esos miles de documentos de la CIA que podrían develar el misterio, precisamente "por motivos de seguridad". Eso es demasiado poco serio para una potencia mundial que se respete.

(1) Gaeton Fonzi, The Last Investigation, 1993 (páginas 380-390)
(2) Granma 14 de octubre de 2013
(3) Memorandum del FBI, Feb. 23, 1964, publicado en Coup d’etat in America.Weberman & Ca

24 nov 2013

Previo al VI Congreso extraordinario del Frente Amplio algunos sectores buscan marcar perfil

FRENTE AMPLIO
Previo al VI Congreso extraordinario del Frente Amplio algunos sectores buscan marcar perfil
22.11.2013
MONTEVIDEO (Uypress) — Este fin de semana , 23 y 24, se realiza en VI Congreso extraordinario del Frente Amplio que tiene dos temas principales, el programa de esa fuerza política para el periodo 2015 — 2020 y la aprobación de las precandidaturas.
En cuanto a las precandidaturas los nombres que se propondrán en el Congreso serán los del ex Presidente Tabaré Vázquez y los de la senadora Constanza Moreira. Hay un acuerdo unánime de todos los sectores políticos y de los representantes de las bases para que los dos nombres puedan competir en igualdad de condiciones. Así lo confirmó la votación del último Plenario Nacional del FA que, en una sola moción, incluyó los nombres de ambos precandidatos como propuesta oficial al Congreso.

Exactamente con la misma lógica los documentos que constituyen el nuevo programa del FA fue elaborado por más de 800 técnicos de todos los sectores durante meses de trabajo. El documento oficial así propuesto fue aprobado por el Plenario Nacional del FA y también por unanimidad de sectores y bases.

Para el FA es un hito político haber logrado un consenso interno total en temas programáticos. El clima político interno, el nivel de armonía superó por lejos los duros debates de congresos anteriores. Se recuerdan las notorias diferencias del anterior Congreso de 2009 donde las posiciones fueron muy importantes.

Este Congreso, llamado 'Hugo Cores', en homenaje a uno de los referentes del FA parece ir con un camino allanado tanto en la forma como en el fondo de dos cuestiones que siempre genera rispideces como lo son el programa y el candidato.

Perfiles

El Congreso del Frente Amplio tiene la particularidad de que es solo de las organizaciones de base. En él no participan los sectores. La discusión del documento programático se llevó adelante hasta este jueves por cada comité de base de esa fuerza.

Las posiciones que se tomen en el Congreso deberán representar lo discutido en las asambleas de los comités y los delegados al Congreso, algo más de 1400, deberán llevar posiciones que reflejan lo discutido y aprobado en su comité.

En esta coyuntura política interna, luego de los acuerdos consensuados y aprobados por unanimidad en los Plenarios Nacionales, apareció un documento en paralelo elaborado el MPP, el Partido Comunista, el Frente Unido, Compromiso Frenteamplista y Liga Federal. Su título es 'Énfasis programáticos 2015-2020'.

Si bien su redacción no contiene detalles y medidas específicas que contradigan el documento oficial, que fue aprobado por todos estos sectores que publicaron este documento en paralelo, marca la intención de sobresalir de lo ya acordado para darle un perfil a este grupo de sectores.

Desde filas del FLS, cuyo vocero fue Esteban Valenti, se caracterizó a este documento en paralelo como 'una operación electoral para diferenciarse y buscar un perfil propio para confrontar hacia el Congreso'.

Valenti cuestionó el estilo y forma y preguntó '¿por qué no se conversó con todos los grupos del FA previamente? ¿Por qué se excluyó a dos grupos?, en referencia al FLS y al Partido Socialista.

Valenti opinó que esta presentación de un documento paralelo no se trata de un descuido y que si 'ocho grupos deciden promover, no en el Congreso, sino de forma pública, en la prensa, un documento programático (...) si este es el giro a la izquierda, vamos mal, muy mal, es sacar la mano hacia una supuesta izquierda, gritar fuerte por la ventanilla de la izquierda e ir hacia el desorden y el entrevero'.

Por su parte Enrique Rubio del Frente Unido abogó por ese documento paralelo en declaraciones a El País y sostuvo que la acusación de perfilismo 'es totalmente exagerada'.

Por su parte otro representante del Frente Unido, también en la nota de El País que realizó Valeria Gil, dijo 'todos los sectores tienen derecho a juntarse para dar su opinión y no tienen que pedirle permiso a Valenti para juntarse'.

Por su parte el senador comunista Eduardo Lorier negó que exista perfilismo y sostuvo que 'Tenemos todo el derecho los grupos que hicimos este documento en subrayar algunos aspectos de programa...'.

Por su parte el Director General del MEF, el socialista Pedro Apezteguía, según consta en la nota citada dijo que 'el documento presentado tiene elementos 'disonantes respecto a lo ya aprobado por el Plenario del FA. El Partido Socialista apoya lo que surge del Plenario del FA y esa es la actitud que va a tener el PS en el Congreso del Frente", sentenció.

Cómo EEUU chantajeó a Ecuador para lograr inmunidad para sus militares

Cómo EEUU chantajeó a Ecuador para lograr inmunidad para sus militares



Publicado el 11/23/13
La preocupación de George Bush, entonces presidente de EE.UU., radicaba en que sus soldados podían ser juzgados en el tribunal de La Haya por crímenes de guerra y violaciones a los derechos humanos cometidas, en lo que Bush llamó “guerra mundial contra el terror”.

Estados Unidos presionaba en 2004 al Ecuador para que firme acuerdos cuya finalidad era evitar que el país suramericano denuncie a soldados estadounidenses en la Corte Penal Internacional sin previa la autorización del gobierno del país del norte, revela un cable de Wikileaks fechado el 17 de noviembre de 2004, al que tuvo acceso la Agencia Andes.La revelación surge cuando en un momento en que el actual embajador de EE.UU. en Quito, Adam Namm, saltó nuevamente a la palestra por su injerencia en la política interna del Ecuador.

La preocupación de George Bush, entonces presidente de EE.UU., radicaba en que sus soldados podían ser juzgados en el tribunal de La Haya por crímenes de guerra y violaciones a los derechos humanos cometidas, en lo que Bush llamó “guerra mundial contra el terror”.

La medida de presión consistió en condicionar entrega de artículos militares como helicópteros y mejoras a los armamentos hasta cuando se obtuvieran los acuerdos firmados.

“Los artículos caros, tales como las mejoras A-37 para [la defensa de la base aérea] y helicópteros adicionales… no comienzan hasta que lleguemos a un acuerdo”, confirma este documento revelado por Wikileaks.

El cable, emitido por la entonces embajadora de EE.UU. en Ecuador, Kristie Kenney, afirma que para su país es imprescindible la firma de Acuerdos Bilaterales Relativos al Artículo 98. “Conscientes de que el aumento de los despliegues de fuerzas (militares) de EE.UU. en todo el mundo hace que la firma del Artículo 98 con Ecuador sea imprescindible, estamos llevando a cabo un nuevo ataque”, dice el cable.

En Ecuador en esa época estaba en funciones el gobierno de Lucio Gutiérrez, quien estuvo a punto de otorgar inmunidad a los militares de Estados Unidos en territorio ecuatoriano, pero estos acuerdos se truncaron en 2005 con la destitución del exmandatario luego de una serie de levantamientos sociales iniciados en Quito.

Pero al gobierno del coronel en retiro también le hizo falta operar en una mayoría legislativa; él mismo definió a su situación en una serie de cables en los que le había dicho al ex Secretario de Defensa de los Estados Unidos, Donald Rumsfeld, que en principio él estaba de acuerdo con la firma del Acuerdo sobre el Artículo 98, pero que era un “tema sobre el cuál era difícil convencer, sobre todo a la legislatura izquierdista”, y que “[é]l necesitaría una compensación importante para proceder”.

Para lograr este objetivo –según el cable 04QUITO3028-, la administración Bush utilizó como mecanismos de presión la preparación a los militares ecuatorianos en la Escuela de las Américas, a presentadores de noticias y periodistas locales, líderes militares que cabildeen en favor de la tesis de los EE.UU., entre otros.

La presión militar

Según reporta ese cable, la presión se iba a ejercer inicialmente a nivel militar. Kennney vio con buenos ojos la designación del actual opositor Mauricio Pozo como embajador de Ecuador en Washington pues esto abría la posibilidad de apalancar el interés de la milicia ecuatoriano de recibir apoyo de los EE.UU. “He sugerido a los líderes militares de Ecuador que cabildeen al mismo tiempo ante su nuevo enviado en pro de avance en relación al Acuerdo sobre el Artículo 98”.

Para la embajadora Kenney, el entrenamiento militar internacional –en la Escuela de las Américas- “representa tal vez la manera más rentable de influenciar a las Fuerzas Armadas del Ecuador”.

Un cable posterior reiteró esta preocupación diciendo: “Las sanciones, especialmente aquellas que restringen las oportunidades de entrenamiento en los Estados Unidos nos están costando influencia con los militares ecuatorianos”.

Ya en la era del ex presidente Alfredo Palacio, posicionado por el Congreso luego de la destitución de Lucio Gutiérrez, la nueva embajadora estadounidense, Linda Jewell, da cuenta de una pérdida no intencional de influencia de EE.UU. en el Ecuador. “Estamos arriesgando nuestra influencia sobre toda una generación de oficiales [militares]”, escribió.

Por decisión política del actual gobierno del Ecuador, los militares ya no van a preparase a la Escuela de las Américas. De hecho, según confirmó la ministra de Defensa, María Fernanda Espinosa, la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) preparará a sus milicias en una escuela creada por este organismo regional.

Los “banqueros corruptos” eran canjeables

En el texto de los cables, Kenney abrió la posibilidad de que EE.UU. pueda canjear a alguno de los banqueros sentenciados por la justicia ecuatoriana que fugaron después de llevarse los depósitos de millones de ciudadanos del país suramericano. “Un ‘entregable’ o dos pueden ayudar también en la lucha por el Acuerdo sobre el Artículo 98”, escribió la entonces embajadora.

“Creemos que nuestro paquete de ayuda que ya de por sí es significativo, pero reconociendo la utilidad de contar con entregables, deliberamos internamente sobre cómo presentar y maniobrar programas existente para obtener el máximo beneficio político”, dice el cable.

La prensa, un vehículo de presión al gobierno

En otro cable, fechado el 26 de noviembre de 2004, la embajadora confirma la necesidad de la diplomacia norteamericana de convocar a periodistas y presentadores para generar una suerte de diplomacia personal y educación en medios. Su idea era organizar “una serie de mesas redondas con periodistas interesados, con la esperanza de corregir las percepciones erróneas sobre el Artículo 98 (…) un posible programa para visitantes internacionales para pensadores (think tankers) y para personajes televisivos (talking heads) cuyo apoyo será vital cuando llegue el momento de la ratificación (y que ahora nos están criticando)”.

En aquel tiempo, los principales presentadores de noticias, entrevistadores y generadores de opinión en televisión en el país eran Jorge Ortiz y Carlos Vera, quienes trabajaban para Teleamazonas –el medio vinculado al Banco Pichincha- y Ecuavisa, respectivamente. Vera ha sido candidato por el ultraderechista Partido Social Cristiano, aunque no ha logrado ningún cargo de elección popular.

Lucio Gutiérrez pidió compensación a los EE.UU. para permitir la inmunidad

En una serie de cables el entonces presidente del Ecuador, Lucio Gutierrez, le había dicho al ex Secretario de Defensa de los Estados Unidos, Donald Rumsfeld, que en principio él estaba de acuerdo con la firma del Acuerdo sobre el Artículo 98, pero que era un “tema sobre el cuál era difícil convencer, sobre todo a la legislatura izquierdista”, y que “[é]l necesitaría una compensación importante para proceder”.

En la época en que Gutiérrez gobernaba en la nación suramericana, un miembro de seguridad de la embajada de los Estados Unidos, Samuel Peter Karmilowicz, asesinó al ciudadano ecuatoriano Pablo Vicente Jaramillo, según el informe entregado por la Policía.

Los agentes de la PJ determinaron que la pistola ´Sig Sauer´ calibre 9 mm, de propiedad del diplomático Karmilowicz, “es el arma de fuego con la cual ha victimado a Pablo Jaramillo”. Además, indicó que Jaramillo falleció por una “hemorragia aguda interna, laceración en su intestino selgado y la arteria aorta, debido al impacto del proyectil”. El auto que conducía Karmilowicz chocó contra el taxi en el que iba el ecuatoriano. El policial concluye que el joven se bajó del vehículo, le dio un golpe al diplomático y éste reaccionó disparándole

23 nov 2013

El acto final de Kennedy: acercarse a Cuba




Medio siglo del magnicidio
El acto final de Kennedy: acercarse a Cuba


John F. Kennedy viajaba con su esposa cuando fue tiroteado, el 22 de noviembre del
Peter Kornbluh


Viernes 22 de noviembre de 2013
El aniversario número 50 de la muerte violenta del presidente estadunidense John F. Kennedy nos arroja un secreto largamente guardado: tras el asesinato en Dallas, Fidel Castro envió un mensaje por canales discretos a Washington pidiendo reunirse con la comisión oficial que investigaba el magnicidio, para disipar los crecientes alegatos de que Cuba era la responsable. La comisión, encabezada por el presidente de la Suprema Corte de Justicia estadunidense, Earl Warren, envió a uno de sus abogados, el afroestadunidense William Coleman, en misión clandestina para reunirse con el líder cubano en un bote en el Caribe.
Coleman contó en entrevista al reportero de investigación Philip Shenon, la primera relacionada con esta reunión ultrasecreta, que hablaron durante tres horas. Pese a presionar al líder cubano en torno a los vínculos de Lee Harvey Oswald con Cuba y a su misteriosa visita a la embajada cubana en México antes del asesinato, Coleman informó a Warren: no encontré nada que me hiciera suponer que haya pruebas de que él [Castro] lo hizo. De hecho, pese a Playa Girón, la crisis de los misiles, los complots para asesinar gente en Cuba y el embargo comercial, Castro insistió en que admiraba al presidente Kennedy.

Secretos y teorías conspirativas
En Estados Unidos, el aniversario de la muerte del joven presidente ha generado una cobertura masiva en los medios: documentales especiales para la televisión, una oleada de libros y artículos nuevos, un nuevo filme hecho en Hollywood. Inevitablemente, surgen nuevas teorías que discuten una vez más las posibles conspiraciones relacionadas con quién mató a Kennedy y por qué. La Comisión Warren concluyó que Oswald, solitario enloquecido que se declaraba marxista, actuó solo cuando disparó al presidente. Pero el sigilo del gobierno estadunidense, en particular que la CIA retuviera información de sus esfuerzos ultrasecretos por asesinar a Castro, y de la vigilancia que ejerció sobre Oswald cuando visitó la ciudad de México (protegiendo sus operaciones de colecta de información de inteligencia en México), levantó sospechas de que alguien encubría algo. La Casa Blanca tampoco compartió detalles extraordinarios, como que la actitud de Kennedy hacia Cuba tuvo un giro significativo, siendo Cuba un país central en cualquier discusión histórica del impactante asesinato del presidente en Dallas.
Casi inmediatamente después del asesinato cometido el 22 de noviembre de 1963, los enemigos de la revolución cubana comenzaron a plantar acusaciones de que el pro castrista Oswald había conspirado con Cuba para matar al presidente. En Nueva Orleáns, donde Oswald creó el comité Juguemos Limpio con Cuba (de un solo miembro), un grupo de exiliados con respaldo de la CIA, llamado Directorio Revolucionario Estudiantil (Revolutionary Student Directorate), publicó un boletín el 23 de noviembre con un retrato de Castro junto a una foto de Oswald. Seis días después del asesinato, el director de la CIA, John McCone, informó al nuevo presidente, Lyndon Johnson, que un agente de inteligencia nicaragüense en México, Gilberto Alvarado, había advertido a nuestra estación [en México] con gran detalle sobre el supuesto hecho de que el 18 de septiembre vio a Oswald recibir 6 mil 500 dólares en la embajada cubana en la ciudad de México. Alvarado aseguraba que el dinero era el pago por matar al presidente.
La CIA sospechó de inmediato de la credibilidad de esta información porque la FBI tenía pruebas concretas de que Oswald estaba en Nueva Orleáns el 18 de septiembre; los documentos de inmigración mostraban que no había viajado a México hasta el 26 de septiembre. Alvarado fue retenido en una casa de seguridad de la CIA y luego entregado a las autoridades mexicanas para que lo siguieran interrogando. Éste no pasó la prueba del polígrafo de esa agencia y se retractó de sus afirmaciones. De acuerdo con el informe ultrasecreto de la CIA El asesinato del presidente Kennedy, Alvarado admitió ante autoridades mexicanas que su relato era una fabricación diseñada para provocar que Estados Unidos sacara a Castro de Cuba a patadas.
Castro también observaba ocurrir una conspiración, muy diferente. El 23 de noviembre transmitió una declaración por la radio cubana en la que calificaba el asesinato de Kennedy de conspiración maquiavélica contra nuestro país, que buscaba justificar de inmediato una agresiva política contra Cuba... construida con la sangre aún tibia y el cuerpo insepulto de su presidente, trágicamente asesinado. Oswald, declaró Castro, pudo haber sido un instrumento de los sectores más reaccionarios que han estado tramando esta siniestra conspiración, y que pueden haber planeado el asesinato de Kennedy por estar en desacuerdo con su política internacional.
Al momento en que ocurría esa dramática declaración, Castro sabía algo de la política internacional de Kennedy que el resto del mundo no supo: en los días que lo asesinaron, el presidente estadunidense exploraba activamente un acercamiento con Cuba y trabajaba en secreto con Castro para instaurar negociaciones secretas con el fin de mejorar las relaciones. En noviembre de 1963, Cuba no tenía razones para asesinar a Kennedy porque estaba involucrada en la creación de una diplomacia por canales secretos que hubiera podido conducir a la normalización de relaciones. En el mismo momento en que se cometió el asesinato, Castro sostenía una reunión con un emisario que Kennedy había enviado a La Habana en misión de paz.

Pláticas secretas Cuba-EU
Las conversaciones entre Cuba y Estados Unidos comenzaron, irónicamente, tras un flagrante acto de agresión de Washington: la invasión paramilitar de Playa Girón. Después de la victoria cubana sobre una incursión armada que contó con apoyo de la CIA, el presidente y su hermano Robert Kennedy enviaron al abogado James Donovan para negociar la liberación de más de mil miembros de la incursión que fueron capturados. Durante el curso de varias sesiones de negociación en el otoño de 1962, Donovan gestionó un arreglo para abastecer la isla con 62 millones de dólares en alimentos y medicinas a cambio de la liberación de los prisioneros. Este hombre no sólo obtuvo la libertad de los prisioneros, sino la confianza de Fidel Castro.
En la primavera de 1963, Donovan regresó a La Habana varias veces para negociar con Castro la liberación de dos docenas de estadunidenses –tres de ellos agentes de la CIA– encarcelados en prisiones cubanas bajo los cargos de espionaje y sabotaje. Durante el curso de estas reuniones, por vez primera Castro planteó el punto de la restauración de relaciones. Dada la acrimonia y la hostilidad de lo ocurrido en el pasado reciente, cómo podrían Estados Unidos y Cuba proceder con el asunto, preguntó a Donovan.

Lee Harvey Oswald, quien según la pesquisa oficial disparó al presidente
¿Sabe cómo hacen el amor los puercoespines?, respondió Donovan. Con sumo cuidado. Y es así como ustedes y Estados Unidos deberían proceder con este asunto.
Cuando el informe de Donovan sobre el interés de Castro en sentarse a conversar para normalizar relaciones llegó al escritorio de Kennedy, la Casa Blanca comenzó a considerar la posibilidad de un enfoque dulce hacia Castro. Los ayudantes de mayor rango argumentaron que Estados Unidos debía exigir a Castro que dejara atrás sus relaciones con los soviéticos como precondición de cualquier plática. Pero el presidente se impuso; ordenó a sus asistentes más cercanos que comenzaran a pensar en términos más flexibles al negociar con Castro, y dejó claro, según algunos documentos desclasificados de la Casa Blanca, que se mostró muy interesado en proseguir en esta opción.
En abril de 1963, en su último viaje a Cuba, Donovan presentó a Castro con una corresponsal de ABC News, Lisa Howard, que había viajado a La Habana a realizar un especial televisivo sobre la revolución cubana. Howard remplazó a Donovan como interlocutora central en este prolongado esfuerzo secreto por entablar unas primeras conversaciones serias, frente a frente, para mejorar las relaciones. A su regreso de Cuba, la CIA se reunió con ella en Miami y la interrogó acerca de si había un claro interés de Castro en el mejoramiento de las relaciones. En un memorando ultrasecreto que llegó al escritorio del presidente, el director adjunto de la CIA, Richard Helms, informó: en definitiva Howard quiere impresionar al gobierno estadunidense con dos datos: Castro está listo para discutir un acercamiento y ella está lista para discutir el asunto con él si se lo pide el gobierno de Estados Unidos.
Como era de esperarse, la CIA se opuso tajantemente a cualquier diálogo con Cuba. La agencia tenía la autoridad institucional para proseguir con sus esfuerzos de frenar la revolución por medios encubiertos. En un memorando apresurado que fue enviado a la Casa Blanca el primero de mayo de 1963, el director de la CIA, John McCone, solicitó que no se diera por el momento ningún paso en el acercamiento, y apremió a que Washington fuera lo más limitado en sus discusiones en torno a un proceso de arreglo con Castro.
Pero en el otoño de 1963, Washington y La Habana activamente emprendieron pasos hacia unas negociaciones reales. En septiembre, Howard utilizó una fiesta en su casa de Manhattan, en la calle 74 Este, como cobertura para la primera reunión entre un funcionario cubano (el embajador ante Naciones Unidas Carlos Lechuga) y un funcionario estadunidense (el embajador adjunto ante la ONU William Attwood).
Attwood dijo a Lechuga que por lo menos había interés de la Casa Blanca en las conversaciones secretas, si existía algo de lo cual hablar. También apuntó que la CIA maneja la política con Cuba. Tras la reunión, Castro y Kennedy utilizaron a Howard como intermediaria para comenzar a pasar mensajes en torno a los posibles arreglos para efectuar una sesión de negociaciones entre ambas naciones.
El 5 de noviembre, el sistema de grabaciones secretas de la Oficina Oval de Kennedy registró una conversación con su asesor en seguridad nacional, McGoerge Bundy, sobre si enviar a William Attwood (que en ese momento servía como adjunto del embajador estadunidense Adlai Stevenson en Naciones Unidas) a reunirse en secreto con Castro.
Bundy dijo al presidente: Attwood tiene ahora una invitación para ir a hablar con Castro acerca de condiciones y términos bajo los cuales estaría interesado en discutir sus relaciones con Estados Unidos. Se escucha al presidente acceder a la idea, pero pregunta si es posible sacar a Attwood de la nómina antes de que vaya, para sanearlo, haciéndolo ver como un ciudadano cualquiera en caso de que se filtrara el rumor de la reunión secreta.
El 14 de noviembre, Howard arregló que Attwood fuera a su casa y hablara vía telefónica con el asistente principal de Castro, René Vallejo, buscando obtener la agenda de los cubanos para una reunión secreta en La Habana con el comandante cubano. Vallejo accedió a transmitir una propuesta al embajador Lechuga, quien informaría a los estadunidenses. Cuando Attwood pasó esta información a Bundy en la Casa Blanca, éste le dijo: cuando reciba la agenda, el presidente querrá verme en la Casa Blanca para decidir qué decir y si hay que ir [a la isla] o cómo proceder.
Eso fue el 19 de noviembre, recuerda Attwood. Tres días antes del asesinato.

El acto final de Kennedy
Pero Kennedy también envió a Castro otro mensaje de potencial reconciliación. Su emisario, el periodista francés Jean Daniel, se reunió con Kennedy en Washington para discutir el asunto Cuba. El presidente le dio un mensaje para Fidel Castro: son posibles mejores relaciones, y ambos países deben trabajar para poner fin a las hostilidades. El 22 de noviembre Daniel pasó ese mensaje a Castro, y los dos lo discutían con optimismo en el almuerzo cuando Castro recibió una llamada telefónica informando que le habían disparado a Kennedy. Esto es terrible, dijo Castro a Daniel, dándose cuenta de que su misión se había abortado por la bala de un asesino. Ahí quedó tu misión de paz.
Entonces Castro predijo con precisión: van a decir que nosotros lo hicimos.
Entre las controversias que continúan en torno a posibles teorías conspirativas, lo que se pierde en la discusión histórica del asesinato es que el último acto de Kennedy como presidente fue acercarse a Castro y ofrecer la posibilidad de una relación bilateral diferente entre La Habana y Washington. Cincuenta años después, el potencial que Kennedy avizoró, en relación con una coexistencia entre la revolución cubana y Estados Unidos, tiene todavía que cumplirse. Como parte de la conmemoración de su legado, debemos recordar, reconsiderar y revisar su visión de un cese de hostilidades en el Caribe.
Peter Kombluh dirige el Proyecto de Documentación sobre Cuba en el Archivo de Seguridad Nacional en Washington y es coautor, con William LeoGrande, del libro de próxima aparición Talking with Cuba: The hidden history of diplomacy between the United States and Cuba
(Traducción: Ramón Vera Herrera)