12 ene 2015

El escenario europeo después de Charlie Hebdo

Las movilizaciones en Francia, en repudio al atentado a la revista Charlie Hebdo, fueron elocuentes: más de 100 mil personas movilizadas en diversas ciudades condenando este hecho, y defendiendo la libertad de prensa bajo la premisa “Je suis Charlie” -“Yo soy Charlie”-. Algunas primeras reflexiones del impacto que puede tener el lamentable atentado contra la revista Charlie Hebdo en el convulsionado panorama europeo:

JM KARG / 

FRANCIA ATENTADO HEBDO
JUAN MANUEL KARG / REBELION 
a) Atención al posible fortalecimiento de opciones de “derecha dura” en el escenario político francés. La impostura de Marine Le Pen, apenas 2 hs después de los lamentables hechos, con su “nos han declarado la guerra”, simboliza un ´ad hoc´ para justificar acciones futuras inciertas. A ello, la hija del tristemente célebre Jean-Marie Le Pen le sumó, además, una escenografía ´pre-electoral´, con banderas francesas de fondo, simulando representar a todo un país. Le Pen había sido ´dañada´ por la reaparición de Sarkozy -una derecha más moderada, pero derecha al fin- en la vída política francesa.
b) En Grecia también puede haber un intento de ´aprovechar´ esta dolorosa circunstancia: Samaras, el primer ministro que no pudo instalar su candidato a presidente en el parlamento, ya afirmó: “Ha habido una masacre en París, pero algunos aquí invitan a más inmigrante ilegales”. La referencia implicita es para Syriza, una opción que podría vencer en las elecciones del 25/1, en caso que las actuales encuestas persistan en sus números y se corone esa intención de votos. Samaras busca quebrar esa opción, y ve en esta lamentable situación una ´oportunidad´ para atacar a Tsipras por otro nuevo flanco. La “campaña del miedo” que se ha iniciado en Grecia se produce cuando restan apenas dos semanas para las elecciones que pueden cambiar el rumbo de ajuste desarrollado por Samaras. Por asociación, los partidos tradicionales españoles -PP y PSOE- pueden intentar también descargar similares argumentos al de Samaras sobre el ascendente Podemos, que dicho sea de paso se podría fortalecer con un hipotético triunfo de Syriza, en caso de que el movimiento griego soporte los embates que se vendrán en estas semanas.
c) En Alemania, las últimas semanas se viene observando un crecimiento del movimiento xenófobo Pegida, que significa “Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente”, con una ampliación de sus movilizaciones que se iniciaron en Dresde -y también, claro, un aumento de detractores, en una polarización creciente que también ha provocado ´contramarchas´-. Los analistas del Viejo Continente ya hablan de una “islamofobia” que puede extenderse a otros países, como Noruega. ¿Qué lección se puede sacar de lo sucedido en París en relación a esto? No se debe confundir el fundamentalismo con el Islam. Por un hecho puntual -que debe ser juzgado con todo el rigor de la ley, no hace falta aclararlo- no se puede condenar a 1.200 millones de personas. Los medios masivos de comunicación tienen responsabilidad en poder frenar esa condena general: evitar una posible ´cacería de brujas´ sobre pueblos enteros, ni más ni menos.
d) ¿A quién favorecen estas acciones? ¿Quién se beneficia? La extensión de ISIS fue patrocinada anteriormente por las grandes potencias occidentales -algo que denunció hasta la propia Hillary Clinton recientemente-. Y atentados previos fueron utilizados de manera ´non sancta´ por los poderes fácticos: recordar Atocha y la teoría ´ETA´ que propagó el gobierno de José María Aznar, algo que después quedó refutado por las investigaciones. Habrá que esperar horas -y probablemente días y meses- para entender el contexto global de estos hechos, sus repercusiones empíricas, y las implicancias políticas en un Viejo Continente convulsionado por políticas económicas desiguales. Grecia, en sólo dos semanas, será el primer termómetro electoral post Charlie Hebdo. ¿Se verificará allí el impacto real de estos hechos o tendrán nula incidencia? Está por verse.
@jmkarg

Barack Obama puede poner fin a las sanciones económicas contra Cuba

Desde 1996 y la adopción de la ley Helms-Burton, el Congreso de los Estados Unidos es el único que puede levantar el estado de sitio contra Cuba. Pero el Presidente Obama puede obligarlo a hacerlo…

Salim Lamrani
Salim Lamrani
Doctor en Estudios Ibéricos y Latinoamericanos de la Universidad Paris IV-Sorb
Barack Obama puede poner fin a las sanciones económicas contra Cuba.
Desde la adopción de la ley Helms-Burton en 1996 –una aberración jurídica por su carácter extraterritorial y retroactivo que agrava las sanciones económicas contra la población cubana–, el Presidente de Estados Unidos ya no dispone de la facultad ejecutiva para poner término al estado de sitio económico anacrónico, cruel y contraproducente –según las palabras del propio Barack Obama. En efecto, sólo el Congreso puede poner fin a una política hostil condenada por la inmensa mayoría de la comunidad internacional, la opinión pública estadounidense, la comunidad cubana de Florida y sobre todo el mundo de los negocios de Estados Unidos.
La Cámara de comercio de Estados Unidos, que representa el mundo de los negocios y cerca de tres millones de empresas, exhortó a los responsables políticos, tanto al Gobierno como al Congreso, a que adoptaran una nueva política hacia La Habana. Según su presidente Thomas Donohue, “ Es tiempo de eliminar las barreras políticas que se establecieron hace mucho tiempo y borrar nuestras diferencias. Eso está en el interés del pueblo americano y de las empresas americanas”. [1]
En su alocución histórica del 17 de diciembre de 2014 que anunció el restablecimiento de las relaciones con Cuba tras más de medio siglo de ruptura, el presidente estadounidense lanzó un llamado al Congreso para que optara por un nuevo enfoque hacia La Habana. “Animo al Congreso a que abra un debate serio y honesto sobre el levantamiento del embargo”, declaró Obama. [2]

¿La solución? Autorizar el turismo ordinario

En realidad, el presidente Obama dispone de un medio bastante simple para acelerar el fin del estado de sitio económico que afecta a todas las categorías y todos los sectores de la sociedad cubana y que constituye el principal obstáculo para el desarrollo de la isla. Basta con que permita a los ciudadanos estadounidenses que viajen a Cuba como turistas ordinarios. En la actualidad los ciudadanos de Estados Unidos pueden viajar a cualquier país de mundo, incluso a China, Vietnam o Corea del Norte, pero su Gobierno todavía no les permite que descubran la isla del Caribe.
Al romper esta barrera que separa a ambos pueblos, Barack Obama permitiría, según las estimaciones, que más de un millón de turistas estadounidenses viajasen a Cuba el primer año. Esta cifra superaría los cinco millones de personas anuales al cabo de cinco años, pues Cuba es un destino natural por razones históricas y geográficas evidentes. Así, se abriría un inmenso mercado para las compañías aéreas estadounidenses, la industria del transporte o las agencias de viajes, sin hablar de los demás sectores vinculados al turismo masivo. Hoy sólo 90.000 ciudadanos estadounidenses –fuera de los cubanoamericanos– visitan Cuba cada año por razones profesionales, académicas, culturales, humanitarias o deportivas, en el marco de licencias concedidas por el Departamento de Estado. [3]
El flujo masivo de turistas a Cuba sería desde luego benéfico para la economía cubana, cuyos recursos dependen en gran parte de este sector, pero también para la economía estadounidense. En efecto, los productores agrícolas estadounidenses serían también los grandes ganadores de un reinicio del turismo entre ambas naciones y se les solicitaría para alimentar a los millones de nuevos visitantes, ya que Cuba importa la mayor parte de sus materias primas alimenticias.
Con la autorización del turismo ordinario hacia Cuba, el mundo de los negocios no dejaría de presionar a los miembros del Congreso, cuya carrera política depende en gran parte de los financiamientos privados que reciben por parte de las empresas, para que pusieran definitivamente término a las sanciones económicas contra Cuba, que lo priva de un mercado natural de 11,2 millones de habitantes y potencialmente de 10 millones de turistas procedentes de todo el mundo. Efectivamente, Cuba acaba de superar los tres millones de turistas en el año 2014.
En un primer tiempo, el Presidente Obama podría dar órdenes al Departamento del Tesoro para que no persiguiera a los ciudadanos estadunidenses que viajan a Cuba fuera del marco definido por la administración, ya que las sanciones económicas que se aplican a los que se arriesgan a hacer un viaje sin permiso, a través de Canadá o México, son bastante disuasorias. Ello tendría como efecto flexibilizar los viajes turísticos a Cuba y –sobre todo – reparar una anomalía jurídica en la medida en que esta prohibición viola la Constitución de Estados Unidos que defiende el derecho de moverse libremente.
Así, Barack Obama dispone de un margen de maniobra suficiente para llevar al Congreso de Estados Unidos a poner término a unas sanciones económicas que suscitan el oprobrio por parte de la comunidad internacional y que han aislado a Estados Unidos en América Latina. El pueblo cubano pero también el pueblo estadounidense serían los principales beneficiarios de un restablecimiento de las relaciones económicas, comerciales y financieras normales entre ambas naciones.

La nueva Santa Cruzada



La matanza perpetrada en las oficinas de la publicación satíricaCharlie Hebdo, en París, sigue despertando asombro entre los analistas y cronistas del mundo entero. Mientras la prensa francesa denuncia a coro el terrorismo islamista, observadores de otros países –como Manlio Dinucci, en el diario italianoIl Manifesto– ven en ese crimen una manipulación orquestada por los servicios secretos occidentales.

 | ROMA (ITALIA)  

JPEG - 19.3 KB
Se mueven y disparan como verdaderos comandos. Nada de ráfagas, para no desperdiciar municiones. Sólo uno a dos disparos para cada víctima, como el policía ya herido y ultimado en el suelo de un solo tiro por el asesino que pasa a su lado, vuelve al automóvil y, antes de abordarlo, recoge con toda calma un zapato deportivo –que habría podido servir de prueba mediante un análisis de ADN.
Sin embargo, cuando esos mismos individuos, después de haber dado muestras de una preparación digna de un comando de fuerzas especiales, cambian de vehículo, «olvidan» en el primer auto –según la versión de la policía– un documento de identidad. Y así firman oficialmente el atentado. En pocas horas, el mundo entero conocerá sus nombres y sus biografías: «dos delincuentes de poca monta, radicalizados, conocidos de la policía y los servicios de inteligencia franceses».
Ante los hechos que están siendo definidos como «el 11 de septiembre de Francia», no podemos menos que recordar lo sucedido en el momento del 11 de septiembre estadounidense, cuando –sólo unas horas después del atentado contra las Torres Gemelas– rápidamente circulaban los nombres y biografías de las personas designadas como autores de los hechos y miembros de al-Qaeda. También en Estados Unidos, en el momento del asesinato del presidente Kennedy, el presunto asesino fue descubierto de inmediato. Y lo mismo sucedió en Italia, con la masacre de la Piazza Fontana. Resulta por lo tanto legítima la sospecha de que, detrás del atentado perpetrado en Francia, pueda estar el largo brazo de los servicios secretos.
Los dos presuntos autores de la matanza de París, si son ciertas sus biografías, pertenecen al mundo subterráneo creado por los servicios secretos occidentales –incluyendo los de Francia– que en 2011 financiaron, entrenaron y armaron en Libia diversos grupos islamistas, que poco antes eran calificados de terroristas.
Entre esos grupos se hallaban precisamente los primeros núcleos del futuro Emirato Islámico y los servicios secretos occidentales les proporcionaron el armamento a través de una red organizada por la CIA –según una investigación del New York Times publicada en marzo de 2013– cuando, después de haber participado en el derrocamiento de Muammar el-Kadhafi, fueron enviados a Siria para tratar de derrocar al presidente Assad y posteriormente para atacar Irak, en el preciso momento en que el gobierno de al-Maliki se alejaba de Occidente y se acercaba a Pekín y Moscú.
El Emirato Islámico, nacido en 2013, recibe financiamiento de Arabia Saudita, Qatar, Kuwait y Turquía, países que además –al igual que Jordania– le facilitan el tránsito a través de sus territorios. Y no hay que olvidar que los países que acabamos de mencionar son todos estrechos aliados de Estados Unidos y de las demás potencias occidentales, incluyendo a Francia. Lo cual no significa que la masa de miembros de los grupos islamistas, a menudo provenientes de diferentes países occidentales, tengan conciencia de esa complicidad. En todo caso, es altamente probable que tras los terroristas se escondan agentes secretos occidentales y árabes especialmente entrenados en la realización de ese tipo de operaciones.
Aún a la espera de nuevos elementos que puedan aclarar el verdadero origen de la masacre perpetrada en Francia, resulta lógico que nos preguntemos: ¿Quién se beneficia con todo esto?
La respuesta se deduce de lo que declaró Nicolas Sarkozy, quien –cuando era presidente de Francia– fue uno de los principales artífices del respaldo a los grupos islamistas que participaron en la guerra de agresión contra Libia. Sarkozy calificó el atentado perpetrado en Francia de «guerra declarada contra la civilización, cuya responsabilidad es defenderse».
Se busca así convencer a la opinión pública de que Occidente está en guerra contra quienes quieren destruir la «civilización» –lo cual implica que es Occidente quien representa la «civilización»– y que por ello tiene que defenderse aumentando sus fuerzas militares y enviándolas a todos los lugares donde surja esa «amenaza».
Se trata así de transformar el dolor de las masas por las víctimas de la masacre en movilización a favor de la guerra. El David, cubierto en Florencia con un velo negro en señal de duelo, está llamado ahora a empuñar la espada de la nueva Santa Cruzada.

11 ene 2015

América Latina ha comenzado a librarse del control imperialista

Noam Chomsky, filósofo y activista estadounidense


Por Louisa Reynolds
Las teorías de este lingüista, filósofo y activista norteamericano son referentes desde hace medio siglo en varios campos, pero sobre todo en los del lenguaje y la crítica de la política exterior estadounidense. Sus críticas al sistema capitalista y al sistema de manipulación de masas son implacables. Aquí se enfoca en la política estadounidense y América Latina, el legado de violencia de las guerras civiles en Centroamérica, el juicio por genocidio en Guatemala y los movimientos de resistencia popular que están cambiando el balance de poder en toda la región.
Llego al despacho de Noam Chomsky en el Massachusetts Institute of Technology (MIT) unos minutos antes de la hora acordada. Mientras espero fuera de su oficina entran dos muchachos de Nueva Zelanda. “¿También vienen a entrevistar a Chomsky?”, les pregunto. “No”, me responde uno de ellos, blandiendo una copia de Control Mediático. Los Espectaculares Logros de la Propaganda. “Andamos viajando por Estados Unidos y vinimos para que nos firme este libro”. Después de unos minutos de nerviosismo, la asistente de Chomsky abre la puerta y los invita a pasar adelante.
Mientras Chomsky firma el libro en la antesala y posa para el selfie obligatorio, su asistente me dice que tome asiento en su oficina. Al pasar los escritorios de sus dos ayudantes, veo una estatuilla de un gnomo. Caricaturiza las facciones de Chomsky y tiene un letrerito que dice “Gnome Chomsky”, un juego de palabras que alude a la similitud fonética entre gnome (gnomo) y Noam en inglés.
En su oficina, en la parte superior de uno de sus libreros, hay una foto de Monseñor Romero, el obispo salvadoreño que fue asesinado por las fuerzas contrainsurgentes en 1980, con la siguiente cita: “Educar es crear un espíritu crítico y no sólo transmitir conocimientos”, y un mensaje de Crispaz, una organización religiosa salvadoreña, que le agradece al intelectual anarquista por su apoyo al movimiento salvadoreño a favor de las víctimas de la guerra civil en ese país.
Las teorías de Chomsky han revolucionado el campo de la lingüística, un marco científico que ha empleado para desarrollar sus teorías acerca de la propaganda y la manipulación de las masas a través de los medios de comunicación. Su abierta oposición a la Guerra de Vietnam en 1967 marcó el comienzo de su larga trayectoria de activismo político y, durante la década de los 80, se opuso con dureza a las intervenciones estadounidenses en Centroamérica a favor de las dictaduras militares.
Hoy, a sus 86 años, Chomsky luce relajado, afable y totalmente inconsciente de su estatus de celebridad. Cuando se van los jóvenes neozelandeses, Chomsky entra, me saluda y comenzamos la entrevista. Nuestra conversación se enfoca en la política estadounidense respecto a América Latina, el legado de violencia que dejaron las guerras civiles en Centroamérica y los movimientos de resistencia popular que están cambiando el balance de poder en toda la región. Le pregunto si ha cambiado significativamente la política estadounidense hacia América Latina desde que escribió La Intervención de los Estados Unidos en Centroamérica y la lucha por la Paz, en 1985. Chomsky cree que existe, pero que “se debe a la creciente independencia de América Latina –principalmente Suramérica, porque Centroamérica tiene un menor grado de independencia debido a su debilidad y a su proximidad con Estados Unidos–, lo cual ha sido un fenómeno bastante notable. Durante la Cumbre de las Américas (de 2012)”, continúa, “Estados Unidos y Canadá adoptaron posturas diferentes a las que manifestaron todos los demás países del hemisferio sobre una serie de temas contenciosos. Uno era Cuba y el otro era la despenalización de la droga. Eso no hubiera ocurrido hace unos años. Además, Estados Unidos no es capaz de injerir directamente como hacía antes. Con la injerencia pasada lograron desarticular, en cierta medida, los movimientos populares. En el pasado, Estados Unidos reprimió prácticamente cualquier intento de independizarse, generar justicia social y establecer gobiernos democráticos. En la actualidad, Estados Unidos tiene menos capacidad, menos necesidad de intervenir, y la región se ha vuelto más independiente.
Estados Unidos apoyó significativamente el juicio por genocidio del ex dictador guatemalteco Efraín Ríos Montt…
Creo que decir “apoyó significativamente” sería una exageración…
La embajada estadounidense en Guatemala expresó un interés en que el juicio avanzara…
Querían una conclusión rápida que no implicara a Estados ni a sus aliados. Después de todo, Ríos Montt no actuó de manera aislada. Estaba recibiendo apoyo de la administración Reagan y cuando el Congreso impidió que Reagan siguiera participando directamente en la violencia genocida, Reagan mandó a llamar a su ejército terrorista internacional, Israel, para que entrenara a los militares guatemaltecos y les proporcionara armas, básicamente para que cumpliera el mismo papel que había fungido Estados Unidos.
¿Cuáles fueron los verdaderos motivos detrás del apoyo estadounidese al juicio de Ríos Montt? ¿El temor de tener un estado fallido en su patio trasero?
Sin duda, había personas en la embajada estadounidense interesadas en apoyar el juicio pero en lo que respecta a la política exterior estadounidense, me parece que el juicio fue tolerado con tal de que no tocaran a Estados Unidos y a sus aliados; eso era sumamente importante. Estados Unidos no se opone a que estos crimenes sean juzgados en tribunales nacionales con tal de que no salga a colación la dimensión internacional del conflicto. Sucede en todas partes. Sucedió en el caso de Saddam Hussein, por ejemplo. Fue juzgado y sentenciado a muerte por crímenes de guerra cometidos en 1982 que de hecho fueron los menos graves que cometió. El año siguiente se produjeron crímenes mucho peores, como la masacre de Halabja y los ataques contra los Kurdos pero esos crímenes nunca se mencionaron porque fueron cometidos con el apoyo de los Estados Unidos. Ese fue el año en que Irak fue eliminado de la lista de países considerados como terroristas para que Estados Unidos pudiera seguir proporcionándole ayuda. Ese fue el año de la famosa foto en la que aparece Donald Rumsfeld dándole la mano (a Saddam Hussein) pero nada de eso salió a colación.
¿Debe Estados Unidos considerar la crisis de los niños migrantes no acompañados en la frontera sur como una consecuencia de sus políticas intervencionistas en la región y el impacto que han tenido en términos de exacerbar la violencia y la pobreza en los países del Istmo?
La mayoría de los niños proviene de Honduras. Eso no es coincidencia. La situación de Honduras ya era bastante mala pero después del golpe (contra Manuel Zelaya en 2009) se convirtió en una historia de horror. Los niños están viniendo como resultado de una situación doméstica espantosa que Estados Unidos contribuyó a crear. Aquí, en las cercanías de Boston, existe una comunidad Maya considerablemente grande que incluye a muchas personas que huyeron del altiplano. Estos jóvenes no saben que están huyendo del resultado de las atrocidades cometidas en los años 80 con el fuerte respaldo de los Estados Unidos. Estamos deportando en la frontera a las víctimas de nuestros propios crímenes.
Por una parte, Estados Unidos apoya a la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG). Por otra, un estudio publicado por el Wilson Center en 2013 señala que la mayoría de las armas de fuego utilizadas por grupos criminales en Centroamérica provienen de Estados Unidos. ¿No resulta contradictorio apoyar la lucha contra la impunidad cuando no se están tomando medidas para detener el flujo de armas que permite que sigan operando esos grupos criminales?
No veo ninguna contradicción. Estados Unidos no tiene ningún problema con perseguir a criminales que compran sus armas de fuego en ventas legales en Arizona y Texas. Pasan por alto el papel que juega Estados Unidos en el tema.
El FMLN se reeligió en El Salvador y Salvador Sánchez Cerén se ha convertido en el primer ex combatiente guerrillero en llegar al poder en El Salvador. Los sandinistas siguen gobernando en Nicaragua y Costa Rica recientemente eligió a Guillermo Solís, un presidente de centro-izquierda. Mientras tanto, Guatemala está siendo gobernada por un militar retirado de corte conservador y Honduras también tiene un gobierno de derecha. ¿Estamos ante una división ideológica del Istmo, en la cual Guatemala y Honduras permanecen como bastiones del conservadurismo militar?
Creo que es más complejo que eso. Mira el caso de Costa Rica. Es el único país de Centroamérica donde Estados Unidos no ha intervenido de manera directa y es el único país de la región que funciona. Por otra parte, los países más pobres de la región son aquéllos donde Estados Unidos ha intervenido, como Haití, Guatemala y Nicaragua. ¿Eso no te sugiere algo?
¿Podemos hablar de democracia en Centromérica cuando existen disparidades socioeconómicas tan grandes en la región?
¿Podemos hablar de democracia en los Estados Unidos cuando tenemos tanta desigualdad? La pregunta que hay que plantearse es: “¿Hasta qué punto el nivel socioeconómico de las personas incide en la formulación de políticas públicas? Un 70% de la población no tiene incidencia alguna en la formulación de políticas públicas porque sus representantes electos no les ponen atención. Uno adquiere más influencia en la medida en que avanza en la escala social. Mientras más desigualdad existe, menos democrático se vuelve el sistema. Estados Unidos es básicamente una plutocracia con una especie de democracia formal. Y esto se vuelve todavía peor en países más débiles.
Usted mencionó que durante la Cumbre de Cartagena se evidenció una ruptura entre Estados Unidos y Canadá y el resto del hemisferio sobre la despenalización de las drogas. ¿Cree que la despenalización reduciría los niveles de violencia en Centroamérica?
Sin duda. Esto no quiere decir que sea necesario legalizar la droga, únicamente despenalizarla. Lo que la mayoría de los países de las Américas –incluyendo Guatemala– favorecen es una reducción de la criminalización. La llamada guerra contra la droga no tiene prácticamente nada que ver con las drogas. Cuando las mismas políticas se implementan durante décadas sin que tengan un impacto sobre el objetivo planteado, hay que preguntarse: “¿Es el objetivo que se plantea públicamente el verdadero objetivo?” Probablemente no. El problema de la droga se encuentra en Estados Unidos. De aquí proviene casi toda la demanda. La guerra contra la droga es bastante racista. Está diseñada para criminalizar a un alto porcentaje de la población afroamericana, en su mayoría masculina, y en cierta medida a los hispanos. Esto es racismo puro y se remonta a los últimos 500 años de historia americana. Y en América Latina, la víctima es la población en general.
Hablando del impacto de la guerra contra la droga en América Latina, ¿por qué Estados Unidos ha mostrado indiferencia ante la crisis que atraviesa México a raíz de la masacre de los 43 normalistas de Ayotzinapa a manos de un cartel de droga vinculado a actores estatales?
Fue una historia verdaderamente horrible. No fue únicamente la masacre de los 43 estudiantes sino las revelaciones que salieron a luz relacionadas con la existencia de fosas clandestinas y la brutalidad de la policía federal, cuyos vínculos con los carteles de droga han sido ampliamente documentados. Pero México es un aliado. Es un gobierno neoliberal apoyado por Estados Unidos y Estados Unidos no quiere decir nada que lo implique en sus crímenes.
De repente, un intruso merodea por la oficina olfateando la alfombra. Es un un cocker spaniel de color chocolate. La asistente de Chomsky aparece en el marco de la puerta para recordarme que la media hora que habíamos acordado para la entrevista ya se agotó…
La sociedad civil mexicana ha reaccionado con indignación ante la masacre de Ayotzinapa y al inicio de esta entrevista usted afirmaba que los países de América Latina están desafiando la hegemonía estadounidense cada vez más. ¿En qué medida esa resistencia ha sido liderada por los movimientos indígenas? ¿Es posible que esos movimientos puedan convertirse en una fuerza de cambio?
Lo que ha ocurrido en América Latina durante los últimos 15 años tiene un gran significado histórico e indica claramente que los movimientos populares pueden hacer una diferencia. Por primera vez en 500 años, desde el momento en que llegaron los Conquistadores, América Latina ha comenzado a liberarse del control imperialista. Los movimientos campesinos son actores significativos y los países con grandes poblaciones indígenas, como Bolivia y Ecuador, han hecho cosas bastante interesantes y están asumiendo el liderazgo a nivel global con relación al problema más apremiante que existe al día de hoy: la crisis ambiental.
Los movimientos indígenas se han opuesto fuertemente a los tratados de libre comercio y este año, en Guatemala, la Ley para la Protección de Obtenciones Vegetales que había sido aprobada en el marco del DR-CAFTA fue derogada en el contexto de una fuerte oposición por parte de organizaciones indígenas y campesinas. ¿Qué impacto han tenido los tratados de libre comercio en América Latina?
Esa ley definitivamente no apoya el comercio, todo lo contrario. Resulta idónea para Monsanto pero no para los campesinos. Estos no son tratados de libre comercio, son una mezcla de liberalismo y proteccionismo. Son acuerdos para proteger los derechos del inversionista a costa de la población. El hecho de que cuando (Bill) Clinton comenzó a introducir con fuerza el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) también comenzara a militarizar la frontera no es coincidencia. No se necesitaba ser un genio para darse cuenta de que los campesinos mexicanos no iban a poder competir con agroindustrias subsidiadas por Estados Unidos y que las empresas mexicanas no iban a poder competir con las multinacionales estadounidenses y era muy probable que esto ocasionara un fuerte éxodo.
Cuando apago la grabadora, Chomsky me cuenta que su hija es abogada y trabaja para ayudar a los migrantes guatemaltecos a regularizar su situación en el país. Su asistente se planta nuevamente en el marco de la puerta. Antes de salir, le pregunto si puedo tomarle una foto sentado en su escritorio con los enormes alteros de libros que amenazan con derrumbarse y sepultarlo. Sonríe y posa para la foto. Hubiera querido preguntarle más acerca de su hija, acerca del cocker de color chocolate, acerca de lo que le gusta hacer en su tiempo libre, y acerca de sus reflexiones sobre su legado como científico y pensador político. Pero esa tendrá que ser otra conversación.

‘Je ne suis pas Charlie’ (Yo no soy Charlie)


No me identifico con la representación degradante y “caricaturesca” que Charlie Hebdo hace del mundo islámico, con toda la carga racista y colonialista que esto conlleva

JOSÉ ANTONIO GUTIÉRREZ ·





Parto aclarando, antes que nada, que considero una atrocidad el ataque a las oficinas de la revista satírica Charlie Hebdo en París y que no creo que, en ninguna circunstancia, sea justificable convertir a un periodista, por dudosa que sea su calidad profesional, en un objetivo militar. Lo mismo es válido en Francia, como lo es en Colombia o en Palestina. Tampoco me identifico con ningún fundamentalismo, ni cristiano, ni judío, ni musulmán ni tampoco con el bobo-secularismo afrancesado, que erige a la sagrada “République” en una diosa.

Hago estas aclaraciones necesarias pues, por más que insistan los gurúes de la alta política que en Europa vivimos en una “democracia ejemplar” con “grandes libertades”, sabemos que el Gran Hermano nos vigila y que cualquier discurso que se salga del libreto es castigado duramente. Pero no creo que censurar el ataque en contra de Charlie Hebdo sea sinónimo de celebrar una revista que es, fundamentalmente, un monumento a la intolerancia, al racismo y a la arrogancia colonial.

Miles de personas, comprensiblemente afectadas por este atentado, han circulado mensajes en francés diciendo “Je suis Charlie” (Yo soy Charlie), como si este mensaje fuera el último grito en la defensa de la libertad. Pues bien, yo no soy Charlie. No me identifico con la representación degradante y “caricaturesca” que hace del mundo islámico, en plena época de la llamada “guerra contra el terrorismo”, con toda la carga racista y colonialista que esto conlleva. No puedo ver con buena cara esa constante agresión simbólica que tiene como contrapartida una agresión física y real, mediante los bombardeos y ocupaciones militares a países pertenecientes a este horizonte cultural.

Tampoco puedo ver con buenos ojos estas caricaturas y sus textos ofensivos, cuando los árabes son uno de los sectores más marginados, empobrecidos y explotados de la sociedad francesa, que han recibido históricamente un trato brutal: no se me olvida que en el metro de París, a comienzos de los 60, la Policía masacró a palos a 200 argelinos por demandar el fin de la ocupación francesa de su país, que ya había dejado un saldo estimado de un millón de “incivilizados” árabes muertos.

No se trata de inocentes caricaturas hechas por librepensadores, sino que se trata de mensajes, producidos desde los medios de comunicación de masas (sí, aunque pose de alternativo Charlie Hebdo pertenece a los medios de masas), cargados de estereotipos y odios, que refuerzan un discurso que entiende a los árabes como bárbaros a los cuales hay que contener, desarraigar, controlar, reprimir, oprimir y exterminar.

Mensajes cuyo propósito implícito es justificar las invasiones a países del Oriente Medio así como las múltiples intervenciones y bombardeos que desde Occidente se orquestan en la defensa del nuevo reparto imperial. El actor español Willy Toledo decía, en una declaración polémica -por apenas evidenciar lo obvio-, que “Occidente mata todos los días. Sin ruido”. Y eso es lo que Charlie y su humor negro ocultan bajo la forma de la sátira.

No me olvido de la carátula del Nº 1099 de Charlie Hebdo, en la cual se trivializaba la masacre de más de mil egipcios por una brutal dictadura militar, que tiene el beneplácito de Francia y de EEUU, mediante una portada que dice algo así como “Matanza en Egipto. El Corán es una mierda: no detiene las balas”. La caricatura era la de un hombre musulmán acribillado, mientras trataba de protegerse con el Corán. Habrá a quien le parezca esto gracioso. También, en su época, colonos ingleses en Tierra del Fuego creían que era gracioso posar en fotografías junto a los indígenas que habían “cazado”, con amplias sonrisas, carabina en mano, y con el pie encima del cadáver sanguinolento aún caliente.

En vez de graciosa, esa caricatura me parece violenta y colonial, un abuso de la tan ficticia como manoseada libertad de prensa occidental. ¿Qué ocurriría si yo hiciera ahora una revista cuya portada tuviera el siguiente lema: “Matanza en París. Charlie Hebdo es una mierda: no detiene las balas” e hiciera una caricatura del fallecido Jean Cabut acribillado con una copia de la revista en sus manos? Claro que sería un escándalo: la vida de un francés es sagrada. La de un egipcio (o la de un palestino, iraquí, sirio, etc.) es material “humorístico”. Por eso no soy Charlie, pues para mí la vida de cada uno de esos egipcios acribillados es tan sagrada como la de cualquiera de esos caricaturistas hoy asesinados.

Ya sabemos que viene de aquí para allá: habrá discursos de defender la libertad de prensa por parte de los mismos países que en 1999 dieron la bendición al bombardeo de la OTAN, en Belgrado, de la estación de TV pública serbia por llamarla “el ministerio de mentiras”; que callaron cuando Israel bombardeó en Beirut la estación de TV Al-Manar en el 2006; que callan los asesinatos de periodistas críticos colombianos y palestinos. Luego de la hermosa retórica pro libertad, vendrá la acción liberticida: más macartismo dizque “antiterrorismo”, más intervenciones coloniales, más restricciones a esas “garantías democráticas” en vías de extinción, y por supuesto, más racismo.

Europa se consume en una espiral de odio xenófobo, de islamofobia, de antisemitismo (los palestinos son semitas, de hecho) y este ambiente se hace cada vez más irrespirable. Los musulmanes ya son los judíos en la Europa del siglo XXI, y los partidos neonazis se están haciendo nuevamente respetables 80 años después gracias a este repugnante sentimiento. Por todo esto, pese a la repulsión que me causan los ataques de París, ‘Je ne suis pas Charlie’.

José Antonio Gutiérrez
http://www.elciudadano.cl/2015/01/09/138130/je-ne-suis-pas-charlie-yo-no-soy-charlie-2/