25 oct 2026

DESAFIANDO AL ESTABLISHMENT

NO ES QUE VAYA A CAMBIAR MUCHO, PERO...
Los candidatos demócratas jóvenes, quebradero de cabeza para Trump. De James Talarico a Angie Nixon

Antònia Crespí Ferrer
Oct 24, 2026


Partidarios del senador demócrata Jon Ossoff durante un acto de campaña


Una socialista que da guerra en territorio Trump y dos pastores que pueden hacer historia en favor de los demócratas son algunos de los perfiles que marcarán las elecciones de mitad de mandato del próximo 3 de noviembre. Las elecciones se han convertido en un plebiscito sobre su presidencia. Esto, de entrada, no tendría por qué ser nada excepcional: las midterms, que se celebran cada cuatro años y coinciden justo en el ecuador de los mandatos presidenciales, acostumbran a ser una cita gris precisamente porque siempre sale damnificado el partido que está en el Ejecutivo. Pero en esta ocasión, los comicios se producen después de casi dos años turbulentos de Trump en el poder.


Existe un pulso generacional que se esconde detrás de las elecciones de medio mandato en EEUU. Son las primeras donde buena parte de la generación Z podrá votar y donde los candidatos jóvenes son interpretados como una posibilidad de cambio real. «El público en conjunto, independientemente del partido, busca un cambio y busca lo que podríamos llamar un cambio generacional», explica John Sides, profesor de la Universidad Vanderbilt.

No es la primera vez que las elecciones de medio mandato en Estados Unjidos se convierten en una especie de trampolín para aupar a la palestra mediática a candidatos poco conocidos, pero en estos comicios derivó en una especie de laboratorio sobre la posible estrategia que debe seguir el Partido Demócrata de cara a las presidenciales, ya que algunos de los nombres a seguir en estas legislativas acumulan titulares tras de sí, como Abdul El-Sayed en Míchigan y James Talarico en Texas, pero hay otros, más discretos, que también pueden aportar mucha más información sobre qué está pasando bajo la superficie política en Estados Unidos.

Los estadounidenses tienen un presidente octogenario -que aún tiene dos años más por delante- y que ha sido ya protagonista de polémicas cabezadas mientras estaba en el Despacho Oval. Sin embargo, Donald Trump no es el primer anciano en liderar el país. Antes de él, Joe Biden también se convirtió en uno de los mandatarios más mayores que ha tenido Estados Unidos.

Una encuesta reciente de la Escuela Kennedy de la Ujiversidad de Harvard señala que solo el 15% de los jóvenes confía en que el Gobierno actúe correctamente siempre o casi siempre y solo un 13% cree que el país esté yendo en la dirección correcta. La mitad cree no tener voz ni voto en las decisiones gubernamentales.


Ahora son los jóvenes, prácticamente unos outsiders de la política, y quieren cambiar por completo el sistema. Ya sea desde la izquierda o desde la derecha. Candidatos como los demócratas Melat Kiros (29 años) o Abdul El-Sayed (41 años) o el republicano Joe Mitchell (29 años) son la respuesta a lo que ocho de cada 10 estadounidenses hace tiempo que piensan: la media de edad del Capitolio es demasiado alta.


Las nuevas fuerzas jóvenes del Partido Demócrata buscan desplazar a la gerontocracia

Este cambio generacional se ha notado sobre todo dentro del Partido Demócrata. Bajo la ola de izquierdas antiestablishment también hay un claro relevo generacional. Durante el ciclo de primarias, una y otra vez se repetía el mismo patrón: candidatos jóvenes que desbancaban a legisladores con años de experiencia a sus espaldas. De hecho, se este giro a la izquierda no vendría tanto de que las bases se hayan vuelto más progresistas como de que ven en estos candidatos más jóvenes una promesa real de cambio.

En 2024, Trump volvió al poder con la perspectiva de una presidencia cómoda. Con una mayoría conservadora en el Supremo ya asentada —que ese verano le había concedido inmunidad presidencial—, el republicano logró conseguir la Casa Blanca y erigir también una ajustada mayoría en ambas cámaras del Congreso.Regresaba por la puerta grande con una trifecta en la que los demócratas, minoría tanto en la Cámara de los Representantes como en el Senado, tenían poco margen para frenar su agenda.


A estas alturas, no hacía falta que Donald Trump lo explicitara, pero las elecciones de medio mandato se han convertido en un plebiscito sobre su presidencia. Esto, de entrada, no tendría por qué ser nada excepcional: las midterms, que se celebran cada cuatro años y coinciden justo en el ecuador de los mandatos presidenciales, acostumbran a ser una cita gris precisamente porque siempre sale damnificado el partido que está en el Ejecutivo. Pero en esta ocasión, los comicios se producen después de casi dos años turbulentos de Trump en el poder.


Una líder de padres palestinos, una joven de raíces puertorriqueñas, una musulmana nacida en Somalia y una afroamericana se han convertido en los rostros de los nuevos vientos que soplan en el Congreso de Estados Unidos tras la inédita representación femenina alcanzada en la elección legislativa de 2018

En 2024, Trump volvió al poder con la perspectiva de una presidencia cómoda. Con una mayoría conservadora en el Supremo ya asentada —que ese verano le había concedido inmunidad presidencial—, el republicano logró conseguir la Casa Blanca y erigir también una ajustada mayoría en ambas cámaras del Congreso. El magnate regresaba por la puerta grande con una trifecta en la que los demócratas, minoría tanto en la Cámara de los Representantes como en el Senado, tenían poco margen para frenar su agenda.

El control férreo de Trump sobre el partido también le permitió doblegar a sus legisladores a voluntad —con pequeñas excepciones, como la publicación de los papeles Epstein— y adoptar una presidencia prácticamente unilateral. El magnate se embarcó en la guerra de Irán sin consultar con el Congreso y desde entonces ha estado toreando el Capitolio para seguir con su plan. El problema es que esa complacencia ahora va a salir muy cara a los legisladores y al mismo Trump, quien retenía la mayoría en ambas cámaras por un número muy ajustado.

Abdul El-Sayed


Sin pretenderlo, este verano el médico Abdul El-Sayed se convirtió en la vanguardia de la ola progresista que está sacudiendo el establishment del Partido Demócrata. Su victoria en las primarias demócratas en Míchigan demostró que el ascenso de la izquierda dentro de la formación no era solo una fiebre cosmopolita. Ahora, el candidato de 41 años e hijo de migrantes egipcios lidera una ajustada contienda para el Senado contra su rival republicano Mike Rogers.

Si gana, más allá de convertirse en el primer senador musulmán de la historia de Estados Unidos, El-Sayed será la constatación de que un programa de izquierdas puede triunfar más allá de los bastiones demócratas. Míchigan es un swing state donde en 2024 Donald Trump derrotó a Kamala Harris por una diferencia de tan solo 80.000 votos. Con más de diez millones de habitantes, es el décimo estado más poblado del país, lo que lo convierte en un excelente campo de pruebas para ver el alcance de una campaña con tintes populistas, claramente de izquierdas y que condena abiertamente el genocidio en Gaza.

De hecho, El-Sayed logró imponerse en las primarias demócratas a pesar de que el lobby proisraelí AIPAC vertió una cantidad récord de dinero para frenarlo. El triunfo de El-Sayed el próximo 3 de noviembre también supondría la constatación de hasta qué punto se equivocó el equipo de Harris con su tibieza con Israel durante las presidenciales de 2024 y podría simbolizar también una reconciliación con el electorado propalestino.

James Talarico

Un joven pastor presbiteriano de 37 años ha conseguido que, por primera vez en 40 años, los demócratas tengan opciones reales para conseguir un escaño en el Senado por Texas. James Talarico se ha convertido en un auténtico quebradero de cabeza para Donald Trump, cuya administración presionó al programa de Jimmy Kimmel para que no emitiera la entrevista, la cual ya acumula más de 11 millones de visualizaciones.



Talarico está logrando penetrar en uno de los grandes bastiones del republicanismo gracias a un discurso en el que combina la moral cristiana de ayudar a los pobres con una agenda económica de izquierdas. Igual que El-Sayed, Talarico también ha puesto en el centro de su campaña la reclamación de una sanidad pública bajo el lema «Medicare for all». 

La irrupción del joven demócrata también da respuesta a la lucha que hay dentro del cristianismo estadounidense, y que parece haber terminado secuestrado por el nacionalismo blanco cristiano. Talarico defiende un cristianismo progresista en el que las personas LGTBIQ+ son bienvenidas y donde defiende el derecho al aborto.

Jon Ossoff

El senador demócrata por Georgia ha pasado de ser un relativo desconocido a sonar en las quinielas de los posibles presidenciables para 2028. Jon Ossoff supera a su rival, el republicano Mike Collins, por una diferencia de unos siete puntos en las encuestas. Aunque no es la carrera más ajustada de todas, sí que es crucial que Ossoff mantenga el escaño si los demócratas quieren tener opciones de conseguir la mayoría en el Senado.

Ossoff, que se estrenó en el Congreso en enero de 2021, justo cuando Trump instigó el asalto al Capitolio, se ha viralizado por confrontar las corruptelas del presidente estadounidense. Fue a raíz de uno de sus discursos de campaña que el nombre de Natalie Harp, la íntima asesora del magnate, se hizo conocido a lo largo y ancho. El senador, de 33 años, ya fue el más joven en jurar su cargo en el 117º Congreso y ahora, ante una clase política envejecida, pretende presentarse como ese cambio generacional que los votantes también piden.

Ossoff no tiene un perfil tan marcado a la izquierda como otros candidatos que están despuntando, pero desde que asumió el cargo se ha labrado una gran reputación como opositor a la corrupción en Washington, la mala administración y la llamada «clase Epstein».

Angie Nixon


En Florida, territorio Trump por excelencia, una candidata de los Socialistas Demócratas de América (DSA) está dando guerra. Angie Nixon, de 42 años, ha estrechado el margen con la republicana Ashley Moody, quien fue nombrada senadora para sustituir a Narco Rubio cuando este se convirtió en secretario de Estado.

La carismática candidata del DSA ya dio la sorpresa este verano cuando ganó las primarias del partido demócrata frente al candidato del establishment, Alexander Vindman. Pese a contar con una financiación mucho menor, Nixon logró imponerse a Vindman con una campaña que sigue pivotando sobre el mismo eje: la sanidad pública.

A pesar del meteórico ascenso de Nixon en las primarias, es difícil que logre cambiar el color del estado, especialmente porque Moody está subrayando el carácter socialista de la demócrata. Una palabra que resuena con fuerza entre la comunidad venezolana y cubana exiliada.

Adam Hamilton

Otro candidato demócrata que ha convertido un estado marcadamente republicano en una carrera disputada. El pastor metodista Adam Hamilton ha logrado estrechar el margen con su rival republicano, Roger Marshall, para la contienda del Senado. Hamilton, es un demócrata capaz de recitar partes de la Biblia de memoria durante sus actos de campaña mientras describe votar como «un acto de fe cristiana». Hamilton es el pastor de la mayor iglesia en el estado.



Igual que Talarico, Hamilton defiende un cristianismo más amplio y progresista que intenta disputar la narrativa al cristianismo nacionalista blanco. «Estadísticamente hablando, la mayoría de las personas no religiosas y nominalmente religiosas son demócratas y progresistas», decía Hamilton en una entrevista de 2024 con el presentador de podcasts evangélicos Carey Nieuwhof. «Si van a la iglesia y sienten que están escuchando un mitin republicano, no volverán».

Kansas votó claramente por Trump las pasadas elecciones, pero las políticas comerciales y la guerra de Irán del presidente estadounidense han castigado a las bases rurales que lo auparon. Este contexto, sumado al perfil de Hamilton que apela también a esas comunidades cristianas que tampoco se sienten cómodas con el egocentrismo del republicano, ha hecho que el escaño del estado baile.