¿Lula podrá?
El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, durante un acto de campaña rumbo a la segunda vuelta de las elecciones. Foto Afp
Lula no la tiene fácil. El balotaje del 25 de octubre en Brasil se inscribe en el proceso de transición de un mundo unipolar a otro multipolar. Asistimos a un conflicto entre dos estructuras de organización del orden mundial, del sistema jurídico mundial y del derecho internacional. El decadente globalismo liberal atlantista representa una ideología persistente, centrada y respaldada por todas las instituciones: la economía, el sector privado, la maquinaria militar, la educación, la ciencia, la cultura, la propaganda, los medios de comunicación, las plataformas y redes digitales.
Lula no la tiene fácil. El balotaje del 25 de octubre en Brasil se inscribe en el proceso de transición de un mundo unipolar a otro multipolar. Asistimos a un conflicto entre dos estructuras de organización del orden mundial, del sistema jurídico mundial y del derecho internacional. El decadente globalismo liberal atlantista representa una ideología persistente, centrada y respaldada por todas las instituciones: la economía, el sector privado, la maquinaria militar, la educación, la ciencia, la cultura, la propaganda, los medios de comunicación, las plataformas y redes digitales.
Eso es la unipolaridad, que hoy exhibe contradicciones internas y presiones centrífugas en todas las esferas. Como hegemón del Occidente colectivo, EU libra guerras híbridas, calientes y cognitivas en distintos escenarios. El frente ucranio para balcanizar a Rusia y Medio Oriente, con su proxy genocida Israel, son dos teatros de una misma guerra que incluye la militarización de la vieja Europa, Japón y Taiwán. Ante el declive de su hegemonía, el imperio no quiere ceder.
Por eso, en su lucha existencial para preservarse, se atrinchera en el llamado Hemisferio Occidental, para tomar impulso para la guerra contra su enemigo principal: China. Todo está escrito en los documentos de la Heritage Foundation y en la Estrategia de Seguridad Nacional 2025, con su corolario Trump a la Doctrina Monroe. Tras el saqueo petrolero de Venezuela, Brasil, con sus inmensas riquezas naturales, es la joya de la corona.
De allí que la segunda vuelta del domingo 25 en Brasil no sea una disputa entre izquierda y derecha –el propio Lula se define de centro; siempre lo ha dicho: “Dilma es de izquierda, yo soy de centro”– sino parte de las batallas culturales del imperio, que tiene en la distopía bolsonarista y sus activos nativos (native assets) sus instrumentos principales para apropiarse de acuíferos, petróleo, tierras raras y otros minerales críticos que el Pentágono y los plutócratas tecnofeudales del Silicon Valley necesitan en la acelerada carrera por la inteligencia artificial contra Pekín (primer socio comercial de Brasil) y de paso afianzar su dominio en el subhemisferio vía el Escudo de las Américas y otras argucias.
La victoria de Flavio Bolsonaro, quien fue recibido por Donald Trump en la Casa Blanca en mayo pasado, en privado, y un día después por el vicepresidente JD Vance y el secretario de Estado, Marco Rubio, implicaría el alineamiento incondicional de Brasil a EU e Israel y el rechazo a la actual política exterior aperturista de Lula hacia la multipolaridad, como único actor regional de los BRICS.
Pero el respaldo de Washington al clan Bolsonaro no es de ahora.
De allí que la segunda vuelta del domingo 25 en Brasil no sea una disputa entre izquierda y derecha –el propio Lula se define de centro; siempre lo ha dicho: “Dilma es de izquierda, yo soy de centro”– sino parte de las batallas culturales del imperio, que tiene en la distopía bolsonarista y sus activos nativos (native assets) sus instrumentos principales para apropiarse de acuíferos, petróleo, tierras raras y otros minerales críticos que el Pentágono y los plutócratas tecnofeudales del Silicon Valley necesitan en la acelerada carrera por la inteligencia artificial contra Pekín (primer socio comercial de Brasil) y de paso afianzar su dominio en el subhemisferio vía el Escudo de las Américas y otras argucias.
La victoria de Flavio Bolsonaro, quien fue recibido por Donald Trump en la Casa Blanca en mayo pasado, en privado, y un día después por el vicepresidente JD Vance y el secretario de Estado, Marco Rubio, implicaría el alineamiento incondicional de Brasil a EU e Israel y el rechazo a la actual política exterior aperturista de Lula hacia la multipolaridad, como único actor regional de los BRICS.
Pero el respaldo de Washington al clan Bolsonaro no es de ahora.
Viene de atrás. Y no son su única herramienta. Con anclaje en el Partido Liberal –antiguo ícono del centrão (coalición de minúsculos lemas de orientación conservadora que se benefician de su cercanía al Poder Ejecutivo en el intercambio de favores para sus prácticas clientelares) reconvertido en punta de lanza de la ultraderecha–, el bolsonarismo es una articulación reaccionaria que conecta corporaciones financieras y empresariales; agronegocios; políticos y militares golpistas (en activo y retirados); la maquinaria hipnótica de las iglesias electrónicas; plataformas algorítmicas, influencers, aplicaciones y redes digitales (WhatsApp e Instagram, ambas de Meta); discursos securitarios; resentimiento de clase y un largo etcétera, como parte de una guerra cultural permanente que, en el terreno de la subjetividad, plantea la pelea por el sentido común de unas masas populares “idiotizadas” (Marco Fonseca dixit), no como insulto al sufragante, sino como personas que han perdido la capacidad de razonar por sí mismas y elaborar de manera colectiva y, en su lugar, buscan escoger entre marcas sólo superficialmente diferenciadas.
En el terreno político, cabe recordar el papel del ex juez Sergio Moro, capomafia de un esquema criminal concebido en Washington y desarrollado por la oligarquía y los poderes fácticos brasileños (la conspiración Lavo Jato) para demoler al Partido de los Trabajadores, derrocar a la presidenta Dilma Rousseff en nombre de Dios, la propiedad, la familia y el orden verdeolivo (2016), que continuó con la implantación de un régimen de excepción, la cacería y el encarcelamiento de Lula, y la colocación en la presidencia de la República de la facción más entreguista de la extrema derecha, encarnada por el ex capitán Jair Bolsonaro (2018), quien le fabricó a Moro un superministerio de Justicia con poderes de vigilancia y espionaje sin precedente.
En el terreno político, cabe recordar el papel del ex juez Sergio Moro, capomafia de un esquema criminal concebido en Washington y desarrollado por la oligarquía y los poderes fácticos brasileños (la conspiración Lavo Jato) para demoler al Partido de los Trabajadores, derrocar a la presidenta Dilma Rousseff en nombre de Dios, la propiedad, la familia y el orden verdeolivo (2016), que continuó con la implantación de un régimen de excepción, la cacería y el encarcelamiento de Lula, y la colocación en la presidencia de la República de la facción más entreguista de la extrema derecha, encarnada por el ex capitán Jair Bolsonaro (2018), quien le fabricó a Moro un superministerio de Justicia con poderes de vigilancia y espionaje sin precedente.
Después se supo que el juez había sido entrenado en 2009 por el Departamento de Estado en prácticas “antiterroristas”, y que tiene nexos estrechos con la CIA, la DEA y el Comando Sur. Moro fue electo gobernador de Paraná, uno de los bastiones del neonazismo y nostálgicos de la dictadura militar.
Ahora, el ex presidente está preso por intento de golpe de Estado. Pero tras la primera vuelta toda la famiglia festejó. Flavio, su primogénito, quien recibió financiamiento del tecnoligarca Peter Thiel y JD Vance a través de la empresa de capital de riesgo Rockbridge Network, se perfila como el ganador del balotaje. La madrastra de Flavio, Michelle (esposa del capo), fue elegida senadora por Brasilia; su hijo Carlos fue electo senador por Santa Catarina, y su vástago Jair Renan y su hermano Renato serán diputados federales. A su otro cachorro, Eduardo, quien desde 2025 vive en EU cobijado por la tropa trumpista (Steve Bannon, Brad Parscale, Damián Merlo, Javier Negre et al) no le fue tan bien: el 8 de octubre fue condenado en ausencia por el Supremo Tribunal Federal brasileño, y se libró una orden de arresto por coacción.
En síntesis, no le pinta bien a Lula. Juega con viento en contra. Y aún si triunfara, tendrá un Parlamento controlado por una masa de militantes de entretenimiento (influencers digitales) como los ahora diputados Nikolas Ferreira y Lucas Pavanato. Aunque con el carismático y pragmático Lula, nunca se sabe.
Ahora, el ex presidente está preso por intento de golpe de Estado. Pero tras la primera vuelta toda la famiglia festejó. Flavio, su primogénito, quien recibió financiamiento del tecnoligarca Peter Thiel y JD Vance a través de la empresa de capital de riesgo Rockbridge Network, se perfila como el ganador del balotaje. La madrastra de Flavio, Michelle (esposa del capo), fue elegida senadora por Brasilia; su hijo Carlos fue electo senador por Santa Catarina, y su vástago Jair Renan y su hermano Renato serán diputados federales. A su otro cachorro, Eduardo, quien desde 2025 vive en EU cobijado por la tropa trumpista (Steve Bannon, Brad Parscale, Damián Merlo, Javier Negre et al) no le fue tan bien: el 8 de octubre fue condenado en ausencia por el Supremo Tribunal Federal brasileño, y se libró una orden de arresto por coacción.
En síntesis, no le pinta bien a Lula. Juega con viento en contra. Y aún si triunfara, tendrá un Parlamento controlado por una masa de militantes de entretenimiento (influencers digitales) como los ahora diputados Nikolas Ferreira y Lucas Pavanato. Aunque con el carismático y pragmático Lula, nunca se sabe.