25 oct 2026

NO TODO ES COMO LO PINTAN

INVERSIONES CON POCA INTELIGENCIA
Lo que deja la quiebra de CharacterAI
Quedaron al desnudo los números inviables de una empresa de IAG


PorEsteban Magnani
25 de octubre de 2026 


CharacterAI llegó a tener una cotización de 1000 millones de dólares. Redes Sociales

CharacterAI, un unicornio de la IA Generativa, pidió la quiebra. La empresa nunca logró acercarse a un modelo rentable y afrontó demandas por afectar la salud mental de los usuarios y por violaciones a la propiedad intelectual.
CharacterAI, una empresa dedicada a construir personajes de Inteligencia Artificial Generativa (IAG), acaba de pedir la quiebra. No es de las más grandes compañías de IAG pero tampoco de las más pequeñas: en su apogeo, CharacterAI, luego de una ronda de inversión en 2023 en la que se hizo de 150 millones de dólares, alcanzó una cotización de 1000 millones que le permitió estar entre los unicornios.

Lo interesante es que en la documentación presentada en su pedido de quiebra, la empresa abre sus números de una manera que no es usual. Al analizarlos, se detecta que muchos de los problemas que se ven o sospechan en este tipo de empresas son ciertos.

Empoderar


En 2021, dos empleados de Google, frustrados porque la empresa no lanzaba su desarrollo en IAG, fundaron CharacterAI. Faltaba un año para que ChatGPT saliera al mundo para iniciar la fiebre de las IAG.

Según su slogan, la empresa se dedica a “empoderar gente para conectar, aprender y contar historias a través del entretenimiento interactivo”. ¿Qué significa esta típica cháchara “estartapera”? La firma ofrece al usuario la posibilidad de construir personajes con los que dialogar, tener un vínculo o hacer terapia, entre otras cosas. Pocos controles para verificar la edad, promesas de acompañamiento para los solitarios e incluso tratamientos psicológicos le permitieron generar interés al menos entre los inversores.

En su esfuerzo por mantener a los usuario enganchados, el chat estaba diseñado para ser complaciente y convencer al interlocutor de su genialidad con la idea de generar dependencia que eventualmente se traduzca en abonos. Sewell Selzer, un joven de 14 años era uno de esos jóvenes. Su “amigo” se llamaba “Dany” y tenía la apariencia de la bellísima y etérea Daenerys Targaryen, un personaje de Game of Thrones. La reconstrucción de los diálogos con la IAG permitieron ver que “Dany” le daba razón en todo, se le insinuaba sexualmente y lo ayudó a planificar un suicidio, que terminó concretando.

El caso del joven Selzer y otros similares llegaron a la Corte, pero la empresa cerró acuerdos extrajudiciales, cuyas cifras no se conocieron. A estas demandas se sumaron otras, como la de Disney por el uso ilegal de sus personajes con copyright. Este tipo de problemas, según se puede leer en el pedido de quiebra, generaron costos excesivos.

Pero el problema de base es que pese a las inversiones y los esfuerzos por reducir costos, CharacterAI nunca generó ganancias. Según las declaraciones del CEO al juez, la empresa logró tener cerca de 12 millones de usuarios mensuales en todo el mundo, quienes pasaban dos horas diarias en promedio en la plataforma.

Para acercarse al equilibrio económico, la empresa realizó recortes en cómputo aún a costa de que el servicio empeorara y sus personajes parecieran “lobotomizados”, como denunciaron los usuarios.

Pese a esos ahorros, en los primeros ocho meses de 2026 los costos alcanzaron los 56,1 millones de dólares en el cómputo necesario para generar interacciones. Esa cifra representó el 45% de sus gastos operativos, a los que se sumaron 19,7 millones en personal.

En 2025, la empresa despidió a numerosos empleados en un intento por encontrar un equilibrio financiero y otros se fueron al comprender que la empresa marchaba hacia la quiebra.

En su mejor mes facturaron 5,3 millones, luego de que a mediados de 2025 comenzara a ubicar publicidad en su app. Pese a todo, sus pérdidas se ubicaban en torno a los 8 o 9 millones de dólares mensuales.

En 2024, poco después de iniciada la demanda de los familiares de las víctimas, CharacterAI hizo un acuerdo de licenciamiento con Google por 2.700 millones de dólares. A cambio, los fundadores debían volver a Google junto con los 30 empleados más importantes. En la práctica, el acuerdo fue un rescate de Google para liquidar la empresa y recuperar personal que consideraban valioso. El negocio nunca funcionó, pero algunos se volvieron millonarios.

Ante la debacle, el CEO de la empresa fue contratado por Disney. Su reemplazo, Colin Adams, aseguró: “La impresionante tecnología de Character es cara de operar” y reconoció que “Character siempre luchó por la rentabilidad y sus costos operacionales han sido altos”. Ni siquiera empeorar los servicios alcanzó para equilibrar las cuentas, un proceso de deterioro habitual de las plataformas que el investigador y escritor británico Cory Doctorow llama “Enshittification”.

Sin confianza

Las empresas tecnológicas suelen ser sostenidas a pérdida por los capitales de riesgo con la expectativa de que algunas lleguen a ser muy rentables. Esto puede ocurrir luego de más de una década de pérdidas, como en el caso de Uber. Las que no lo logran, dependen de la paciencia de los inversores para sostener el déficit operativo.

La duda que recorre al mercado es si se trata de un caso aislado o del inicio de una tendencia que puede afectar a otras empresas. En el caso de CharacterAI, su búsqueda desesperada de rentabilidad la llevó a hacer productos muy dañinos que terminaron en juicios probablemente millonarios.

Pero esto no es una excepción: por ejemplo, varios medios tienen demandas abiertas contra OpenAI, escritores hicieron lo propio contra Anthropic y la lista sigue. Por otro lado, existe una enorme diferencia entre los recursos de las grandes corporaciones de IA que permiten aguantar los embates legales, pero más allá del tamaño, los problemas parecen ser cualitativamente similares.

La mayor diferencia reside en que las grandes empresas del rubro tienen una gran capacidad de influir políticamente en un gobierno que apuesta a todo o nada por esta tecnología. Sin embargo, los números siguen sin cerrar y, como termina de transparentar el caso de CharacterAI, no hay señales de que vayan a hacerlo pese a los esfuerzos por reducir costos o generar ingresos alternativos a los abonos de los usuarios.

Por otro lado, los obscenos gastos en datacenters de los últimos años para productos que no terminan de convencer por su utilidad y por su costo, hace tiempo que permiten hablar de una burbuja.

La discusión se centra cada vez más en cuánto se perderá cuando estalle o se desinfle y quién se hará cargo de las pérdidas. Un reciente informe del FMI menciona los crecientes riesgos de una “corrección” en el mercado de la IA.

También crecen las manifestaciones contra la instalación de datacenters. Por otro lado, los esfuerzos del marketing por convencer al público en general de que la IAG está condenada al éxito llega a niveles ridículos: el responsable tecnológico de Palantir aseguró que los ingenieros están tan confiados en que la IAG curará el cáncer que están volviendo a fumar.

La mejor prueba de que estas empresas se basan en construir expectativas para crecer pero tienen poco sustento es que si bien CharacterAI llegó a cotizar 1000 millones de dólares, según el pedido de quiebra tiene entre 50 y 100 millones de dólares en bienes para liquidar. Disney, por su parte, ofreció 20 millones, un 2% de la mayor cotización que le “dio” el mercado.

¿Será un indicio?