Estrés térmico, entre capitalismo y desarrollo sostenible
Eduardo Camín
Oct 9, 2026

Es un tema complejo, sin dudas donde la negligencia muchas veces es de rigor. Con el denominado desarrollo sostenible sucede algo similar a lo que ocurre con las limitaciones del sistema capitalista, ya que se ha transformado en un concepto polivalente que se recita como una especie de mantra, por parte de los agentes sociales, políticos, culturales y ambientales, incluso por aquellos que mas se ocupan con sus acciones, estrategias o políticas al deterioro mundial
Por eso insistimos, que lo más respetable es la verdad sobre la realidad, para poder dar una visión cabal y justa del mundo en que vivimos. Nada se paga tan caro como la sustitución de la realidad, por lo que nos parece o nos conviene. Y este es un tema que se presta para esto, ya que se pretende saber más por el eco de las redes sociales que por la ciencia, expertos en el cuestionamiento sin ningún rigor científico pretenden hacer jurisprudencia resaltando dudas, complot y falacias de todo tipo.
Por eso insistimos, que lo más respetable es la verdad sobre la realidad, para poder dar una visión cabal y justa del mundo en que vivimos. Nada se paga tan caro como la sustitución de la realidad, por lo que nos parece o nos conviene. Y este es un tema que se presta para esto, ya que se pretende saber más por el eco de las redes sociales que por la ciencia, expertos en el cuestionamiento sin ningún rigor científico pretenden hacer jurisprudencia resaltando dudas, complot y falacias de todo tipo.
Sin embargo, con el aumento de las temperaturas a nivel global, los cambios en los patrones climáticos, la subida del nivel del mar, el aumento de las sequías y las inundaciones, las poblaciones más vulnerables se enfrentan a riesgos cada vez mayores, como la inseguridad alimentaria, y tienen menos oportunidades de salir de la pobreza y conseguir una vida mejor.
De hecho, la ONU estima que el cambio climático podría empujar a otros 100 millones de personas a la pobreza de aquí a 2030. Para hacer frente a estas preocupantes tendencias se necesitan importantes recursos financieros, inversiones adecuadas y un enfoque global sistemático, algo que no esta en la agenda guerrerista del mundo actual.
Sin esfuerzos adecuados de mitigación, se espera que las temperaturas aumenten debido al cambio climático inducido por el ser humano, lo que hará que el estrés térmico y las olas de calor sean cada vez más frecuentes (IPCC, 2023).
En este contexto, los trabajadores estarán crecientemente expuestos al calor excesivo, el cual constituye un riesgo para la salud ocupacional: una temperatura corporal elevada o la deshidratación pueden provocar agotamiento por calor, golpe de calor y, en casos extremos, la muerte (OIT, 2022a; PNUD et al., 2016; OIT, 2024a). Además, al ralentizar el funcionamiento del cuerpo y aumentar la necesidad de pausas, el estrés térmico reduce la productividad laboral, con una disminución estimada del 2,2 por ciento para 2030 (OIT, 2019).![]()
Además, se establece que la reducción de la productividad afecta la actividad empresarial y, en los países más afectados, podría incluso incidir en su trayectoria de desarrollo. Si bien la literatura científica resalta el impacto de las temperaturas elevadas y analiza las consecuencias del calor extremo en términos de morbilidad y mortalidad en la población general, relativamente pocos estudios han examinado estas dimensiones específicamente en la población trabajadora.
Sin embargo, se sabe que ciertas categorías de trabajadores presentan mayor riesgo de estrés térmico y que los actores del mundo del trabajo desempeñan un papel clave, tanto en el diseño de medidas preventivas frente al estrés térmico en el lugar de trabajo como en la adopción de medidas destinadas a mitigar el aumento de las temperaturas (OIT, 2019).
Estrés térmico relacionado con el clima y mortalidad ocupacional
Un documento de trabajo, dado a conocer en el mes de agosto 2026 denominado Estrés térmico relacionado con el clima y la mortalidad ocupacional en Colombia, combina los registros de defunciones de personas de entre 15 y 59 años del sistema de estadísticas vitales de Colombia entre 2017 y 2021 con mediciones de temperatura procedentes de estaciones meteorológicas y datos sobre la fuerza de trabajo. La base de datos final abarca 297 municipios, que representan aproximadamente el 59 por ciento de la población de Colombia.
Los trabajadores agrícolas, los ensambladores y los profesionales de nivel medio de la salud y la enseñanza se encuentran entre los grupos ocupacionales que afrontan mayores riesgos de mortalidad asociados a las altas temperaturas, según un nuevo documento de trabajo de la OIT.
De hecho, la ONU estima que el cambio climático podría empujar a otros 100 millones de personas a la pobreza de aquí a 2030. Para hacer frente a estas preocupantes tendencias se necesitan importantes recursos financieros, inversiones adecuadas y un enfoque global sistemático, algo que no esta en la agenda guerrerista del mundo actual.
Sin esfuerzos adecuados de mitigación, se espera que las temperaturas aumenten debido al cambio climático inducido por el ser humano, lo que hará que el estrés térmico y las olas de calor sean cada vez más frecuentes (IPCC, 2023).
En este contexto, los trabajadores estarán crecientemente expuestos al calor excesivo, el cual constituye un riesgo para la salud ocupacional: una temperatura corporal elevada o la deshidratación pueden provocar agotamiento por calor, golpe de calor y, en casos extremos, la muerte (OIT, 2022a; PNUD et al., 2016; OIT, 2024a). Además, al ralentizar el funcionamiento del cuerpo y aumentar la necesidad de pausas, el estrés térmico reduce la productividad laboral, con una disminución estimada del 2,2 por ciento para 2030 (OIT, 2019).
Además, se establece que la reducción de la productividad afecta la actividad empresarial y, en los países más afectados, podría incluso incidir en su trayectoria de desarrollo. Si bien la literatura científica resalta el impacto de las temperaturas elevadas y analiza las consecuencias del calor extremo en términos de morbilidad y mortalidad en la población general, relativamente pocos estudios han examinado estas dimensiones específicamente en la población trabajadora.
Sin embargo, se sabe que ciertas categorías de trabajadores presentan mayor riesgo de estrés térmico y que los actores del mundo del trabajo desempeñan un papel clave, tanto en el diseño de medidas preventivas frente al estrés térmico en el lugar de trabajo como en la adopción de medidas destinadas a mitigar el aumento de las temperaturas (OIT, 2019).
Estrés térmico relacionado con el clima y mortalidad ocupacional
Un documento de trabajo, dado a conocer en el mes de agosto 2026 denominado Estrés térmico relacionado con el clima y la mortalidad ocupacional en Colombia, combina los registros de defunciones de personas de entre 15 y 59 años del sistema de estadísticas vitales de Colombia entre 2017 y 2021 con mediciones de temperatura procedentes de estaciones meteorológicas y datos sobre la fuerza de trabajo. La base de datos final abarca 297 municipios, que representan aproximadamente el 59 por ciento de la población de Colombia.
Los trabajadores agrícolas, los ensambladores y los profesionales de nivel medio de la salud y la enseñanza se encuentran entre los grupos ocupacionales que afrontan mayores riesgos de mortalidad asociados a las altas temperaturas, según un nuevo documento de trabajo de la OIT.

Las temperaturas elevadas están asociadas a un aumento significativo de la mortalidad entre los trabajadores en Colombia, y algunos grupos ocupacionales afrontan riesgos considerablemente mayores que otros, según una nueva investigación de la Organización Internacional del Trabajo.
En el conjunto de las ocupaciones, las temperaturas máximas mensuales de entre 26 °C y 32 °C se asociaron con 0,04 muertes adicionales por cada 1.000 trabajadores, en comparación con los meses en que las temperaturas máximas se mantuvieron por debajo de 26 °C. Cuando las temperaturas superaron los 32 °C, la cifra aumentó a 0,09 muertes adicionales por cada 1.000 trabajadores.
Algunas ocupaciones afrontan riesgos considerablemente mayores
Los resultados muestran que los trabajadores agrícolas, los ensambladores, los profesionales de nivel medio de la salud y los profesionales de la enseñanza se encuentran entre los grupos ocupacionales más afectados por las consecuencias mortales de las temperaturas elevadas.
Los ensambladores registraron las tasas estimadas más elevadas: las temperaturas máximas mensuales superiores a 32 °C se asociaron con 1,33 muertes por cada 1.000 trabajadores. Las estimaciones correspondientes fueron de 0,40 muertes por cada 1.000 profesionales de nivel medio de la salud, 0,26 entre los trabajadores agrícolas y 0,21 entre los profesionales de la enseñanza.

Los trabajadores de los oficios relacionados con la metalurgia y la maquinaria, los operadores de instalaciones fijas y máquinas y quienes desempeñan trabajos intensivos en mano de obra en la minería, la construcción, la manufactura y el transporte también afrontaron riesgos de mortalidad relativamente elevados.
Los autores señalan que los riesgos entre los trabajadores agrícolas podrían estar subestimados, ya que es menos probable que las estaciones meteorológicas cubran las zonas remotas y rurales donde muchos de estos trabajadores viven y trabajan.
Los hombres se ven más afectados en general
El estudio concluye que, en general, los hombres registran una mayor mortalidad asociada a las temperaturas elevadas. En el conjunto de las ocupaciones, las temperaturas superiores a 32 °C se asociaron con aproximadamente 0,12 muertes por cada 1.000 trabajadores varones, más del doble de la tasa estimada para las mujeres.
Sin embargo, los resultados también revelan importantes diferencias entre ocupaciones. Las mujeres profesionales de nivel medio de la salud mostraron una vulnerabilidad especialmente elevada: las temperaturas superiores a 32 °C se asociaron con 0,48 muertes por cada 1.000 trabajadoras. Las mujeres representan alrededor de dos tercios del empleo en este grupo ocupacional.
Los autores señalan que los riesgos entre los trabajadores agrícolas podrían estar subestimados, ya que es menos probable que las estaciones meteorológicas cubran las zonas remotas y rurales donde muchos de estos trabajadores viven y trabajan.
Los hombres se ven más afectados en general
El estudio concluye que, en general, los hombres registran una mayor mortalidad asociada a las temperaturas elevadas. En el conjunto de las ocupaciones, las temperaturas superiores a 32 °C se asociaron con aproximadamente 0,12 muertes por cada 1.000 trabajadores varones, más del doble de la tasa estimada para las mujeres.
Sin embargo, los resultados también revelan importantes diferencias entre ocupaciones. Las mujeres profesionales de nivel medio de la salud mostraron una vulnerabilidad especialmente elevada: las temperaturas superiores a 32 °C se asociaron con 0,48 muertes por cada 1.000 trabajadoras. Las mujeres representan alrededor de dos tercios del empleo en este grupo ocupacional.

El documento sugiere que las diferencias en las condiciones de trabajo, la carga física, la exposición al aire libre, la ventilación en el lugar de trabajo, el calor generado por los procesos productivos y el uso de equipos de protección personal pueden influir en la vulnerabilidad de los trabajadores.
La prevención y la protección social son esenciales
El estudio pide reforzar las medidas de seguridad y salud en el trabajo, especialmente en las ocupaciones en las que la mortalidad relacionada con el calor ya es elevada.
Entre las medidas recomendadas figuran las evaluaciones de los riesgos derivados del calor en el lugar de trabajo, el acceso a agua potable, pausas más frecuentes, la adaptación de los horarios de trabajo, zonas de descanso frescas y ventiladas, equipos de protección adecuados, formación de los trabajadores, medidas de aclimatación y un seguimiento periódico de la salud.
La participación de los trabajadores y los empleadores a través del diálogo social también es esencial para identificar los riesgos y diseñar respuestas eficaces en el lugar de trabajo.

Aunque el sistema general de seguro de salud de Colombia cubre a casi el 99 por ciento de la
población, en diciembre de 2024 sólo alrededor del 53 por ciento de los trabajadores estaba cubierto por el sistema de riesgos laborales del país. Esto deja a muchos trabajadores, en particular a quienes se encuentran en el empleo informal, sin una protección adecuada frente a las lesiones y enfermedades relacionadas con el trabajo.
El documento de trabajo concluye que se necesitan más investigaciones, entre otras cuestiones sobre las enfermedades relacionadas con el calor y la eficacia de las medidas preventivas en las distintas ocupaciones. A medida que el cambio climático aumenta la frecuencia y la intensidad de las altas temperaturas, reforzar la prevención, la adaptación y la protección social será cada vez más importante para proteger la salud de los trabajadores.
En relación con la mortalidad en la población general, un estudio estadístico realizado en 13 países (Australia, Brasil, Canadá, China, Italia, Japón, Corea del Sur, España, Suecia, Taiwán, Tailandia, Reino Unido y Estados Unidos de América) mostró que las temperaturas extremas (tanto altas como bajas) son responsables del 0,86 por ciento de la mortalidad total, con más muertes atribuibles al frío que al calor (Gasparrini et al., 2015).
Más recientemente, un metaanálisis sobre diversos resultados cardiovasculares evidenció que un aumento de 1 °C en la temperatura se asocia con un aumento del riesgo de morbilidad relacionada con enfermedades cardiovasculares del 2,1 por ciento y un aumento de la morbilidad debido a arritmias, paro cardíaco y enfermedad coronaria. (Liu et al., 2022). Además, se han identificado mayores riesgos de morbilidad y mortalidad vinculados a la exposición al calor en mujeres, personas de 65 años o más y personas que viven en climas tropicales.
Medición del estrés térmico
Y como hemos visto en el Informe de la OIT sobre Colombia específicamente, también se ha evidenciado un aumento de la mortalidad asociada a temperaturas elevadas. En este país, Helo Sarmiento (2023) estimó que un día adicional con una temperatura media superior a 27 °C conlleva aproximadamente 0,24 muertes por cada 100.000 habitantes, lo que equivale al 0,7 por ciento de la tasa mensual de mortalidad.
En este marco, el estudio estima que 22,85 millones de lesiones laborales y 18.970 muertes por año están directamente relacionadas con la exposición al calor excesivo en el trabajo (OIT, 2024a). Sin embargo, para el diseño de políticas es necesario complementar estas estimaciones globales con datos más desagregados a nivel nacional y ocupacional.
Además, más allá de las predicciones basadas en modelos, se requieren análisis empíricos mediante datos observacionales sobre mortalidad en distintas ocupaciones para confirmar dichas predicciones y evaluar impactos en contextos específicos. Los estudios empíricos cuantitativos que han intentado medir el impacto de temperaturas elevadas en la salud de los trabajadores se han centrado principalmente en ocupaciones específicas a menudo en países desarrollados donde la recopilación de datos puede ser más sistemática.
Una revisión de la literatura de 2014 sobre exposición al calor en el trabajo, que incluyó 55 estudios entre 1997 y 2012, encontró que el 20 por ciento de los artículos se enfocaban en trabajadores manufactureros de la industria del acero y fundición; el 18 por ciento en mineros; el 16 por ciento en trabajadores manuales mixtos; el 13 por ciento en trabajadores de la construcción; el 13 por ciento en agricultores; y el 5 por ciento en fuerzas armadas (Xiang et al., 2014).
Es decir que hay una amplia muestra para llegar a la conclusión de que el problema es serio y será necesario darle un tratamiento que se vincule a la dimensión real del fenómeno.
*Periodista uruguayo- suizo, exmiembro de la Asociación de Corresponsales de Prensa de Naciones Unidas (ACANU) en Ginebra. Analista asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la).Miembro de la Red Internacional de Cátedras, instituciones y personalidad sobre el estudio de la Deuda Pública
El documento de trabajo concluye que se necesitan más investigaciones, entre otras cuestiones sobre las enfermedades relacionadas con el calor y la eficacia de las medidas preventivas en las distintas ocupaciones. A medida que el cambio climático aumenta la frecuencia y la intensidad de las altas temperaturas, reforzar la prevención, la adaptación y la protección social será cada vez más importante para proteger la salud de los trabajadores.
En relación con la mortalidad en la población general, un estudio estadístico realizado en 13 países (Australia, Brasil, Canadá, China, Italia, Japón, Corea del Sur, España, Suecia, Taiwán, Tailandia, Reino Unido y Estados Unidos de América) mostró que las temperaturas extremas (tanto altas como bajas) son responsables del 0,86 por ciento de la mortalidad total, con más muertes atribuibles al frío que al calor (Gasparrini et al., 2015).
Más recientemente, un metaanálisis sobre diversos resultados cardiovasculares evidenció que un aumento de 1 °C en la temperatura se asocia con un aumento del riesgo de morbilidad relacionada con enfermedades cardiovasculares del 2,1 por ciento y un aumento de la morbilidad debido a arritmias, paro cardíaco y enfermedad coronaria. (Liu et al., 2022). Además, se han identificado mayores riesgos de morbilidad y mortalidad vinculados a la exposición al calor en mujeres, personas de 65 años o más y personas que viven en climas tropicales.
Medición del estrés térmicoY como hemos visto en el Informe de la OIT sobre Colombia específicamente, también se ha evidenciado un aumento de la mortalidad asociada a temperaturas elevadas. En este país, Helo Sarmiento (2023) estimó que un día adicional con una temperatura media superior a 27 °C conlleva aproximadamente 0,24 muertes por cada 100.000 habitantes, lo que equivale al 0,7 por ciento de la tasa mensual de mortalidad.
En este marco, el estudio estima que 22,85 millones de lesiones laborales y 18.970 muertes por año están directamente relacionadas con la exposición al calor excesivo en el trabajo (OIT, 2024a). Sin embargo, para el diseño de políticas es necesario complementar estas estimaciones globales con datos más desagregados a nivel nacional y ocupacional.
Además, más allá de las predicciones basadas en modelos, se requieren análisis empíricos mediante datos observacionales sobre mortalidad en distintas ocupaciones para confirmar dichas predicciones y evaluar impactos en contextos específicos. Los estudios empíricos cuantitativos que han intentado medir el impacto de temperaturas elevadas en la salud de los trabajadores se han centrado principalmente en ocupaciones específicas a menudo en países desarrollados donde la recopilación de datos puede ser más sistemática.
Una revisión de la literatura de 2014 sobre exposición al calor en el trabajo, que incluyó 55 estudios entre 1997 y 2012, encontró que el 20 por ciento de los artículos se enfocaban en trabajadores manufactureros de la industria del acero y fundición; el 18 por ciento en mineros; el 16 por ciento en trabajadores manuales mixtos; el 13 por ciento en trabajadores de la construcción; el 13 por ciento en agricultores; y el 5 por ciento en fuerzas armadas (Xiang et al., 2014).
Es decir que hay una amplia muestra para llegar a la conclusión de que el problema es serio y será necesario darle un tratamiento que se vincule a la dimensión real del fenómeno.
*Periodista uruguayo- suizo, exmiembro de la Asociación de Corresponsales de Prensa de Naciones Unidas (ACANU) en Ginebra. Analista asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la).Miembro de la Red Internacional de Cátedras, instituciones y personalidad sobre el estudio de la Deuda Pública