14 nov 2019

OTRA VEZ SOPA

Argentina, al borde del default

Por Salvador Di Stéfano


13 Noviembre 2019






Argentina pierde aceleradamente reservas, al 7 de noviembre se ubicaban en U$S43.106 millones, en el pasivo del Banco Central, como contrapartida de estas reservas hay dólares que pertenecen a los bancos, dinero depositado en organismos financieros internacionales y créditos otorgados al país que en algún momento tendremos que devolver, el saldo son las reservas reales del país que ascenderían a U$S 4.283 millones.



El país tendrá problemas para cumplir con los pagos de 2020. La región y el contexto global no ayudan.



Sin toma de decisiones firmes el país no puede enfrentar los pagos de la deuda 2020. El país tiene un bajo stock de deuda, pero no podemos pagar los intereses. Desde el año 2011 que caen nuestras exportaciones y bajan las inversiones. América Latina no ayuda, las guerras comerciales tampoco.




El escenario de América Latina no ayuda a Argentina que es una economía débil, con escasas reservas, alta inflación y sin equilibrio fiscal. La clase política debería trabajar en conjunto para presentar un plan de emergencia económica. A 27 días de que asuma el próximo presidente no hay hoja de ruta.



El escenario de América Latina estaba signado por una serie de problemas estructurales que presagiaban problemas inminentes, algo que finalmente ocurrió.

Los países latinoamericanos son altamente dependientes del precio de las materias primas, estos precios vienen cayendo desde el año 2011 y no hay recuperación a la vista en el corto plazo.



El año 2018 Estados Unidos lanzo su reforma tributaria que atrajo inversiones de todo el mundo a su territorio, ya que quedaba exenta de tributo la repatriación de ganancias de empresas americanas. Esto derivó en menos inversiones extranjeras directas a escala global, y esto afectó a América Latina.



En abril del año 2018 comienza lo que se denomina la guerra comercial entre Estados Unidos y China con la aplicación de aranceles comerciales entre ambas naciones. Esto produce una escala de conflictos en donde las implicancias para América Latina fueron letales. En primer lugar, China devalúa el yuan desde niveles de 6,20 a los 7 yuanes por dólar, esto cambio el precio relativo de muchos productos en China que impactan en América Latina por el enorme flujo de comercio entre ambas regiones. En segundo lugar, el impacto combinado de la guerra comercial y la devaluación china genero dos externalidades negativas para el mundo emergente, la primera fue el corte de crédito y la segunda la devaluación de las monedas locales.
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Los problemas de corrupción en Brasil hacen que la principal economía de la región no crezca en forma consistente desde el año 2014, esto impacto en toda la región que había comenzado un proceso de desaceleración económica en el año 2011, alcanzo su piso en el año 2016 con una pobre recuperación en los años 2017 y 2018.



Esta sucesión de problemas impactó sobre Argentina, la última vez que colocamos un bono a nivel internacional fue en enero de 2018, desde esa fecha solo recibió ayuda del Fondo Monetario Internacional por la friolera de U$S44.000 millones, entre enero de 2018 y la actualidad los bonos que vencían se pagaban y el mercado internacional no renovaba el crédito sobre el país. No hay ningún país del mundo que pueda pagar su deuda pública, todos necesitan crédito, aunque sea para renovar el capital a vencer.

En este contexto, Argentina pierde aceleradamente reservas, al 7 de noviembre se ubicaban en U$S43.106 millones, en el pasivo del Banco Central, como contrapartida de estas reservas hay dólares que pertenecen a los bancos, dinero depositado en organismos financieros internacionales y créditos otorgados al país que en algún momento tendremos que devolver, el saldo son las reservas reales del país que ascenderían a U$S4.283 millones.

La sucesión de eventos sociales en Ecuador, Chile y Bolivia, sumados a los problemas de crecimiento que tiene Brasil, y la caída de actividad que está sufriendo México no hace más que alejar a los capitales de la región.

Argentina se enfrenta a un cambio de gobierno en pocos días, la clase política no está logrando vertebrar alianzas que posibiliten un plan económico común para enfrentar la crisis.

Con las escasas reservas existentes, los pagos de la deuda pública podrían alcanzar para enfrentar los pagos hasta diciembre de 2019, desde allí en adelante se necesitaría crédito externo, de lo contrario la cesación de pagos estaría golpeando las puertas del nuevo gobierno.

Sería muy desagradable volver a caer en cesación de pagos, ya que sentaría un muy mal precedente y sería muy difícil poder retomar la senda del crecimiento económico. Los mercados están descontando una reestructuración de la deuda con quitas superiores al 35%, esto implica una negociación agresiva y poco amigable.

Un escenario de este tipo lejos de animar a que lleguen capitales los espanta. Argentina muestra un PBI estancado desde el año 2011, algo similar a lo que ocurre en toda América latina, sin embargo, nuestro país tiene una inflación descontrolada, algo que no ocurre en la región, y carga sobre sus hombros dos reestructuraciones de deuda, una en el año 2002, y la segunda será la que haga el próximo gobierno. Con estos antecedentes la salida no será fácil.

Argentina es un país exportador de materias primas, principalmente la soja, el precio de este producto viene cayendo desde el año 2011, sin embargo, el gobierno le sigue aplicando retenciones como en aquella época, algo que hace que la producción se haya estancado en torno de los 53 millones de toneladas.

En el año 2011 las exportaciones argentinas fueron de 84.000 millones y las importaciones de 74.000 millones, esto suma un comercio de U$S 158.000 millones. El stock acumulado a septiembre de 2019 suma exportaciones proyectadas en U$S 64.000 millones e importaciones por U$S 52.000 millones, la suma de ambas es de U$S 116.000 millones. Una caída del 26,6% en el comercio internacional. De esto nadie habla, mejor omitir problemas.


Conclusiones


América Latina es un volcán con erupciones que se repiten en toda la región, producto de problemas estructurales no resueltos, sin miras que mejoren los precios de los productos que exporta, sin arribo de inversión, ayuda del FMI o crédito externo privado que mejore el escenario económico.
En este contexto los países no cuentan con deudas publicas elevadas si las comparamos con la media del mundo desarrollado, sin embargo, estas deudas generan intereses que no se pueden pagar en el marco de economías que cada año muestran caídas de actividad económica.
Argentina en particular, tiene una deuda privada y con organismos financieros internacionales que ascendería U$S 205.511 millones al 30 de septiembre de 2019, y el PBI medido al 30 de junio de 2019 es de U$S 417.818 millones, lo que equivale al 49,2% del PBI.
El stock de deuda es bajo, pero durante el año 2020 los servicios de la deuda privada ascienden a U$S 39.323 millones, algo menos que el stock de reservas y un 9,4% del PBI. Una suma impagable si no hay crédito externo.
En este contexto el presidente electo para conducir el país a partir del 10 de diciembre no ha diseñado o comunicado en público cual es la hoja de ruta económica a seguir, lo que mantiene en vilo a los agentes económicos.
El diagnóstico es claro, no hay reservas, la inflación es elevada, y los vencimientos de deuda que están por delante son impagables. Armonizar soluciones económicas debería ser el arte de la política, en la medida que no asomen propuestas el mercado seguirá a la deriva.
El cepo al dólar hizo que los capitales dejaran de salir, lo que nadie dice es que potencian la idea de que no van a entrar, y allí radican las mayores incógnitas de cómo se resolverá el problema de la deuda pública, la llegada de inversiones, creación de empleo y mayor bienestar para el pueblo argentino.
Los 7 hábitos para salir de la crisis son menos impuestos, menos gastos, honrar los contratos firmados, no emitir, incentivar inversiones, superávit fiscal y comercial. Estamos muy lejos de que la clase política dialogue sobre estos temas.