16 ene 2015

Alá es grande


Es muy raro todo lo que ocurre en torno al injustificable episodio de agresión a los periodistas franceses que editan el semanario humorístico Charlie Hebdo.
Alberto Grille -

16 de enero, 2015

Es curiosísimo que en un país en el que hay millones de musulmanes y, probablemente, otros tantos millones de franceses xenófobos, un medio de prensa alternativo, hasta estos días casi insignificante, se dedique a ironizar con Dios y, eventualmente, a estigmatizar a Mahoma en nombre de la libertad de prensa, y a provocar la burla de unos y la humillación de otros. Particularmente raro y, además, verdaderamente patético es que justamente los humillados son los que, además, son humillados en la vida real.

La respuesta del mundo occidental fue, aparentemente, casi unánime. Como ya sabemos, en opinión de los occidentales los musulmanes son terribles, fanáticos y a veces asesinos, y la cultura occidental es tolerante, atractiva, universal y abierta.

La manifestación multitudinaria que se llevó a cabo en París, con la presencia de cincuenta jefes de Estado, pareció sellar el balance que el mundo al que accedemos hizo de esta trágica matanza. Mientras el mundo occidental lamentaba la muerte de una docena de franceses y enarbolaba las banderas de la libertad, las bombas occidentales gatilladas por algunos de esos jefes de Estado seguían cayendo en Afganistán, en Siria y en Gaza, regando la tierra con sangre de hombres, mujeres y niños árabes.

Así está el mundo. Ni hablar de las sospechas que tengo sobre el accionar de los servicios secretos occidentales, sobre los propósitos de Occidente de alinear a Francia en las políticas más belicistas, sobre la responsabilidad de la CIA en la expansión del fundamentalismo musulmán y la creación de Al Qaeda en plena Guerra Fría. También, por qué no, en este tipo de atentado criminal que los agentes del espionaje llaman “crímenes de falsa bandera”.

Las dudas las tengo y en nada mitigan mi repudio a los atentados contra víctimas inocentes e indefensas por parte de terroristas fanáticos y alienados. E incluyo, naturalmente, entre las víctimas a los judíos víctimas del antisemitismo. Pero la libertad de prensa no es lo que está en juego. O, por lo menos, no es todo lo que está en juego. También está en juego la responsabilidad, es decir, el posible mal uso de la libertad. Por lo pronto, pienso que es imprudente y provocativo seguir burlándose de un dios de miles de millones de creyentes para repudiar a una decena de fanáticos que reaccionaron enajenados a las burlas.

Si alguna moraleja se puede sacar de esto es que hay cosas que es preciso tomárselas muy en serio, y que sobre ellas no se puede hacer bromas.

También hay que percibir el papel lamentable que desempeñan cierta intelectualidad y clase media francesa que alguna vez abrazó los ideales de la Revolución Francesa y hoy se anota en las políticas de discriminación, xenofobia, antisemitismo y ultraderecha racista.

Cualquiera sabe que quien se hace el vivo después tiene que aguantar las consecuencias. Y que por alguna de estas guarangadas después somos todos los que tenemos que lamentarnos y sufrir.

*Publicada en Caras y Caretas el viernes 16 de enero de 2015