21 sept 2016

Orlando Letelier: El que lo advirtió

Cuando están a punto de cumplirse 40 años del asesinato del ex canciller Orlando Letelier en Washington, el arquitecto Miguel Lawner repasa su legado y destaca que fue el primero en advertir los riesgos de implementar el modelo neoliberal de los Chicago Boys. Además, recuerda su trayectoria política, su paso por los campos de prisioneros de la dictadura y cómo se transformó en un actor clave para alertar a la comunidad internacional de las violaciones a los derechos humanos que se cometían en Chile.

Por Miguel Lawner



El 21 de septiembre próximo se cumplen 40 años del asesinato de Orlando Letelier, a raíz del atentado terrorista perpetrado por la DINA en el corazón de Washington. Una bomba colocada en el piso de su automóvil, generó una explosión que le originó la muerte minutos más tarde. Junto con Orlando falleció su acompañante, la joven Ronni Karpen Moffitt, compañera de trabajo en el Instituto de Estudios Políticos.A comienzos de su gobierno, el presidente Allende lo designó embajador en los Estados Unidos, cargo en el cual destacó por su capacidad para enfrentar la compleja situación que generó la nacionalización del cobre en Chile, por cuanto afectó los intereses de las compañías norteamericanas dueñas de los grandes yacimientos existentes hasta entonces: la Kennecott y la Anaconda Copper Mining.

A comienzos de 1973, Allende convocó a Letelier a Santiago a fin de asumir la cartera de Relaciones Exteriores, más tarde el Ministerio del Interior y finalmente el de la Defensa Nacional. En esa responsabilidad lo sorprendió el golpe militar de 1973. Fue detenido el mismo 11 de septiembre al ingresar al ministerio a su cargo y confinado a la Isla Dawson junto con otros altos funcionarios del gobierno depuesto.

En Dawson, Orlando jamás se doblegó ante las vejaciones de las cuales éramos víctima. Imponía respeto por su apostura y su altivez para enfrentar a los militares. Enfrentó sin dar muestras de fatiga el trabajo forzado y cuando emprendimos la restauración de la iglesia de Puerto Harris, fue un trabajador aplicado, a cargo de pintar el alero de la iglesia.

Justamente acabamos de recuperar uno de los apuntes que realicé en la isla, donde aparece Letelier pintado cuidadosamente dicho alero. El dibujo estaba en el Archivo de la Biblioteca Nacional, institución a la cual la familia de Orlando donó todos sus documentos, fotografías y artículos personales.




Es una primicia que acompañamos con este texto, y donde Orlando aparece junto al abogado porteño Luis Vega, también preso en la isla, ambos encaramados en un andamio que habilitamos para permitir la ejecución de una tarea autoimpuesta por nosotros mismos.

Desde Dawson nos trasladaron a Santiago en mayo de 1974. Letelier fue recluido en el subterráneo de la Academia de Guerra Aérea (AGA), junto a otros ocho compañeros. Dos meses más tarde todo el grupo de Dawson fue destinado a Ritoque, un balneario popular construido por el gobierno de Allende, que se blindó y artilló para servir como campo de concentración.

Con motivo del primer aniversario del golpe militar, el 11 de septiembre de 1974, los presos políticos en Ritoque fuimos llamados a formación, a fin de escuchar la palabra de un alto oficial de la Fuerza Aérea, quién pretendió justificar la intervención militar, debido a las supuestas ilegalidades y escándalos cometidos por la administración Allende. El oficial concluyó su diatriba con la siguiente advertencia:

“Algunos de ustedes saldrán pronto expulsados fuera de Chile, pero sepan que la larga mano de la Dina los alcanzará en cualquier lugar del mundo, vayan donde vayan.”
¿Qué tal?

Días después, Orlando fue expulsado de Chile, arribando a Venezuela, cuyo gobierno había realizado numerosas gestiones en demanda de su libertad. Allí se reunió con su familia, con la cual viajó meses después a los Estados Unidos, a fin de integrarse como miembro del Instituto de Estudios Políticos en Washington, tarea que compartió con el cargo de director del Transnational Institute (TNI), con sede en Holanda.

Desde entonces, Letelier desarrolló una actividad infatigable denunciando los crímenes y las múltiples violaciones a los derechos humanos que tenían lugar en Chile, tarea compartida con el análisis de las transformaciones a las estructuras sociales y económicas que comenzaron a implementar los golpistas.

El 26 de agosto de 1976, veinticinco días antes de su asesinato, Orlando publicó un ensayo en la revista norteamericana The Nation titulado:

Los Chicago Boys en Chile
“LIBERTAD ECONÓMICA Y REPRESIÓN POLÍTICA”
Dos caras de un mismo modelo

El texto analiza detalladamente los cambios introducidos en la economía chilena por la Junta Militar, enfatizando que una política tan contraria a los intereses mayoritarios de la población, solo podía implementarse mediante una feroz represión.

En esos días, las autoridades norteamericanas reconocían la existencia de los abusos en materia de derechos humanos cometidos por los militares chilenos, pero valoraban con entusiasmo sus éxitos económicos. El ensayo de Orlando es categórico en demostrar que libertad política y represión económica son dos caras de una misma moneda. Es imposible disociar esa yunta, y enrostra a los Chicago Boys su responsabilidad por el genocidio que tiene lugar en Chile.

Es un documento pionero. Orlando es la primera persona en el mundo entero que advirtió los estragos que produciría el modelo neoliberal, implementado primero en Chile en calidad de conejillo de Indias y extendido años después al resto del planeta. Su artículo no se conoció en Chile, hasta que Hernán Soto y yo lo dimos a conocer en libro publicado por LOM Ediciones el 2011 con el título: “Orlando Letelier: el que lo advirtió”
El 10 de Septiembre de 1976, con motivo del tercer aniversario del golpe militar en Chile, Orlando fue el principal orador de un acto efectuado en el Madison Square Gardens de Nueva York.

La junta militar acababa de dictar un decreto privándolo de su nacionalidad. Ante las 5.000 personas que colmaban el Forum y otras 2.000 que no pudieron ingresar, 

Orlando declaró lo siguiente:

“Hoy día, Pinochet ha firmado un decreto que me priva de mi nacionalidad. Este es un día importante para mí. Un día dramático en mi vida, en que la acción de los generales fascistas me hace sentir más chileno que nunca. Porque nosotros somos los verdaderos chilenos, en la tradición de O’ Higgins, Balmaceda, Neruda, Gabriela Mistral, Claudio Arrau y Víctor Jara y ellos –los fascistas– son los enemigos de Chile, los traidores que están vendiendo el país a los intereses extranjeros. Yo nací chileno, soy chileno y moriré chileno. Ellos nacieron traidores, viven como traidores y serán recordados siempre como fascistas traidores.”

El 21 de Septiembre de 1976, el agente de la DINA Michael Towley, con el apoyo de exiliados cubanos miembros de una organización terrorista con asiento en los Estados Unidos, llevaron a cabo el atentado que cobró la vida de Orlando Letelier.

Los culpables fueron juzgados y condenados tanto en Estados Unidos como en Chile, sin embargo, el autor directo del atentado, Michael Townley, reside libre en Estados Unidos, amparado en la fórmula de delación compensada.
En Washington DC se prepara un acto solemne conmemorando los 40 años del asesinato de Orlando Letelier. Allí, su hijo Francisco, pintor que reside en los Estados Unidos, inaugurará un mural en recuerdo de su padre.

Me cuesta admitir que esta fecha pase desapercibida en Chile. Es un indicador preocupante de la pérdida de los valores éticos e ideológicos que afectan hoy a gran parte de la izquierda chilena.
Expreso mi admiración y mi reconocimiento a un hombre tan fundamental en la gestión del gobierno de la Unidad Popular. Saludo al leal colaborador del Presidente Allende, al altivo prisionero de guerra; a quien fue el primero en advertir los estragos generados a raíz de las transformaciones económicas impuestas por los militares; al hombre que encabezó las denuncias internacionales por los crímenes y las violaciones a los derechos humanos que tenían lugar en nuestro país.





Querido Orlando, amigo y compañero: no te olvidamos.

CIPER Chile