1 nov 2016

CUESTION DE FE

theguardian
La debacle de la izquierda da alas a la derecha religiosa en Brasil

Un obispo evangélico gobernará Río de Janeiro, mientras el Partido de los Trabajadores de Rousseff pierde varios de sus tradicionales bastiones electorales.El triunfo de Marcelo Crivella refleja el fracaso del PT y el hartazgo de los ciudadanos con la clase política brasileña

Jonathan Watts - Río de Janeiro
31/10/2016 - 20:03h


El obispo evangélico Crivella se impone en las elecciones de Río de Janeiro. EFE
Río de Janeiro ya tiene un nuevo alcalde: un obispo de la Iglesia Evangélica. Los candidatos de derechas están consolidando su influencia en Brasil gracias al voto de castigo al Partido de los Trabajadores.

A pesar de que en el pasado ha condenado a los católicos y a los homosexuales, Marcelo Crivella, un obispo de la Iglesia Universal del Reino de Dios, ha conseguido hacerse con la alcaldía de la ciudad en una segunda vuelta de las elecciones municipales que pone en evidencia el auge del conservadurismo religioso y la caída del partido de izquierdas que durante más de una década ha dominado la política nacional.


Los brasileños castigan a sus políticos con la abstención y el voto nulo EFE

En las elecciones municipales del pasado domingo, el Partido de los Trabajadores perdió las principales alcaldías del país, entre las que se incluyen dos en el estado de São Paulo, donde se fundó, y Recife, que durante mucho tiempo se ha considerado su feudo. Este fracaso electoral se suma a las derrotas de la primera vuelta de las municipales celebrada a principios de este mes.

Con estos resultados, el partido no ha podido cerrar un periodo horrendo que empezó con la destitución de la presidenta del país, Dilma Rousseff, y que continuó tras la imputación del fundador del partido, el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, en la Operación Lava Jato, relativa al pago de sobornos por parte de la petrolera estatal Petrobras, por corrupción y obstrucción a la justicia.

El profesor de Derecho de la Fundación Getúlio Vargas, Michael Mohallem, indica que si bien todos los partidos importantes están implicados en este escándalo, el Partido de los Trabajadores es el que se verá más perjudicado en las elecciones presidenciales de 2018.

“El Partido de los Trabajadores es el que ha salido peor parado. Si atendemos a la pérdida de votos, ha retrocedido 20 años como consecuencia directa de su implicación en este escándalo”, explica.
Récord de votos en blanco

Indignados por el escándalo de Lava Jato, que salpica a docenas de políticos de distinta ideología, y hartos de una recesión que no parece tener fin, los electores han querido demostrar su desprecio hacia la clase política. Los votos en blanco o nulos han alcanzado una cifra récord, y muchos ciudadanos optaron por no votar a pesar de que en Brasil están obligados por ley a hacerlo. También mostraron su preferencia hacia candidatos que no responden al perfil tradicional de político.

En Belo Horizonte, la alcaldía ha quedado en manos de Alexandre Kalil, el expresidente de un club de fútbol, que se presentaba como candidato de un partido poco conocido, el Partido de la Solidaridad Humanista, y que basó su campaña en presentarse como alguien ajeno a la política.

En Río se disputaron la alcaldía dos partidos políticos que en el pasado se consideraban marginales. Crivella, un conservador que era el candidato del Partido Republicano Brasileño, ganó con el 59,4% de los votos, muy por delante de Marcelo Freixo, un respetado defensor de los derechos humanos y candidato del Partido Socialista y de la Libertad. En tercer lugar se situó otro conservador de la Iglesia Evangélica, Flávio Bolsonaro, que fue eliminado en la primera vuelta. Su padre, Jair Bolsonaro, diputado nacional, dedicó su voto a favor de la destitución de Dilma Rousseff a un torturador de la dictadura.

Para Crivella, un ex cantante de góspel y sobrino del fundador de su poderosa iglesia, este era su tercer intento. Si su conservadurismo religioso y varias acusaciones de fraude propiciaron su fracaso en los dos intentos anteriores, todo parece indicar que en esta ocasión han contribuido a su victoria.
El poder de la Iglesia Evangélica

La Iglesia Evangélica ha ido ganando poder en Brasil, un país tradicionalmente católico. Además del aumento del número de feligreses (según el último censo ya representan una quita parte de la población), su fuerza electoral se debe a la reforma del sistema de financiación de partidos, que limita las aportaciones de las empresas pero que sigue permitiendo que las entidades religiosas puedan promover a un candidato a través de sus canales de televisión y de radio, y también puedan recomendarlo a sus feligreses.

También ha conseguido penetrar en los partidos con más tradición que integran la base de la coalición de centro derecha del presidente Michel Temer. El gran beneficiario de las elecciones de este mes ha sido el Partido de la Social Democracia Brasileña, que se ha hecho con la alcaldía de São Paulo. El partido de Michel Temer, el Partido del Movimiento Democrático Brasileño, ha resistido muy bien y es el que más alcaldías ha conseguido mantener.

Algunos líderes de estos partidos están implicados en el escándalo de Lava Jato; también Crivella. Sin embargo, han conseguido salir de esta situación no solo indemnes sino también victoriosos.

Algunos lo atribuyen a la falta de imparcialidad de los medios y de los jueces que han participado en esta investigación. “Lava Jato desacredita a toda la clase política. Los votantes ya no creen en los políticos”, indica João Feres Jr, del Instituto de Estudios Políticos y Sociales de la Universidad Estatal de Rio de Janeiro. “El ganador de estos comicios es el PSD, que ha conseguido hacerse con el control a pesar de haber perdido las últimas elecciones presidenciales. Tienen varias carteras ministeriales que son clave en el gobierno de Temer y pueden impulsar varias reformas conservadoras”.

Otros esperan que, ahora que los conservadores y los líderes evangélicos ocupan destacados puestos en la política, el gobierno siga escorándose hacia la derecha. El auge de la derecha religiosa –y la posibilidad de que ello dé lugar a un gobierno moralmente invasivo– provoca miedo o esperanza, en función de la ideología política de cada uno.

En un mitin de Crivella celebrado la semana pasada, sus seguidores ya celebraban la futura victoria y bailaban al ritmo de la canción de su campaña, que incluía incontables menciones al caso Lava Jato. Todos los que hablaron con the Guardian restaron importancia al hecho de que la candidatura mezclara la política con la religión, pero todos eran feligreses de la Iglesia Evangélica y creían que Crivella impulsaría muchas reformas.

“Hasta ahora nos regíamos por los intereses de siempre pero con Crivella va a ser distinto. Es un hombre puro”, explicaba Karine Cruz, una estudiante. “Pondrá a los corruptos en la cárcel. La investigación de Lava Jato ha sido un intento de limpiar la política pero solo es el principio de una reforma mucho más profunda”.

Río, que en el pasado debió su fama al hecho de ser la capital de un partido y que más tarde se convirtió en sede olímpica, ha entrado en una nueva era conservadora.

Traducción de Emma Reverter