20 feb 2015

El exasesor de Ronald Reagan recomienda a EE.UU. decir 'adiós' a varios aliados.

A menudo los países tienen problemas similares a los de las personas. No en vano, Washington se ha pasado décadas "coleccionando aliados como muchos coleccionan 'amigos' en Facebook", y ha llegado el momento de decir 'adiós' a algunos de ellos.A menudo los países tienen problemas similares a los de las personas. No en vano, Washington se ha pasado décadas "coleccionando aliados como muchos coleccionan 'amigos' en Facebook", y ha llegado el momento de decir 'adiós' a algunos de ellos.

REUTERS/Jonathan Ernst


'The National Interest', el académico titular del Instituto Cato (EE.UU.) y exasesor del presidente estadounidense Ronald Reagan Doug Bandow recomienda a Washington que aprenda a decir 'no' y empiece a deshacerse de algunas de sus alianzas.


Arabia Saudita

En relación a los valores, Riad es "una vergüenza extraordinaria" para EE.UU.: "un estado totalitario, donde la monarquía saquea a la gente, maltrata a la oposición política, suprime la expresión religiosa e incluso exporta la tiranía sunita al vecino Baréin", explica el analista.

"El difunto rey Abdalá fue aclamado como moderado y modernizador, pero lo fue solo en el contexto de una de las sociedades menos libres en el mundo. Y su sucesor, el rey Salmán, parece decidido a detener, si no revertir, los avances minúsculos de las últimas dos décadas", agrega Bandow.

REUTERS/Jim Bourg

A su juicio, aunque EE.UU. y Arabia Saudita siempre han tenido algunos intereses y enemigos comunes, no es necesario mantener una alianza "para cooperar en lo que sus intereses coinciden".

"No debe haber más visitas presidenciales para rendir homenaje respetuoso al trono saudita. No debe haber más reuniones íntimas 'de cogerse de las manos' en el refugio del presidente. El Ejército de EE.UU. no debe ser tratado como un guardaespaldas de bajo coste para la familia Saúd y listo para cumplir las órdenes de Riad", opina el escritor.

Corea del Sur

"Si alguna vez ha habido una alianza que se haya vuelto irrelevante por las circunstancias, es la garantía de defensa de la República de Corea por parte de EE.UU.", asegura el autor del artículo.

"Las tropas estadounidenses fueron necesarias en la península hasta que el Sur logró tanto la estabilidad política como el desarrollo económico", explica Bandow. A su juicio, en la década de 1980 Seúl había superado a Corea del Norte económicamente, y en la década de 1990, se estableció la democracia en aquel país.

"La dependencia de Corea del Sur de los subsidios de defensa estadounidenses es como si Washington pidiera a Europa que le ayudara contra México. El Sur puede defenderse", sostiene el publicista.

Irak

"La invasión de Irak por la Administración de Bush se basó en una serie de ilusiones, empezando por la presencia de armas de destrucción masiva", y, en última instancia, llevó al surgimiento del Estado Islámico, asevera el escritor.

"Al eliminar al dictador secular Saddam Hussein, EE.UU. provocó una guerra sectaria. La mayoría chiita se hizo finalmente con el dominio político, pero su brutalidad animó a los sunitas desposeídos a recurrir a la protección del Estado Islámico. Ahora Washington está de vuelta en la guerra en nombre de un aliado nominal", afirma el autor. Sin embargo, la Administración iraquí es parte del problema actual tras haber sembrado la división en su propia sociedad y haber causado problemas a los demás, recuerda el experto.

"Es mejor hacer esta relación puramente transaccional. ¿Debería EE.UU. proporcionar armas o entrenamiento al Ejército iraquí? Depende de si tiene sentido en un momento determinado y en circunstancias particulares. Cooperar cuando sea ventajoso hacerlo y, de otro modo, mantener la distancia. No debería haber ninguna pretensión de una relación de aliados", recalca.

El 'trío Báltico'
"La expansión de la OTAN a los países bálticos es un buen ejemplo de cómoWashington se olvidó de lo que suponen las alianzas", considera Bandow.

"Después de la Segunda Guerra Mundial, EE.UU. tuvo miedo a la dominación soviética en Eurasia y creó la OTAN". Sin embargo, una vez terminada la Guerra Fría ya no había ninguna razón para ampliar la Alianza Atlántica, que había perdido perdido su sentido, explica.

Hoy en día, de los tres países bálticos solo Estonia cumple con la recomendación de la OTAN de gastar el 2% del PIB en defensa.

"Probablemente no es realista echar a los Estados bálticos de la Alianza, pero entonces, el verdadero problema para EE.UU es la OTAN en general, y no los miembros particulares de la misma", prosigue el analista.

"Washington debería abandonar la Alianza, forjando un conjunto de acuerdos más limitados de cooperación militar con la Unión Europea y los países europeos con los Ejércitos más potentes y las bases más importantes. No hace falta decir que Estonia, Letonia y Lituania no estarían en esa lista", concluye.

Filipinas

EE.UU. siempre ha tenido "una relación atormentada con este estado semifallido del Pacífico", donde el buque insignia de la Armada "es un desecho norteamericano" y que, sin embargo, pretende desafiar a China en los atolones Scarborough y otras áreas del mar de China Meridional, o más bien, quiere que lo haga Washington, afirma el experto.

El año pasado Manila negoció un nuevo estatus para las tropas estadounidenses "con el deseo demasiado obvio de enredar a la superpotencia en disputas marítimas locales en las que Washington no tiene ningún interés".

De acuerdo con Bandow, "EE.UU. no quiere meterse entre un país que no está dispuesto a hacer algo serio en su propio nombre y una creciente superpotencia dispuesta a hacer demasiado".

Ucrania

Técnicamente Kiev no es un aliado de Washington, pero uno no lo diría a tener de cómo el Gobierno norteamericano está tratando a Ucrania, ni cómo el Gobierno de Ucrania quiere ser tratado por EE.UU., reza el artículo.
REUTERS/Larry Downing

"Ucrania es irrelevante para la seguridad de EE.UU. y seguramente no es lo suficientemente importante como para justificar la confrontación con una potencia nuclear en su patio delantero", sostiene Bandow.

"EE.UU. debería dejar claro que Kiev nunca estará en la OTAN, y que nunca habrá tropas estadounidenses en Ucrania. Washington no entregará armas a Kiev. Los intereses económicos, culturales y humanitarios de EE.UU. en Ucrania son reales pero limitados. Sea cual sea la relación bilateral en el futuro, no será una alianza", concluye el escritor.