20 feb 2015

Al gusto de Washington

Los ministros de Economía de Argentina y Venezuela son, a juicio de la revista de negocios América Economía, los peores de la región. Para medir la verdadera dimensión de ese juicio bien vale tener en cuenta quién es el mejor de los dieciocho jefes del área que ese medio evaluó: Dulcidio de la Guardia, ministro de Economía de Panamá. 


 Por Raúl Dellatorre

Kicillof, de los peores. De la Guardia, panameño, el preferido.
 A juzgar por la orientación y los resultados de la gestión de este último, Axel Kicillof y Rodolfo Marco Torres, ministro del gobierno de Nicolás Maduro, seguramente no perderán el sueño por la mala calificación de la revista del grupo Time Ibope.
El órgano de prensa aludido confeccionó un ranking de gestión considerando, entre otros factores, las políticas macroeconómicas y de desarrollo, atributos personales, inflación y calificación crediticia del país. No así los resultados en términos sociales de sus respectivas administraciones. Ello queda de manifiesto en la muy alta valoración que América Economía otorga a De la Guardia, al tope del ranking, contra la muy baja de Kicillof y Marco Torres.
De la Guardia fue designado ministro de Economía y Finanzas el 1º de julio de 2014, cuando Juan Carlos Varela asumió como presidente sucediendo a Ricardo Martinelli, a quien acompañó como vice. Empresario vinculado con la explotación de la caña y las bebidas alcohólicas, colaborador activo del Opus Dei (sector ultraconservador de la Iglesia Católica), Varela resultó electo ofreciendo un “programa político continuista” de la gestión de Martinelli, calificada como altamente exitosa por la fuerte expansión del PBI y la captura de inversión extranjera directa, pero que dejó como saldo una pobreza del 56 por ciento al cierre de su mandato, según cifras del Banco Mundial. Muchos recuerdan que la alianza entre Martinelli y Varela para las elecciones de 2010 se selló el año anterior en la Embajada de Estados Unidos en Panamá.
No es extraño, entonces, que la elección de Varela, y la que éste hizo de su conductor económico, Dulcidio de la Guardia, haya resultado del agrado de Wa-shington. Conspicuo representante del capital financiero, Dulcidio pasó por altos cargos directivos del Banco Continental y del Banco del Istmo (filial panameña del HSBC). Fue viceministro de Finanzas del gobierno de Martinelli hasta septiembre de 2011 y, desde entonces hasta que Varela lo nombró ministro, fue director de Operaciones del Morgan Stanley. Podría decirse que encarna, en persona, la mentada “continuidad” entre ambas gestiones, recogiendo la posta de una economía creciente, pero altamente desigual.
Sin inflación, con moderado gasto público (pero con fuertes sospechas de corrupción) y buena calificación crediticia exterior (que realiza un clan de entidades al cual De la Guardia pertenece), el ministro de Economía y Finanzas panameño también goza del favor del ranking de América Economía. Un ranking en el que ni los ministros de Economía de un gobierno de Cristina Fernández ni los de Nicolás Maduro podrán jamás ascender, mientras prevalezcan políticas que miden el logro de sus objetivos en términos tan distantes a los que hoy predominan en el país del istmo.