11 jun 2014

PRINCIPIO DE CONGRUENCIA (LAS BARBAS DE LA IZQUIERDA Y LA DERECHA REMASTERIZADA)

PRINCIPIO DE CONGRUENCIA (LAS BARBAS DE LA IZQUIERDA Y LA DERECHA REMASTERIZADA)

Ismael Blanco

09.06.2014

"Soy como la vida cuando tiene vida zurda y civilizada, ninguna otra me sirve más.”. Santiago Feliú.

En estas horas intento dar mi opinión sobre las internas, la cual asumo con mucha responsabilidad, como corresponde y sin pretender quedar bien con nadie más que con mi conciencia y franqueza.
Soy sumamente sincero al decirles que por adelantar mi parecer a algún compañero observé varias reacciones: resistencia, ofusques, reticencia, crítica y en particular percibí como fruto de lo descripto algo así como desconfianza.
Hace tiempo, yo diría demasiado, que entre compañeros, suponiendo que el vocablo compañeros es el que corresponde entre quienes integramos una organización política, la "desconfianza" se me ha representado de manera más que reiterada.
Yo sé, lo aprendí y con dolor, que la fraternidad, ese valor más directamente relacionado a la esencia de un izquierdista se ha ido difuminando dando paso a un ecosistema hostil y de recelo.
Digo esto porque si bien puedo aparecer como un ingenuo o iluso pretendo que seamos capaces de no cometer errores, que además se agravan por reiterados, que traslucen una incomprensión imperdonable de la realidad donde estamos parados.
Me asusta y me enoja a la vez, que no podamos a esta altura de las circunstancias darnos cuenta, que fuera de nuestros ámbitos existe un pueblo, un pueblo que no entiende, ni le interesa de ambiciones ni de rencillas de ocasión. Ellos, el pueblo, el que elije a los representantes, nuestros mandantes se asquean de visualizarnos tan burócratas y achanchados por no decir además de vernos tan soberbios y alejados de ellos. No nos cuestionan ni los logros, ni que el Uruguay es otro al de hace 9 años atrás, de que es mejor y que no hay dudas de eso. Lo que no soportan es vernos tan carnívoros y voraces a la hora de elegir la poltrona, los títulos y las medallas.
Al pueblo, a nuestros militantes y compañeros hay que amarlos como a nuestras ideas, son nuestra causa y razón; si nos olvidamos de eso no somos merecedores de su confianza.
En estos días y en estas horas no sé porqué existe para algunos un exacerbado nerviosismo, stress e ironía, en cómo se resuelve una fórmula electoral a lo que entiendo debe ser lo más importante: un exhaustivo, profundo y autocrítico análisis de lo sucedido el 1ero de junio respetando la voluntad de los electores.
Y por si acaso aclaro que cuando digo esto no lo planteo como un asunto sólo que le atañe a la izquierda pues a la derecha, lo aclaro por si nadie se da cuenta, también lo que sucedió el domingo de las primarias le debería prestar atención... pero de eso que se ocupe la derecha.
A mí y lo digo con mucha tranquilidad y créaseme con mucha humildad, no me caben ni los tremendismos paralizantes ni las explicaciones de puras simplezas, mucho menos soporto las justificaciones que en definitiva no significan asumir el riesgo de que en una de esas, "otros" de los que ocupamos su lugar puedan decirnos hasta aquí llego mi paciencia y nuestra necedad la obvie acumulando bronca, fastidio, malhumor y más desinterés.
No pretendo respuestas pues no necesariamente las tengamos, al menos todas, pero sí, se pretende y con razón hacernos preguntas, plantearnos los justos interrogantes que nos exijan buscar las reflexivas y serias respuestas, y que de ellas surjan las correcciones, ajustes y porqué no, modificaciones en nuestro accionar.
Que actuamos como "gerentes" que dirigen una maquinaria electoral no sólo es erróneo sino grotesco, ya que de esta forma se corrobora el fundado malestar.
Pues entonces debemos con tranquilidad, con mesura y sapiencia analizar políticamente lo que arrojó el resultado de las internas, para nosotros la izquierda y para ellos la derecha ya que esto es lo importante. Para eso, para actuar reflexivamente debemos ser bien honestos y no vendernos versos entre nosotros.
Una semana antes de la elección tuve la oportunidad de dar mi opinión en un ámbito político en el que participo y sin necesidad de ser un augur o un clarividente y recordando experiencias anteriores expuse que debíamos estar preparados para lo que pudiera acontecer la noche del domingo. Admito que como a casi todos, incluyendo a las encuestadoras, nunca pude prever los resultados que se dieron, sobre todo en que el representante de la derecha para octubre sería Luis Lacalle o que en la interna del Frente pudieran existir variaciones pronunciadas en quienes serían los más votados.
Con respecto a la derecha entiendo que lo más rancio y conservador de la misma se consolidó, y esto fue una sorpresa inesperada hasta para el propio Larrañaga que con la impotencia del caso tuvo que masticar otra derrota frente al lacallismo. Ese baldazo de agua fría por más que se hablara de empate técnico no era el desenlace esperado. Esto me lleva a pensar que en el Partido Nacional se consolidó más allá y sin subestimar los buenos y modernos mensajes publicitarios, la versión más auténtica del mismo, es decir se consolidó lo conservador, lo más tradicionalista, lo selecto, se posicionó una vez más su clase rectora. Y cuando digo esto aunque parezca paradójico lo hizo cambiando las señas y los ropajes, apareciendo con nueva cosmética y look adecuado, presentándose como unos recién llegados al escenario político nacional, pues ellos no asumen nada del pasado. Y es lógico, les es imposible asumir la historia, su historia, ya que asumirse como lo que son les resulta un problema de difícil resolución.
Pero esto comprueba que la derecha subrepticiamente se expresa mudando sus ropajes y alocuciones, la derecha comprendió que no es con una diatriba o con ataques violentos negadores de la realidad en la que viven los uruguayos que se le puede arrebatar el gobierno a la izquierda. La derecha comprobó, o al menos un sector de ella, que con una postura reaccionaria y pesimista no se puede motivar una preferencia de la población hacia la misma, la derecha será derecha pero no es necesariamente tonta.
Y aún está por verse que el candidato perdedor del Partido Nacional Jorge Larrañaga se haya retirado para siempre, como de manera impactante lo planteó, y digo esto no por un tema de si un individuo puede tener y con derecho momentos de profundo dolor e impotencia al recibir de las urnas un golpe tan duro e inesperado. Hay que tener muy en cuenta que los hombres en política además de sentimientos tienen sentido de clase, referencias y convicciones ideológicas que hacen que uno no es solo lo que es sino que también se "es ideología". Por tanto aún esta por verse cual será el desenlace de la interna del Partido Blanco.
Desde siempre he sostenido junto con otros compañeros que el pueblo no empieza y termina con el pueblo frenteamplista o el que optó por el Frente Amplio, tenemos un pueblo mucho más extenso y vasto, un pueblo también lleno de gente humilde y trabajadora, de gente honrada y que también desea el mejor presente y futuro para el país. Ese pueblo que nos sigue esperando, pues aún no nos comprendió, que no logramos convencer mas sí nos respeta más ahora pues nos conoce, aunque discrepe. Ese pueblo aún nos espera para que lo abracemos, aún se trata de un amor no correspondido, no por falta de amor sino de enamoramiento.
A ese pueblo hay que convencerlo. Se logrará sin voluntarismos y no por el "porque sí", habrá que argumentar y mucho y en todos los asuntos necesarios y con las mejores argumentaciones e ideas, con respeto a la otredad y asimilando las diferencias. Sin verdades reveladas, sin caprichos, ni malos humores, con franqueza y sin falsas sonrisas. Pero para argumentar, para defender nuestras ideas y convencer, para solicitarles su voto o para revalidar el mismo, debemos hacerlo con razones pero por sobre todo con una postura desde la horizontalidad y con un tono de voz y un habla al decir de León Felipe: "desde el nivel exacto del hombre".
En estas horas y en una de esas cuando este texto se haga público se habrán sucedido variados acontecimientos: desde gestos de generosidad (siempre necesarios por no decir imprescindibles) y también de mezquindad, habrá mensajes sinceros y convocatorias a la unidad y a la vez habrá presiones y coacciones. Negociaciones legítimas y acciones de buena fe conviviendo con la necesidad de los compromisos asumidos (y exigidos).
De algo estoy seguro, la derecha mas allá de los resultados electorales, y de las conmociones y los histriónicos discursos, les adelanto de que hay que estar bien tranquilos, "ellos se arreglan" y ¿saben porqué? Porque ellos tienen bien claro que de lo que se trata es de restaurar, no compremos el sainete, la derecha viene por nosotros a sacarnos del gobierno, a reinstaurar el "orden preestablecido". A lo sumo, esta fue una disputa para definir quién era el abanderado. Saneado y resuelto quién será el mandamás de las fuerzas conservadoras, se vienen y no será "por la positiva". Acordado el botín vuelven con la baja de la imputabilidad, con los recortes a los gastos, con la policía militarizada, con el que las políticas sociales son un derroche y con las sin respuestas de cómo conducirán la economía. O acaso ellos, todos, bien parejitos: Larrañaga, Lacalle, Bordaberry no acordaron la creación del ficticio "partido de la concertación" para ganarle a la izquierda? Acaso algunos de ellos votaron cualesquiera de las tantas leyes que en materia de derechos laborales propuso la izquierda? O de las tantas en materia de derechos civiles y sociales? ¡Al contrario! El candidato que toma mate en Río Negro desarrolló una fuerte musculatura en su pensamiento derechista cuando a grito pelado anunció en su campaña todo lo que iba a derogar si era gobierno y entre sus anuncios a modo de ejemplo: la de la interrupción voluntaria del embarazo, la legalización de la marihuana, la de la responsabilidad penal empresarial a cuenta de muchas más, ¿hay que adivinar que otras?
La discusión de la fórmula de la mayor fuerza de la derecha pasará de ser una "Hoguera de vanidades" para acordar y sellar el pacto que intente desesperadamente vencer en octubre a la izquierda y que barra con una década de avance social. Como se dice en el barrio: "no compremos".
El muchachito de la película, el de la positiva, el parafinado no anda con vueltas, basta con agarrarlo un poco cansado y pierde la chaveta, y en todas las cuestiones. Con un gesto canchero y descontracturado nos dice que "a los cinco años alguien puede detectar una personalidad con visos de adictiva, que será timbero, será alcohólico o se dedicará a las drogas" (sic) debo pensar que el candidato de la derecha es un ferviente admirador del criminólogo italiano Cesare Lombroso quien sostuvo que las causas de la criminalidad tienen que ver con aspectos biológicos y con formas y causas físicas y hasta fisonómicas. Es indudable que su convicción de la baja de la imputabilidad "es moderada" ya que si se lleva por lo que sostienen él y sus asesores, a los botijas habría que aplicarles la imputabilidad desde la jardinera, por si acaso. En esta teoría "de la genética", sostenida por Luis Lacalle, por lo que expone, a los cinco años lo que no se advierte son los niños "futuros vaciadores de bancos", sobre todo si su apellidos empiezan con "P" y terminan con "O", eso no se nota a simple vista, la "teoría de la genética" a esos "pequeños y pícaros bandidos" no les alcanza, de eso te haces de grande. Es tan burdo y tan grotesco lo que dice el candidato de "la positiva", que si algún lector llega a ser feo, pelado y narigón puede ser sospechado de ser una amenaza criminal.
Miren, estas primeras reflexiones las hago con las urgencias del caso, la política y su dinamismo no esperan. Pero no puedo dejar pasar por alto que para mí la política no es concebible sin ética y para un izquierdista no es posible eludir esta premisa. La izquierda no vino a la actividad política sólo para ganar elecciones, que son muy importantes ganarlas por cierto para llevarle soluciones a nuestro pueblo, como se ha demostrado en esta década. Pero la izquierda existe y su esencia es mucho más, es intentar transformar nuestra propia naturaleza, hacernos más humanos, mas fraternos, más solidarios. Nuestra razón de existir es conmovernos ante el dolor de la gente y rebelarnos antes sus causas, y eso sólo se adquiere si lo cultivamos entre nosotros, los compañeros, cotidianamente y en cada acto. Nunca nos deberíamos movilizar por razones individuales, siempre me gusta recordar que debiéramos ser como los primeros cristianos y nuestro sacrificio en definitiva debe ser un medio hacia un fin: la felicidad colectiva.
La "Memoria", la que reclamamos para nuestros mártires, para los mártires de nuestro pueblo, es una construcción permanente y la primera forma de honrar esa memoria es que nosotros en primer lugar y en primera persona, la honremos. La primer "Memoria" es con nosotros mismos, con nuestra esencia. Las veleidades del poder, o los reflejos de las marquesinas se los dejamos a la derecha, ellos son distintos a nosotros, el poder para ellos es el de los cargos, los honores y oropeles. La "Memoria" es lo más difícil y complejo de construir, se puede perder en un instante, por eso es tan difícil conservarla. La "Memoria" hay que contenerla, darle calor, darle fraternidad, pasarla de generación a generación para que se vuelva algo contenido en lo profundo de la sociedad. Los "nuevos relatos", los "que recién llegan", "los que no cargan con nada", los que nos dicen sólo "vamo arriba", lo que buscan es que la "Memoria" se escurra como el agua entre los dedos.
La historia no empieza ahora ni tampoco termina. Quiero agradecer que puedo decir y escribir estas cosas que pienso en momentos donde sobra la ambición y faltan las convicciones revolucionarias de las cosas.
"En la tierra hacen falta personas que trabajen más y critiquen menos, que construyan más y destruyan menos, que prometan menos y resuelvan más, que esperen recibir menos y dar más, que digan mejor ahora que mañana." Ernesto "Che" Guevara.

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