30 ago 2014

La compleja libertad del jefe de los sicarios de Pablo Escobar

Popeye en el patio de su pabellón de la cárcel de máxima seguridad de Cómbita. Foto: Semana
John Jairo Velásquez Vásquez, alias Popeye, era la mano derecha del narcotraficante colombiano Pablo Escobar. Bajo sus órdenes asesinó a más de 200 personas y participó en otras tres mil muertes.
Tras pasar 24 años en cárceles de máxima seguridad, Popeye salió en libertad el martes.
Su vida fuera de la cárcel constituye un reto casi tan grande como trabajar para los mayores delincuentes de Colombia y mantener una guerra abierta contra el  Estado.
Estuvo los últimos 12 años en la prisión de máxima seguridad de Cómbita, en Boyacá. Salió del penal escoltado por cerca de 15 miembros de la Policía que lo trasladaron en carros blindados hacia Bogotá, donde debe comenzar a cumplir cuatro años de libertad condicional.
Antes, quien quisiera acercársele debía pa­sar una kilométrica cerca de alambres de púas y cinco puestos de seguridad con escáneres y detectores de metales. Las paredes de su pabellón eran de cemento crudo, el techo del patio estaba cubierto de rejas y el espacio aéreo de toda la zona se mantenía vedado.
“Aquí es muy seguro. Ni siquiera hay ladrones”, dijo Popeye sobre su prisión a la revista colombiana Semana poco tiempo antes de ser liberado.
Las medidas de seguridad no eran para menos. Su cabeza llegó a valer un millón de dólares. Al lado de Escobar y luego junto a los jefes del cartel de Cali con quienes compartió celda, Jairo Velásquez conoció secretos y nombres que podían y pueden hacer estremecer a Colombia o borrar del mapa más de una fortuna.
El hombre que ahora regresa a la calles es también un recuerdo viviente de una de las etapas más oscuras de la historia del país suda­mericano.  
Popeye ejecutó y coordinó miles de homicidios y secuestros de alto nivel como parte de la guerra del cartel de Medellín contra el Estado y las mafias rivales, en particular el cartel de Cali.
Entre las víctimas reconocidas por Velás­quez está el entonces procurador general de la nación, Carlos Mauro Hoyos, secuestrado y asesinado por él mismo en enero de 1988.  
En su lista negra estuvieron también magistrados, jueces, periodistas y policías que se opusieron al imperio criminal de Escobar.
Su grupo de sicarios detonó una bomba en un avión de la aerolínea Avianca con más de 100 personas a bordo en 1989. El plan era asesinar al entonces candidato presidencial César Gaviria, quien finalmente no tomó ese vuelo.
En otra ocasión, Escobar le ordenó matar a su propia novia.  “Es uno de los episodios más dolorosos de mi vida. Ella se llamaba Wendy Chavarriaga. Era una mujer muy hermosa, podía ser una reina de belleza. Ella había sido novia del patrón, pero quedó embarazada. Como yo la había conocido, nos encontramos una vez en una discoteca, comenzamos a salir y nos enamoramos”, contó a la revista Se­mana.
“Resulta que ella en su obsesión de vengarse del patrón por haberle hecho perder el niño se volvió informante del bloque de búsqueda. El patrón me llamó, me puso el casete y me dio la orden. Usted no sabe lo que es matar a una persona a la cual uno adora”, dijo.
“En el mundo de los bandidos las órdenes no se discuten. Uno se aprieta el corazón, hace lo que le dicen y sigue pa’ delante.”, añadió respecto a otro episodio en el que Escobar le ordenó matar a dos miembros del cartel de Medellín que eran amigos suyos.
“Hoy eso me parece una barbaridad. Pero cuando uno está en medio de una guerra, esas cosas le parecen justificadas”, dijo.
A su antiguo jefe lo calificó como un genio del mal. “Inspiraba una lealtad infinita en todos los que creíamos en él. Yo llegué a creer que era inmortal. El día más triste de mi vida fue el día que lo mataron”.
Popeye, según han dicho las autoridades colombianas, se incorporará a un grupo de reintegración y socialización donde podrá cumplir la pena que tiene pendiente.
El exsicario confesó a Semana que quiere canalizar su experiencia en algo constructivo. “Quiero enseñarles a los jóvenes de Colombia que no tienen por qué vender sus vidas por un Mercedes-Benz o por los cucos (ropa interior) de una reina de belleza, como hice yo. Ojalá que me den esa oportunidad”.