2 mar 2015

Mujica, los medios y los periodistas


 Por Iván Schuliaquer *

“A mí me va mejor que al gobierno”, dijo alguna vez el presidente uruguayo José Mujica. Esa tensión entre su persona y su trabajo, entre el que vive en un rancho y el que conduce un país, entre el sabio y el gestor, fue central en la construcción de legitimidad de quien se transformó en “el presidente más pobre del mundo” y en el símbolo que, según el canciller Luis Almagro, permitió que dejaran de confundir a Uruguay con Paraguay. El reconocimiento planetario a Mujica debe mucho a la repercusión de su figura en los medios internacionales, pero la emergencia de su liderazgo sería inexplicable sin los medios nacionales. Ahora bien, ¿cómo construyó su relación con ellos?
Ex guerrillero, secuestrado y torturado por la dictadura, Mujica forjó el núcleo de su vínculo con los medios desde que asumió como diputado, en 1995. Además de su pasado, otros elementos lo volvían un fuera de serie para la política uruguaya: era desaliñado, andaba en moto y vivía en un rancho. Eso, combinado con sus discursos humanistas y contundentes, cautivó a muchos de sus interlocutores. Entre los primeros, hubo tres periodistas. Dos trabajaban en el semanario conservador Búsqueda y el otro en Canal 10, uno de los líderes de audiencia de la televisión uruguaya. En sus días en el Palacio Legislativo, los periodistas pasaban mucho tiempo en el despacho de Mujica y construyeron confianza con él. Desde entonces, empezaron a dedicarle líneas y minutos.
Mujica, que ya era el líder del Movimiento de Participación Popular –la fuerza política del Frente Amplio más votada en las últimas tres elecciones presidenciales–, amplió cada vez más su presencia en los medios. Su voz y su imagen se hicieron más conocidas y populares. Ese camino, que tuvo una escala como ministro de Agricultura, desembocó en su llegada a la presidencia en 2010.
Desde entonces, muchos lo califican como el gobernante más accesible de la historia uruguaya. Y para los medios parece cierto: en casi todos sus actos atiende a los periodistas. En esas escenas, Mujica, como otros presidentes progresistas de la región, se muestra en acción. El político ya no va al estudio de televisión para charlar con el periodista, ahora él recibe a los medios mientras gobierna: inaugura, anuncia, decide, gestiona. A eso, sumó las entrevistas en su chacra: sitio donde recibió a los numerosos medios internacionales que, maravillados, quisieron ver y mostrar dónde vive.
Más allá de esos encuentros con diferentes periodistas y de los contactos más o menos formales que –como los presidentes que lo precedieron– tuvo con los empresarios de medios, Mujica privilegió a dos medios en particular. Búsqueda y Canal 10 recibieron las informaciones exclusivas y fueron los escenarios que eligió para marcar agenda o responder a distintas discusiones. Esas notas en medios líderes, con líneas editoriales que no concuerdan con el gobierno, se las hicieron los periodistas a los que conoce hace casi dos décadas. Ese vínculo entre periodistas y presidente, que no estuvo exento de peleas por la tensión entre la lógica periodística y la lógica gubernamental, fue mutuamente beneficioso. A Mujica le permitió dar sus debates desde escenas masivas y ampliar el horizonte de destinatarios a través de quienes confía. A los periodistas les permitió contar con las exclusivas de la figura política más importante del país.
Como otros gobernantes progresistas de la región, Mujica renegó de los asesores de imagen y fue estratega de sí mismo. No obstante, su relación con los medios y sus periodistas, contó con ciertas condiciones de posibilidad que no siempre se dieron en Brasil, Bolivia, Argentina, Ecuador o Venezuela. Entre ellas, nombraremos cinco.
Primero: el presidente consideró que –en el juego de persuasión mutua entre periodista y entrevistado– las escenas mediáticas podían ser negociadas y que lo que el medio publicaba respetaba lo que él había dicho. Esto se dio más allá de que Mujica y gran parte del Frente Amplio afirman que la mayoría de los medios privados son opositores al gobierno.
Segundo: los medios le dan una enorme relevancia informativa a la palabra del presidente. En ese marco, consideraron que contar con las exclusivas de Mujica significa, como dijo un jefe de redacción, “haber encontrado el pozo de petróleo”.
Tercero: en Uruguay, un país pequeño, el peso relativo del Estado ante los grupos mediáticos es mayor. Por un lado, las empresas estatales son las principales anunciantes y el Estado protege a las empresas mediáticas nacionales de la entrada de grandes actores extranjeros. Por otro lado, no hay un gran grupo mediático unificado. Existen los “Tres Grandes”: las tres empresas líderes de televisión y de cable que sostienen acuerdos estratégicos y son los actores excluyentes de ese mercado. Sin embargo, esa alianza es menos sólida que antes: frente al mercado de las telecomunicaciones, los tres actores pasaron a competir entre sí.
Cuarto: Mujica señaló al diario El País como el principal medio opositor, lo cual tiene un costo político no muy alto. Por una parte, porque va en línea con lo que dijo históricamente el Frente Amplio del periódico creado por el Partido Blanco. Por otra, porque hace una década la empresa dueña del diario más leído de Uruguay se desprendió de otras inversiones mediáticas y se abocó al periódico.
Quinto: la principal oposición al gobierno son los partidos Blanco y Colorado. En Uruguay, a diferencia de otros países de Sudamérica, aún son los partidos los principales articuladores de la disputa política.
* Politólogo (UNGS-Conicet/Sorbonne Nouvelle). Autor de El poder de los medios.
http://www.pagina12.com.ar/diario/laventana/26-266831-2015-03-02.html