24 jun 2015

Los ‘golpes blandos’ amenazarían a los gobiernos progresistas de la región

EL FENÓMENO COMENZÓ EN AMÉRICA LATINA CON VENEZUELA CUANDO EN 2002 TRATARON DE DESTITUIR A HUGO CHÁVEZ

Este método fue descrito por el politólogo estadounidense Gene Sharp. Se trata de una estrategia de 5 pasos que busca derrocar a las administraciones progresistas sin el uso de la fuerza.

Redacción Política


La estrategia siempre es la misma: primero son las campañas de miedo y desinformación, luego las denuncias de presunta corrupción, se arguye falta de libertad de expresión y la estigmatización ideológica; se pasa a las protestas callejeras por cualquier motivo y, finalmente la desestabilización que provoca el quiebre institucional de un país.

Este método es lo que se denomina un golpe ‘blando’ o ‘suave’. Atrás quedaron aquellos tiempos en que las fuerzas armadas intervenían directamente. Ahora es más sutil, se usa a la sociedad civil, toma tiempo, pero se puede llegar al objetivo: la caída de un gobierno o, al menos, el desgaste de su gestión.

Curiosamente, en Latinoamérica este fenómeno es común contra los gobiernos de izquierda. Quienes orquestan las movilizaciones, si no logran el eventual derrocamiento, al menos intentan erosionar la imagen del gobernante de turno.

Ecuador no es ajeno a este problema. En las últimas 2 semanas las calles de Quito y Guayaquil, principalmente, se han agitado sobre todo a raíz del anuncio del Gobierno de enviar a la Asamblea Nacional 2 proyectos de Ley: el de la Redistribución de la Riqueza y el de las Plusvalías, que quedaron archivadas temporalmente.

Desde principio de este año sectores indígenas y de trabajadores de oposición se adelantaron en realizar manifestaciones. Ellos en cambio han salido a protestar en rechazo a la Ley de Aguas y de Tierras o de Justicia Laboral. Los argumentos difieren, pero la idea es manifestarse siempre contra algo.

El golpe ‘blando’ es una estrategia que se empezó a aplicar en países de europa del Este, generalmente no alineados a la política estadounidense, durante la primera década del nuevo milenio. Países como Georgia, Ucrania y Bielorrusia, por ejemplo, han pasado por estas fases. Solo en la última nación no se logró el cometido de derrocar al gobierno (2006).

La estrategia es atribuida al politólogo y filósofo estadounidense Gene Sharp, autor de 2 libros: La Política de la Acción no violenta, y De la Dictadura a la Democracia.





Su primera obra describe 197 métodos que pueden utilizarse para lograr el objetivo, que es la desestabilización de un gobierno, generalmente no afín a los intereses de Estados Unidos.

En la región, Venezuela es el país que más ha sido asediado por esta estrategia. La sufrió primero en 2002, cuando fuerzas opositoras lograron el breve derrocamiento de Hugo Chávez. Este retomó el poder gracias a la movilización de cientos de miles de manifestantes que salieron a exigir su retorno, pese a que algunos medios de comunicación intentaron invisibilizar lo que ocurría en el país.

No corrieron igual suerte los gobiernos progresistas de Honduras y Paraguay. En el primer caso se logró el derrocamiento del gobierno de Manuel Zelaya, en 2009, mientras que en el segundo, Fernando Lugo fue defenestrado por una maniobra en el legislativo de ese país.

Los gobiernos de Argentina, Bolivia, Nicaragua y Brasil incluso también han resistido la arremetida de las fuerzas opositoras, con continuas movilizaciones y campañas mediáticas para mermar la imagen de los gobernantes, sin lograr sus objetivos.

Frente a esos escenarios, el presidente Rafael Correa advirtió el año pasado que en Ecuador se vislumbraba esta campaña que denominó ‘de conspiración’, producto de lo que él llamó ‘la restauración conservadora’, a la que se suman grupos de izquierda radical.

Mario Ramos, director del Centro Andino de Estudios Estratégicos, dice que es una estrategia de guerra sicológica y se le llama blanda o suave porque no se utiliza la fuerza bruta para tomar el poder: “un golpe de ese estilo ya no se legitima y en poco tiempo queda desacreditado por la ciudadanía”.

Los golpes ahora utilizan operaciones sofisticadas, que le dan un matiz de cierta ‘legitimidad’ para combatir a gobiernos que no se alinean a los intereses de Estados Unidos. “Es una estrategia bastante inteligente de utilizar la sicología de masas, efectos mediáticos con medios de comunicación y redes sociales, por eso se calificó de blando, porque no es el clásico golpe de Estado del siglo pasado”, explica.

En el caso de Ecuador sostiene que es evidente que se está aplicando esa estrategia, por eso es importante actuar en forma inteligente para contrarrestar estas acciones. Por ejemplo, si la oposición efectúa una marcha es mejor no responder con una contramarcha, porque de lo contrario se crearía un pretexto para justificar la violencia.

Un caso en que se registraron hechos lamentables fue el ocurrido en Ucrania, donde una manifestación opositora fue respondida con una contramarcha, lo que generó enfrentamientos que incluso llegaron a ocasionar muertes.

A su criterio, el gobierno ha tomado acciones prudentes, como el retiro de los proyectos de ley, de esta forma las marchas opositoras no tienen razón de ser y la gente las vería sin sentido. “Creo que el Presidente (Rafael Correa) ha actuado de manera inteligente, y ha salido fortalecido con la decisión, más aún con la convocatoria al diálogo, lo que le ha beneficiado”.

Para Winston Alarcón, catedrático universitario, los golpes fuertes eran comunes en la década de los 60 y 70 en Latinoamérica, lo que hizo que el mundo viera el intervencionismo de una potencia extranjera contra países pequeños como amenaza. Considera que ciertos medios de comunicación juegan un papel fundamental con la desinformación para crear descontento popular, a fin de promocionar malestar en sectores de la población; también se suman denuncias de corrupción y se manipulan prejuicios acerca de comunismo y socialismo para infundir miedo o rechazo.

“También se han atribuido como bandera de lucha la libertad de prensa y derechos humanos, como lo establece el manual de Gene Sharp, para debilitar al gobierno, y la movilización en las calles, la creación de conflictos”, concluye el docente.

Eduardo Vásquez, dirigente de las Juventudes Comunistas, considera importante conocer bien la situación mundial, donde se percibe una guerra geopolítica entre bloques y grupos de poder que, a su modo de ver, conspiran contra todo proceso de integración.

“Debemos tener bien claro que es necesaria la unidad, la educación al pueblo ecuatoriano para que conozca el verdadero problema mundial”, sostiene, tras señalar que la clara intención de Estados Unidos y de grupos de poder económico es desestabilizar países como Venezuela o Argentina, donde los conspiradores no descansan, y que, por lo tanto, Ecuador no es ajeno a esta situación. (I)
Idea de ruptura no es aconsejable para Ecuador

El fantasma de una eventual ruptura del poder constituido es considerada por analistas como un hecho con repercusión internacional.

Según Winston Alarcón, las grandes oligarquías nacionales intentarán desmontar las relaciones que tiene Ecuador con países como Venezuela, Cuba y Centroamérica.

Si se llegase a producir una ruptura institucional, se correría el riesgo de que el país quede en un aislamiento económico internacional, “por eso es necesario hacer un llamado para que no se permita la movilización reaccionaria que nos pretende volver al pasado neoliberal”, manifiesta.

En cambio, Carlos Estarellas Velásquez, analista internacional, considera que un escenario de esa naturaleza no es lo recomendable, pero si se produjera aquello en el plano internacional existe el llamado reconocimiento de gobierno, que es una institución del derecho y que se da solo cuando ocurre alguna alteración. Esto permite que gobiernos de los países puedan decidir si se da el reconocimiento o no de un nuevo Gobierno. “Considero que un escenario adverso no es recomendable para el país”, finalizó.

En la Constitución ecuatoriana se estipula la figura de revocatoria del mandato para el Presidente, pero esta necesita el 15% de firmas del último padrón electoral. (I)