Los medios hegemónicos operando
Por enésima vez, ex funcionarios de la Secretaría de Energía de la Nación incurren en divulgar desinformación que atentan contra el Plan Nuclear Argentino relanzado en 2006, con la complicidad explícita de periodistas que ningún interés demuestran por la evidencia empírica y, por el contrario, gran placer por ostentar ignorancia vergonzante. En esta oportunidad, el ex secretario de Energía de la Nación (1986-1989), Jorge Lapeña, y el ex subsecretario de Combustibles de la Nación (2003-2007), Cristian Folgar, son entrevistados por el señor Marcelo Canton del diario Clarín, en la nota publicada el 10 de octubre de 2015 bajo el título: "La pesada herencia de los contratos por nuevas centrales de energía nuclear".
En relación a los contratos para la construcción de la cuarta y quinta centrales nucleares leemos: "Son contratos que el kirchnerismo dejará firmados, otra cuota de la herencia que este gobierno está dejando al que lo suceda. Algunos estiman además que el monto de esa factura podría superar los US$ 20 mil millones". Sin embargo, Clarín no presenta evidencias que respalden sus opiniones. Tampoco se molestó en indagar qué participación tendrá la industria nacional en la construcción de ambas centrales nucleares, qué tipo de financiamiento se está negociando con China y si el mismo será pagado mediante la comercialización de electricidad luego de la puesta en marcha de cada una como será en los casos de las represas que comienzan a construirse actualmente en el aprovechamiento hidroeléctrico del río Santa Cruz, también con financiamiento de bancos chinos. Nada de eso, eligió afirmar sin fundamentos que se trata de una "pesada herencia" y que para "algunos" (¿quiénes son algunos?) "el monto de esa factura podría superar los US$ 20 mil millones".
Uno de sus entrevistados, arguye: "Están apurando tres contratos, uno con China de 7000 millones de dólares y dos con Rusia de US$ 10 mil millones". Como podrá darse cuenta el lector entendido en el tema, es más bien al revés: dos contratos se están negociando con China y uno con Rusia. Se trata de Jorge Lapeña, ex secretario de Energía de Alfonsín, primer responsable de la paralización del Plan Nuclear Argentino y de la casi eterna demora para terminar las obras de la Central Nuclear Atucha II. A continuación, Lapeña balbucea: "Es un hecho totalmente imprudente e innecesario del gobierno que se va, contratar estas centrales sin tener los estudios de factibilidad terminados, sin haber discutido a fondo de dónde sale el combustible, sin un plan energético serio de largo plazo. Estas decisiones estratégicas que comprometen el larguísimo plazo deberían ser adoptadas por el próximo gobierno y de una manera consensuada". ¿Ignorancia o desinformación? El Ministerio de Planificación Federal, la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y la empresa pública Nucleoeléctrica Argentina SA (NA-SA) hace por lo menos 10 años que planificaron la construcción de estas centrales nucleares de alta potencia; en 2009 el Congreso Nacional sancionó la Ley 26.566 que declara de interés nacional la construcción de estas centrales nucleares (además de los programas de extensión de vida de las existentes, de la terminación y puesta en marcha de Atucha II y del diseño, construcción y puesta en marcha del prototipo CAREM-25); y desde 2010 el gobierno nacional está evaluando diversas ofertas tecnológicas para los futuros PWR (reactores que emplean uranio levemente enriquecido) de las empresas Rosatom (Rusia), CNNC (China), Areva (Francia), Westinghouse (USA y Japón), ATMEA (Francia y Japón) y Kepco (Corea del Sur). Algunos ex secretarios de Energía dan pena por lo que dicen y vergüenza ajena por su fracasada gestión en la función pública.
Por su parte, el otro entrevistado, Cristian Folgar, se pregunta en referencia al combustible de los futuros reactores PWR: "¿Se va a procesar aquí, o se importará?". Sorprende que desconozca la respuesta. En Argentina se produce el polvo de dióxido de uranio, las pastillas de uranio y se fabrican los elementos combustibles para las tres centrales nucleoeléctricas operativas. La tecnología de la 4ta central nuclear (CANDU) es similar a la empleada por la Central Nuclear Embalse, por lo que el combustible y elementos combustibles serán producidos en el país desde el primer núcleo. Los futuros PWR (5ta y 6ta centrales nucleares) emplearán uranio levemente enriquecido a menos del 5 por ciento. Si bien en Argentina no se han fabricado en serie los elementos combustibles para este tipo de reactores, así como tampoco se produce el combustible asociado a escala industrial, en el presente se encuentra completada la ingeniería y fabricación del elemento combustible para el prototipo CAREM-25, un PWR compacto de última generación diseñado por la CNEA, cuyas obras civiles se iniciaron hace 20 meses; por otra parte, en los centros atómicos Bariloche y Constituyentes de la CNEA se están desarrollando diferentes métodos de separación isotópica (láser y centrifugación, respectivamente) para enriquecer en el futuro uranio a escala industrial, sin olvidar que desde hace más de un año se volvió a enriquecer uranio a escala experimental en el Complejo Tecnológico Pilcaniyeu de la CNEA, por el método de difusión gaseosa.
Ello significa que la CNEA y la industria metalúrgica nacional podrán enfrentar el desafío de producir los combustibles y fabricar los elementos combustibles que se reemplazan cada 18 meses aproximadamente en esta clase de reactores.
El aporte más ridículo del señor Cristian Folgar es cuando afirma: "Pero, sobre todo, es una decisión con otras implicancias: el uranio enriquecido está a un paso de la construcción de la bomba atómica. Y Argentina está firmando acuerdos con China y Rusia por esa tecnología. Eso implica una decisión geopolítica importante, de consecuencias". Estas afirmaciones son una demostración cabal del desconocimiento técnico por parte del ex funcionario, así como del enfoque tendencioso y mal intencionado, ya que el uso civil del uranio enriquecido, como puede ser el desarrollo del ciclo de combustible para reactores de potencia, no sólo es un importante logro para el sistema tecnológico nuclear argentino, sino que es un indicador de soberanía energética de envergadura, en el marco de los usos pacíficos de la energía nuclear, como ha sido siempre la tradición de nuestro país en la materia.
Los comentarios mal intencionados de personajes como el entrevistado, sólo demuestran que la mayor amenaza para el desarrollo con inclusión social que se plantea nuestro país, se encuentra en propios argentinos que en búsqueda de quién sabe qué intereses, pretenden desprestigiar el esfuerzo de los últimos 65 años realizado por nuestros científicos y técnicos y por las instituciones que ellos representan.
Por último, no podía faltar el típico relato malintencionado: "¿Qué habrá pesado para que el gobierno quiera firmar esos contratos por decenas de miles de millones de dólares antes de irse? Respóndalo usted". Seamos amables con el relator, es sólo un empleado. La respuesta es muy clara: el gobierno kirchnerista reactivó el Plan Nuclear en 2006, desde entonces y hasta el presente ejecutó inversiones por US$ 11 mil millones (recuperando toda una cadena industrial y tecnológica, incorporando más de 5220 profesionales al sector, además de terminar las obras de Atucha II y reactivar otros proyectos abandonados), y antes de irse deja en marcha proyectos por US$ 31 mil millones adicionales para cumplimentarse en el transcurso de los próximos diez años.
El aporte más ridículo del señor Cristian Folgar es cuando afirma: "Pero, sobre todo, es una decisión con otras implicancias: el uranio enriquecido está a un paso de la construcción de la bomba atómica. Y Argentina está firmando acuerdos con China y Rusia por esa tecnología. Eso implica una decisión geopolítica importante, de consecuencias". Estas afirmaciones son una demostración cabal del desconocimiento técnico por parte del ex funcionario, así como del enfoque tendencioso y mal intencionado, ya que el uso civil del uranio enriquecido, como puede ser el desarrollo del ciclo de combustible para reactores de potencia, no sólo es un importante logro para el sistema tecnológico nuclear argentino, sino que es un indicador de soberanía energética de envergadura, en el marco de los usos pacíficos de la energía nuclear, como ha sido siempre la tradición de nuestro país en la materia.
Los comentarios mal intencionados de personajes como el entrevistado, sólo demuestran que la mayor amenaza para el desarrollo con inclusión social que se plantea nuestro país, se encuentra en propios argentinos que en búsqueda de quién sabe qué intereses, pretenden desprestigiar el esfuerzo de los últimos 65 años realizado por nuestros científicos y técnicos y por las instituciones que ellos representan.
Por último, no podía faltar el típico relato malintencionado: "¿Qué habrá pesado para que el gobierno quiera firmar esos contratos por decenas de miles de millones de dólares antes de irse? Respóndalo usted". Seamos amables con el relator, es sólo un empleado. La respuesta es muy clara: el gobierno kirchnerista reactivó el Plan Nuclear en 2006, desde entonces y hasta el presente ejecutó inversiones por US$ 11 mil millones (recuperando toda una cadena industrial y tecnológica, incorporando más de 5220 profesionales al sector, además de terminar las obras de Atucha II y reactivar otros proyectos abandonados), y antes de irse deja en marcha proyectos por US$ 31 mil millones adicionales para cumplimentarse en el transcurso de los próximos diez años.